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El mar, poderoso e imparable, flaquea y se hace dócil al ingresar a los laberínticos canales que conforman la bahía de San Antonio.

Las olas que erosionan acantilados y remueven la arena en la costa del golfo San Matías se amilanan, en cambio, ante la boca que conforman las puntas Villarino y Delgado para hacerse imperceptibles en las caletas, las pequeñas ensenadas y pozones que dos veces al día, con cada marea, se inundan y se vacían consecutivamente en sus recónditos rincones.

La metamorfosis de esta enorme superficie que se transforma cada seis horas era un secreto develado, hasta hace algunos años, sólo para los lugareños y aventureros que incursionaban entre sus islas, caminaban sus rocas admirando la fauna y la flora que la habitan conformando una diversidad sorprendente e inexplorada.

Sin embargo, la afluencia masiva de veraneantes que colmó las playas céntricas de Las Grutas y la difusión amplia de las bondades alternativas de la zona generaron que ese conocimiento vernáculo se extendiera hacia los turistas curiosos que buscan nuevas sensaciones y paisajes.

Este verano se intensificó la presencia de visitantes en la Caleta Falsa, al este del puerto de San Antonio Este. Se trata de una lengua de agua que se introduce en la península Villarino y la corta longitudinalmente para conformar así una suerte de laguna que aparece y desaparece dos veces al día.

A poca distancia de allí, la Isla de los Pájaros es una de las tantas afloraciones en medio de la bahía, que sólo se deja cubrir cuando las mareas adquieren su nivel extraordinario.

Como dendritas, el mar fue abriendo surcos y, de esa manera, conformando nuevos ambientes. Nacen allí organismos de los más diversos que aprovechan el espacio intermareal para alimentarse.

Las aves son, en ese sentido, las mejores adaptadas para la tarea. Flamencos, gaviotines, ostreros, playeros rojizos, cisnes y petreles se nutren de los peces y crustáceos que pueblan los piletones y canales.

El snorkelling es, ante tanta biodiversidad, una opción clave para disfrutar de esa dinámica misteriosa y atrapante. La transparencia y la calidez del agua de la bahía habilitan a los interesados a pasar horas observando el fondo marino en esos canales que crea la marea cotidianamente.

La bahía de San Antonio se potencia así como alternativa ideal para quienes prefieren la calma al vértigo, el silencio al sonido de la multitud, la soledad al amontonamiento, la contemplación a la acción.

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