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Bajando, pero por la escalera

Por Alejandro Radonjic

 

La inflación está bajando. No caben dudas: fue 4,7% en marzo; 3,4% en abril; 3,1% en mayo, tal como informó ayer el Indec y el consenso es que será menor a 3% en junio. Teniendo en cuenta que se llegó a hablar de una posible espiralización nominal hace tan solo algunos meses (allá por comienzos de abril), que esa bestia haya vuelto a la jaula es tranquilizador, pero hay un trecho generoso desde allí hasta saborear una victoria.

 

Hay, asimismo, factores sólidos para ilusionarse más allá y pensar que, paz cambiaria mediante, la inflación pueda seguir bajando, aunque sea en decimales, hacia adelante. Sin embargo, es una baja muy lenta. Casi homeopática. La fuerte recesión en curso; el desplome del consumo privado; la dura astringencia monetaria y, desde fines de abril, la marcha mansa del dólar podrían invitar a imaginar una desinflación más veloz. Sin embargo, Argentina está transitando un régimen de inflación moderada hace un tiempo. Es un “bicho” distinto y, en el mejor de los casos, llevará años, y no meses, desterrarla y llevarla a niveles normales.

 

No casualmente, la inflación subyacente (o núcleo) anotó un potente 3,2% en mayo. Además de eso, el Indec informó ayer que los precios subieron 19,2% en tan solo cinco meses y 57,3% en los últimos doce.

 

 

La tendencia

 

“Pensando en la dinámica de junio, los indicadores de alta frecuencia que seguimos no mostraron una mejora de la inflación núcleo en las últimas dos semanas. No obstante, los precios regulados tendrán aumentos sensiblemente menores y también habrá factores estacionales que jugarán a favor, creando condiciones para que la inflación general pueda finalizar por debajo de 3% mensual por primera vez en cinco meses. De cara al segundo semestre, esperamos que continúe la desaceleración de la inflación con un promedio de 2,9% mensual en el tercer trimestre y 2,4% mensual en el cuarto, cifras que dejarían la inflación del año en 42%”, dijeron desde el área de Research del Grupo SBS.

 

“Entre los principales factores detrás de esta dinámica sobresalen la menor expansión monetaria y el fin de los aumentos de regulados. No obstante, y más allá de que se percibe una mejora en los últimos días, el desanclaje de las expectativas y el deterioro de la confianza en el programa monetario siguen representando importantes riesgos a nuestro escenario, justificando la extrema prudencia que mantiene el BCRA”, agregaron.

 

“En la medida en que la política cambiaria sea efectiva, la inflación descenderá en la segunda mitad del año. Así, pasaría de ubicarse en un promedio de 3,3% mensual en el primer semestre a alrededor de 2,5% en la segunda parte del 2019. Si bien estos datos implicarían una mejoría notoria, la inflación permanecerá elevada y difícilmente finalice el año por debajo del 40%. Producto del acuerdo con el FMI, las herramientas del Gobierno para llevar a cabo una desinflación más fuerte son limitadas. La ambiciosa meta de equilibrio primario impide un incremento de los subsidios a los servicios públicos y los márgenes de intervención del BCRA en el mercado cambiario, pese a la reciente flexibilización de la Zona de No Intervención, siguen siendo acotados”, dijeron desde Ecolatina.

 

“Todavía esperamos una inflación por encima de 2,5% en junio porque recae la tercera cuota de aumento del gas (aproximadamente 8%); el alza los combustibles (2%) y el ajuste autorizado sobre las cuotas de los colegios privados (piso de 15%). Entre todos, suman 0,8 puntos”, dijeron, a su turno, desde LCG.

 

“La posibilidad de que la inflación converja a tasas por debajo del 3% en el segundo semestre dependerá de la dinámica del mercado de cambios. Pero puede haber alguna presión del lado de los salarios en un escenario (económico y político) en el cual no existe demasiado espacio para seguir comprimiendo márgenes. En todo caso, la estrechez del Programa Monetario asegura que la oferta de crédito no convalide el aumento de la demanda. De lograr anclar las expectativas, la inflación interanual habría tocado techo en mayo”, agregaron.

 

“Sin embargo no podemos descartar nuevas tensiones en el mercado de cambios. Si este fuera el escenario, podría iniciarse un régimen de funcionamiento de la economía en un nivel de inflación aún más elevado. La posibilidad de espiralización de la inflación que se podría desencadenar debido a mecanismos de propagación sustentados en una fuerte indexación que existe en la red de contratos de nuestra economía no debe resultar una preocupación menor”, amplían y detallan sus números: “Nuestra proyección de inflación a diciembre se ubica algo por encima de 40% anual, consistente con una inflación promedio del 50% anual”.

 

Por último, la visión de ACM fue la siguiente: “Aún en condiciones monetarias muy restrictivas como las actuales, durante los meses siguientes esperamos que la inflación oscile entre 2,5% y 3,5. El dato del mes de mayo refleja el actual comportamiento del BCRA, que durante las 2 primeras semanas del mes ha bajado la tasa de referencia en 341 puntos básicos y ha absorbido $168.133 millones. Si bien el dato de la inflación del mes de mayo continúa hacia la baja, acorde a lo esperado, no hay que perder de vista que aún continúa muy elevado. Al contemplar el efecto de la inflación sobre el tipo de cambio real, según la serie del BCRA, con un tipo de cambio de $44,87 (último valor de mayo) presentamos la misma competitividad que el 9 de noviembre de 2018, con un tipo de cambio de $35,48 para esa fecha”.

 

A la vez, agregaron: “En ese escenario, la inflación en 2019 mostraría una desaceleración en torno al 40% anual en diciembre de 2019, con un costo en términos de actividad que puede llegar a 2% según nuestras proyecciones. Seguiremos observando la dinámica de los próximos meses respecto a la indexación de salarios de la mayor parte de los sectores, como es el caso de los docentes de la provincia de Buenos Aires. Otros datos que creemos que pueden empeorar son los del nivel de pobreza e indigencia, ya que ambos están muy influenciados por el precio de los alimentos, que en el mes de abril y mayo dio un respiro, explicado en gran parte por la estabilidad cambiaria”, concluyeron.

 

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Urnas e IPC

 

El nivel de tasa de inflación todavía es incompatible con la reelección presidencial. Pero muestra una tendencia a la baja que podrá mejorar la suerte del oficialismo en las primarias, y más aún, en la generales de octubre.

 

El Gobierno aspira a tasas de inflación del orden del 2,5% en los meses previos a las elecciones. No le alcanzará para lograr una evaluación positiva de su gestión en ese rubro, pero el cambio de tendencia puede mejorar la percepción de la sociedad sobre el tema que más le preocupa.

 

Si la tendencia a la baja de la tasa de inflación se combina con los aumentos salariales que se están acordando en las paritarias, los ingresos de los trabajadores registrados podrían mostrar una leve mejora y algunos programas como Ahora 12 pueden generar un mayor consumo. En ese contexto las chances, electorales del oficialismo pueden mejorar.

 

En cuanto al nivel de actividad no se esperan mejoras significativas en el corto plazo, y si las hubiere, no tendrían la magnitud como para ser percibidas por la sociedad. La creación de empleo quedará como el capítulo más rezagado.

 

Tiene lógica política que el Gobierno juegue fuerte para moderar la inflación, con tasas muy altas y un dólar controlando, pero al mismo tiempo sacrificando otros objetivos. Por ahora no dispone de otras herramientas porque un acuerdo que incluya a distintos sectores para enviar señales concretas en materia de precios y salarios es imposible de concretar en plena campaña electoral. Sólo será posible cuando haya liderazgos políticos ratificados en las urnas.

 

La entrada Bajando, pero por la escalera se publicó primero en El Economista.

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