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Alternativa Federal, ya casi sin alternativas

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

 Finalmente llegó el día de velar a Alternativa Federal, esa fuerza que pretendió agrupar -sin éxito- al minoritario peronismo republicano. La última semana ha sido letal para las aspiraciones del espacio.

Repasando un poco, desde su conformación hubo cuatro grandes jugadores, cada uno con responsabilidades y exposiciones distintas. Juan Manuel Urtubey, gobernador de Salta; Juan Schiaretti, gobernador de Córdoba; Miguel Ángel Pichetto, senador por Río Negro y Sergio Massa, referente bonaerense.

En distintos grados, cada uno supo mostrarse como una alternativa a la propuesta encarnada por la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Hasta ahora.

La consolidación de la fórmula Fernández-Fernández achicó el espacio para construir una alternativa por fuera de lo que aún hoy se entiende y se vive como una polarización en la que se debe elegir cuál es el que se considera el mal menor.

Cuatro años es mucho tiempo. Si se piensa en las demandas y planteos que se le hacen al gobierno nacional (al que rotulan de tibio o dubitativo) las mismas afirmaciones podrían dirigirse a una oposición absolutamente incapaz de construir un proyecto que supere los nombres propios.

Si bien pudieron actuar más o menos coordinadamente como bloque legislativo a la hora de las votaciones, nunca pudieron superar la acción legislativa en el recinto. Por fuera del Congreso sólo consiguieron fotos de alguno sosteniendo una sandía imaginaria, pero no mucho más.

Las declaraciones de Miguel Pichetto durante el almuerzo celebrado ayer en el Rotary Club son la última muestra de que todo ha llegado a su fin.

Enojado, no ahorró en críticas a Roberto Lavagna, de quien dijo que no tiene visión política. “Prácticamente ha desintegrado el espacio de Alternativa Federal, que hasta había logrado imponer su nombre”.

Resulta curioso lo expresado por el rionegrino. Lavagna nunca formó parte del espacio, sino que siempre se vendió a sí mismo como un candidato para superar la dispersión del voto peronista opositor.

Lo segundo que llama la atención es la elevada estima del experimentado senador, que considera que fue Alternativa Federal el espacio que logró posicionar al ex ministro de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. Es harto sabido que fue el primero el que empezó -hace poco menos de un año- a trabajar por la candidatura presidencial del septuagenario economista.

Lavagna ha sabido establecer acuerdos para ser el candidato del progresismo, lo que por sí solo no vale de mucho (se puede recordar la paupérrima elección que hizo Margarita Stolbizer hace cuatro años) pero que sumado al voto peronista que queda fuera de la grieta podría llevar a algunos a soñar con entrar al ballotage.

Pese a los esfuerzos, fue imposible reeditar a nivel nacional lo que Schiaretti hizo funcionar en la provincia. Está claro que la situación de ambos niveles de gobierno es distinta, por lo que la apuesta a ganador cambia radicalmente en cada distrito.

Además, nunca está de más pensar en los inverosímiles cruces que podrían darse según el resultado de una PASO con todos adentro: ¿los socialistas santafesinos estarían dispuestos a votar a un católico practicante y tradicionalista como Urtubey?¿Los conservadores provida del norte estarían dispuestos a votar a una fórmula que incluya a Pichetto, que votó a favor de la legalización del aborto?. Difícilmente se vería algo así.

Finalmente, la centralidad de Sergio Massa es lo que termina de enterrar a Alternativa Federal. Ninguna construcción política nacional puede ser exitosa sin una pata fuerte en provincia de Buenos Aires, el distrito más importante (y por mucho) del país.

La falta de un candidato a gobernador que pueda acompañar allí a los federales conspira decididamente contra sus chances de triunfo, que a su vez empuja al tigrense a tantear un acuerdo con el kirchnerismo (que de consumarse dejaría a Massa sin su único capital simbólico ante los antigrieta).

Así las cosas, las próximas semanas serán claves para ver cuál es el destino final de un espacio que (aunque alguna vez sonó con fuerza suficiente como para engullir al kirchnerismo) hoy está lejos, incluso, de hacerle sombra en los distritos en los que residen sus hombres fuertes. Si ni siquiera pueden contener a la tropa propia con un armado que dé certezas, ¿cómo se supone que harán para seducir a los indecisos?.

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