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A los siete una enfermedad dañó sus riñones y su compañerito le prometió ser su donante: el trasplante que unió para siempre a dos amigos

No iba a dejar que Nicolás muriera. Jonatan tenía un año más que su mejor amigo que a los 7 años había rechazado el primer trasplante de riñón luego de ser diagnosticado con Síndrome Urémico Hemolítico. En medio de los juegos infantiles, el gran niño prometió: “Cuando sea grande voy a donarte mi riñón”. Su sueño era ayudarlo a vivir.

A sus 7 años, Nico sufrió una intoxicación que lo dejó 20 días en coma y como secuela insuficiencia renal crónica que lo sometió a interminables meses de diálisis. Siguieron dos trasplantes de riñón: el primero lo recibió a los 8 años de un donante cadavérico. Lo rechazó una semana después. Para el segundo ya tenía 10 años y lo donó un tío materno. Lo tuvo en su cuerpo hasta 2015: tras 18 años dejó de funcionar.

La película tan temida se repetía: la diálisis, el sentirse mal, el no poder tener la vida que como todo hombre joven deseaba.

No saber si habría futuro era aterrador. Pero estaba Joni con la promesa que le hizo al hermano que eligió cuando tenía 8 años.

El 22 de marzo de 2018 se realizó mi tercer trasplante renal en el Hospital Austral de Pilar con mi amigo de toda la vida, Jonatan Maier“, cuenta Nicolás Waispek a Infobae. 

Resume: “Gracias a Joni volví recuperar mi calidad de vida y él, después de muchos años, pudo cumplir esa conmovedora promesa que había hecho: ser mi donante”.

La historia de una amistad 

Amigos, sabían que iban a estar unidos para siempre. Que la felicidad de uno era una celebración para el otro. Que los dolores del uno eran el sufrimiento del otro. Su amistad conmueve.

Tanto así que a dieciséis meses del trasplante, la gente de Coronel Suarez, localidad en la que se conocieron cuando estaban comenzando a caminar la vida, aun se emociona cuando habla de su historia.

“Joni vivía a 40 metros de mi casa, se mudaron cuando yo tenía dos años y él tres”, recuerda Nicolás Waispek (32) frente a Infobae. “Desde ese momento comenzamos a crecer: fuimos al mismo club, a la misma escuela, andábamos en bici… Compartimos todas las cosas lindas que da la infancia. Cuando me enfermé yo tenía 7 y él 8 años“.

-¿Cómo fue, qué recordás de ese día?

-Caí internado, muy descompuesto, en Coronel Suárez. No se sabía qué tenía. Estuve una semana en el hospital y entré en coma. Tuvieron que llevarme de urgencia a Bahía Blanca.

-¿Cuánto tiempo estuviste en coma?

-Estuve 20 días en coma y no se sabía lo que iba a pasar conmigo. Según el diagnóstico que me habían dado era un envenenamiento. Luego de un tiempo descubrieron que era Síndrome Urémico Hemolítico.

-¿Qué pronóstico daban los médicos?

-Desde primer día les dijeron a mis padres que era cuestión de horas, que había que esperar para ver qué pasaba conmigo.

-¿Y qué pasó?

-Pasaron los 20 días y justo para la Navidad una enfermera le dijo a mi madre y a mi padre si querían entrar a verme… Y uno de los enfermeros le preguntó si quería tenerme a upa. Mi madre me tomó en sus brazos y ahí milagrosamente reaccioné y abrí los ojos. A partir de ese momento empecé a mejorar.

-¿Cómo siguieron los días?

-Fui mejorando día a día. Me sacaron la sonda, todos los tubos que tenía.

-¿Quedaron secuelas?

-Me quedaron secuelas del coma, que fue la pérdida de audición y algunas escaras en la cabeza donde no me crece el pelo.

-Y eso te afectó el riñón…

-¡Exacto! En ese momento me hacen una operación y me colocan un catéter, como era muy las diálisis me la hacían mis padres en casa, les habían enseñado cómo hacerlas. Me las hacían cada 6 horas, o sea cuatro veces por día.

-Con 7 años ¿cómo asimilabas lo que estaba pasando? ¿Te explicaron qué era lo que te hacían?

-Había un equipo médico, estaba el médico de cabecera, los psicólogos y toda mi familia.

Joni interviene en la conversación. Rememora cada detalle de esas épocas difíciles como si el tiempo no hubiese transcurrido. Emocionado dice: “Recuerdo todo, incluso yo quería viajar a Bahía Blanca para verlo, pero nosotros vivimos a 200 kilómetros de Bahía y era imposible. Le preguntaba a mi mamá qué pasaba con Nico, seguíamos todo de cerca… pero bueno, a mí obviamente no me contaron toda la verdad”.

-¿Qué te decían, Joni?

-Que Nico iba a estar internado porque tenía un problemita de salud y no mucho más que eso.

-Y cuando le dieron el alta, ¿cómo fue el reencuentro?

-Fue un gran acontecimiento porque nosotros estábamos juntos todo el día. Eramos inseparables de chiquitos y cuando volvió fue una fiesta. Pero los dos sabíamos que ya estaba con la diálisis y que ya no iba a ser lo mismo que antes: el tema de jugar, los cuidados que teníamos que tener… Pero poco a poco lo fuimos entendiendo.

-¿Fue en ese momento cuando le dijiste que cuando fueras grande ibas a donarle uno de tus riñones? 

—Si. Cuando pasó un tiempo con diálisis, salió el trasplante. Fue con el riñón de su tío. Y ahí yo le dije que era como un sueño el día de mañana poder darle un riñón. Lo dije con el corazón, sin entender que había que ser compatible y todo lo que eso conlleva.

– ¿Por qué se lo dijiste?

-¡Para ayudarlo! Solamente eso.

Ahora es Nico quien toma la palabra. Y cuenta cómo siendo muy niño tuvo que aprender de órganos compatibles, transplantes y medicamentos. “A diferencia de él, que no entendía bien, yo ya estaba en tema y sabía qué era ser compatible, que no era fácil si no era un familiar directo, que no se puede donar así nomás sino que tiene que ser por intermedio de la Justicia, que la Justicia tiene que habilitarlo y comprobar que es donante de buena fe…”.

 

—Nico, pasaste por dos trasplantes y después de 18 años de tener un riñón de tu tío, este dejó de funcionar… ¿Qué pensaste en ese momento?

-Ya era grande, estaba al tanto de todo y sabía que podía llegar a pasar en cualquier momento, porque a medida que va pasando el tiempo por los análisis te das cuenta  si el órgano está funcionando bien o no. En ese momento los controles venían de mal en peor, así que sabía que en algún momento iba a volver a diálisis. Y ahí al primero que le conté fue a Joni.

 

—Entonces Joni, recordaste tu promesa…

-La idea la tuve siempre. Cuando él me contó que tenía que volver a diálisis le dije: “Dejame que cumpla lo que te dije cuando éramos chicos”. Pero Nico me comentó que una tía ya se había ofrecido.

-¿Y qué pasó?

-La tía empezó con todos los trámites, bastante engorrosos. Tenés que ir ante la Justicia y una vez que lo aprueba el juez tenés que empezar a hacer todos los estudios de compatibilidad. Es un proceso largo. A la tía le llevó prácticamente un año.

-Pero algo salió mal…

-En el último estudio, que era el que da el visto bueno para operar, salió que la tía tenía un quiste en el páncreas. Ahí nos dieron la triste noticia de que había salido mal el estudio, que se volvía todo para atrás y que no se podía hacer la operación.

-Después de ese resultado ¿qué pasó?

-Fue cuando le dije hagámoslo ahora. Y Nicol me decía que no, que yo estaba loco, que no entendía que no se podía porque era muy difícil, que si fue difícil para una tía  iba a ser aún más difícil para mí que era amigo… Pero le dije que estaba dispuesto a hacer lo que teníamos que hacer. Y así empezó todo.

-Empezaste con los trámites legales y los estudios médicos que confirmaron que eras compatible…

-El proceso de estudio la compatibilidad se da a la mitad del proceso. Fueron muchos viajes a Buenos Aires, en total creo que once, para hacerme análisis. Y en la mitad nos dieron el resultado de la compatibilidad.

-¿Ese fue el último estudio?

-No, el estudio que define es el que se hace antes de la operación que analiza el resto de los órganos, que tienen que estar 100% bien al igual que el riñón. Ese lo hicimos una semana antes de la operación. Nosotros viajamos un miércoles a Buenos Aires y el viernes me llamó Nico…

-¿Qué te dijo?

-Me dio la gran noticia de que había salido todo bien y que si yo estaba de acuerdo la operación se hacía el jueves siguiente. O sea, 6 días más tarde se hacía el trasplante. Le dije que dijera que sí, de una. Y así fue.

Los días previos al transplante Nico sintió miedo por su amigo. “Yo ya venía corriendo con tantas cosas y me decía ‘Bueno uno más no es nada!’, pero  tenía miedo por Joni, quería que él estuviera bien”.

-¿No pensaste en vos?

-Tenía los nervios lógicos por la operación, era mi tercer trasplante, sabía que iba a ser difícil porque los médicos me habían advertido que era una operación complicada y prepararon un equipo especial pensando que quizás las cosas no iban a salir tan bien. Pero gracias a Dios fue todo lo contrario y salió excelente. De hecho, en el posoperatorio yo estaba súper lúcido y él que la sufrió fue Joni.

-¿Cómo estabas vos, Joni?

-Estaba muy, pero muy tranquilo. Ansioso, pero con una paz increíble. Tanta que hasta yo me sorprendí porque sabía que nada podía salir mal, y por cómo se había dado todo sabía que era un regalo de Dios.

-Cuando salieron de la anestesia ¿qué pasó?

Joni: Lo primero que hice fue preguntar por Nico. Recuerdo que estando en el quirófano escuché que hablaba. A nosotros después de la operación nos separaba una especie de biombo y cuando oí su voz, me tranquilicé.

Nico: También lo primero que hice fue preguntar “¿cómo está Joni?”. Estábamos los dos todavía medios anestesiados, pero en un momento a él lo sacan en la camilla antes que a mí y lo alcanzó a ver.  Y Joni me levantó la mano. Fue como un saludo que los dos que hicimos diciendo que estábamos bien.

-¿Cuál fue la reacción de sus familias?

Joni: Cuando a mi familia le conté la decisión que había tomado de darle mi riñón, obviamente primero hubo miedo, preguntas, muchas preguntas… Pero después se dieron cuenta de que yo estaba seguro y me apoyaron en todo momento.

Nico: Mi familia estaba esperando lo mejor, que todo saliera bien y por suerte así se dio. Y que sea Joni fue un regalo de Dios. No cualquier amigo lo hace, casi nadie dona un órgano así con tanta generosidad…

Cuentan que comparten una pasión, el fútbol. Que jugaron toda su vida. Y Nico agrega que de chico todos lo cuidaban en la cancha: “Yo estaba en diálisis, tenía un catéter en la panza y jugábamos igual. Obviamente todo el barrio sabía de mi situación y no me golpeaban, pero nunca dejamos de jugar al fútbol, nuestra pasión toda la vida”, se emociona.

-¿Nico, harías por Joni lo que él hizo por vos?

-Sí, por supuesto sin pensarlo.

-¿Joni, lo volverías a hacer?

-Sí, incluso si tengo que perder la vida también lo haría.

-Nico, ¿qué representa Joni en tu vida?

-Es un hermano. Es un hermano más que tengo.

-Joni ¿qué representa Nico en tu vida?

-Es el hermano que elegí.

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