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Argentinidad explícita: “Si no se puede, no se paga”

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Hay una vieja viñeta de Mafalda en la que ésta y Felipe van caminando por la vereda hasta toparse con una tuerca. Mafalda desconfía de la importancia del hallazgo, que Felipe refuta con un “Todo sirve para algo”. La niña retruca con un “pero nada sirve para todo”. Felipe la desecha, frustrado.
Es notable que haya pasado más de medio siglo desde entonces, sin que en Argentina dejemos de celebrar las tuercas que encontramos en los manuales de economía con los que se han tomado las decisiones a lo largo de todo este tiempo. Insistimos en creer que hay recetas que pueden funcionar con el mismo éxito que lo hicieron en otro momento.
Ayer se reunieron Alberto Fernández y Eduardo Duhalde, un ex presidente que no logró cautivar al voto popular y llegó al puesto nombrado por la Asamblea Legislativa tras la renuncia de Fernando De la Rúa. Ya que no un demócrata, al menos sí un tenaz.
Tras la reunión en Puerto Madero (bastión y símbolo del compromiso neokirchnerista d la lucha contra el hambre) el también ex gobernador de la provincia de Buenos Aires hizo algunas declaraciones interesantes. Se refirió a la importancia de que la Argentina se vuelva productiva y premie el esfuerzo o el trabajo, dejando atrás la especulación financiera que tanto floreció durante el mandato de Macri.
Pero eso no es lo verdaderamente suculento de su testimonio, sino lo otro, que en algún punto contradice lo anterior. “El FMI sabe que no podemos pagar, y cuando no se puede, no se paga”. Todavía se puede sentir el aleteo de los capitales extranjeros que se van en bandada, como las palomas cuando se tira un tiro al aire en un campo a punto de cosecha.
Si bien reconoce que es lo que le pasó a él, también podría recordar que -aplicando la nueva metodología que usa el Indec- su estrategia de salida de la convertibilidad significó que 70% de los argentinos quedaran bajo la línea de pobreza.
Su jugada también significó congelar nominalmente las jubilaciones, que se habían devaluado al pasar de un 1 a 1 ficticio a un 4 a 1 demasiado duro para mantener los valores. EN eso tuvo mucho que ver Roberto Lavagna, recientemente candidato presidencial, cuyo hijo irá como titular del Indec, porque con familia y amigos las aventuras se disfrutan más.
La lógica del “si no se puede, no se paga” es nuestra tuerca. Si no se le puede pagar a los ahorristas, no se les paga. Si no se les puede pagar a los acreedores, no se les paga. Si no se les puede pagar a los proveedores, no se les paga. ¿Jubilados, empleados, docentes, becados? Si no se puede, no se paga. Toda una marca de gestión.
Cuando los empresarios eligen no pagar AFIP para beneficiarse de que las penalizaciones son más bajas que la tasa de interés en los bancos o de los rendimientos de una financiera, la lógica es esa: “si no se puede, no se paga”.
Cuando los gobiernos patean el pago a proveedores por tres meses, sabiendo que con esta inflación seguramente se ahorran entre un 10 o un 15%, “si no se puede, no se paga”. Cuando le estiran los juicios a los jubilados esperando a que se mueran, “si no se puede, no se paga”.
Es toda una lógica de que en este país nadie nunca se va a hacer responsable de sus actos. No pagar es no rendir cuentas. O sí, pero negativamente: ya sabemos -de antemano- que no van a cumplir. Confiar en políticos, empresarios, sindicatos, obras sociales, ONGs o cualquier institución pública o privada parece más un acto de fe que una simple transacción entre partes. Es una decisión mucho más trascendental que lo que debería ser.
El gran error de Duhalde en su consejo a Fernández es que la receta con la que pudo “arreglar” las cosas entre 2002 y 2003 hoy no sería de mucha ayuda. Si entonces hacía falta una tuerca, quizás hoy es un clavo o un tornillo, pero no el hexagonal elemento.
No es 1991 para privatizar empresas: a esas ya se las sacaron de encima la otra vez que se decidió que “si no se puede, no se paga”. Tampoco se ve una recuperación de los precios de los commodities, como lo que tocó tras la decisión de Duhalde de licuar el poder adquisitivo de los argentinos con una brutal devaluación, todo porque “si no se puede, no se paga”.
Sin reglas claras, los dos principales sectores que proveen dólares a la economía (el campo y Vaca Muerta) dejarán de funcionar. Sin crédito por morosos, sin empresas para vender y sin la posibilidad de subir impuestos, no queda muy claro cómo pretenden resolver esto.
Sólo está claro que cuando desde el poder deciden recurrir a esa inservible tuerca del “si no se puede, no se paga”, los primeros que se quedan sin cobrar son los ciudadanos que -por esas vueltas de la vida- finalmente terminan pagando toda la cuenta.

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