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Boris Johnson está en problemas con el Brexit y a muchos votantes no les importa

El Palacio de Westminster, sede del Parlamento británico

LONDRES — Desde donde se le mire, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, ha tenido un comienzo terrible, pues ha sido acusado de trastocar la constitución no escrita del país y aún no ha ganado una votación en el Parlamento.

Los legisladores han rechazado dos veces su llamado a unas elecciones, y aprobaron una legislación que vuelca por completo su estrategia de “todo o nada” para salir de la Unión Europea el 31 de octubre.

No obstante, en las encuestas de opinión, su Partido Conservador goza de una saludable ventaja sobre el Partido Laborista de oposición, sus calificaciones superan por mucho las del líder laborista, Jeremy Corbyn, y han aumentado varios puntos porcentuales desde que Johnson llegó al poder hace dos meses. Frente a esta aparente paradoja, algunos analistas consideran que su estilo poco ortodoxo y sus capacidades comunicativas lo están poniendo en camino hacia una victoria electoral.

“Creo que estamos viendo un breve parecido con Donald Trump en Estados Unidos, en el sentido de que la gente que siente aversión por Boris Johnson confirma lo espantoso que es en lo que hace, mientras que aquellos que se inclinan más a su favor están dispuestos a pasar por alto todo tipo de cosas”, señaló Roger Awan-Scully, director de política y relaciones internacionales de la Universidad de Cardiff.

Después de tres años de lentas convulsiones políticas, el brexit ha reordenado la política británica a tal grado que casi cualquier asunto se empaña con las percepciones de los votantes sobre ese tema.

Además, en este contexto polarizador, Johnson pareciera presentarse como el hombre que conseguirá el brexit a pesar de la oposición de los legisladores y del poder establecido, con lo cual está calentando motores para una campaña de “el pueblo contra el Parlamento”.

“Todo lo estamos viendo a través de los lentes del brexit”, comentó Awan-Scully. Esta tendencia, explicó el académico, podría ser positiva para los conservadores en unas elecciones generales que la mayoría de los analistas considera inevitables.

Sara Hobolt, profesora de la Escuela de Economía de Londres, va más allá, al describir la mayoría conservadora como el “resultado más probable” de las próximas elecciones generales, “si los votos se reparten de manera adecuada”.

Esto es extraordinario si tomamos en cuenta que a Johnson se le ha acusado de socavar la democracia tras suspender al Parlamento durante cinco semanas y dividir su propio partido al desterrar a 21 legisladores tories a causa del brexit, una maniobra que forzó la renuncia al gobierno de su propio hermano, Jo.

Johnson incluso ha perdido sus habilidades características de presentación: por ejemplo, durante un torpe discurso a un grupo de cadetes de la policía (uno de los cuales estuvo a punto de desmayarse detrás de Johnson) o cuando enfrenta a votantes a los que claramente les desagrada.

El miércoles, cuando lo confrontó el padre de un niño enfermo en un hospital, Johnson negó que la visita fuera un truco publicitario, e insistió en que no había ningún miembro de la prensa cerca de ahí. Luego, su interlocutor apuntó a un equipo de televisión, el cual había captado a un incómodo primer ministro en el acto de pronunciar una mentira evidente.

Sin embargo, al igual que Trump les agrada a sus simpatizantes de hueso colorado, la postura firme de Johnson respecto del brexit ha convencido a los votantes determinados a salir del bloque. Al redoblar la apuesta por esa base, puede atraer el apoyo del Partido del Brexit que ganó las elecciones europeas en el Reino Unido este año, tan solo semanas después de que el candidato populista, Nigel Farage, hubiera creado el partido.

Si eso suena como una jugada del manual de Trump, el año pasado, Johnson les advirtió a los votantes a favor del brexit que eso podría suceder.

“Imaginen a Trump haciendo el Brexit”, comentó Johnson en una conversación privada que fue grabada y filtrada. “Lo haría con toda la maldita fuerza. Provocaría todo tipo de crisis nerviosas, todo tipo de caos. Todo el mundo pensaría que se volvió loco. Pero en realidad se podría llegar a algún lado. Es una muy, pero muy buena idea”.

Como Trump, Johnson desafía muchas de las reglas normales de la política, al tomarse a broma los contratiempos y al ignorar las preguntas que preferiría no responder (por ejemplo, nunca ha manifestado en público cuántos hijos ha concebido).

Algunos encuestadores políticos aseguran que el éxito relativo de Johnson podría revelar más sobre la nación que gobierna que sobre él.

“No estamos hablando de un país, sino de dos, conformados por los simpatizantes de la permanencia y los del brexit, y en general no están de acuerdo en casi nada”, mencionó John Curtice, profesor de la Universidad de Strathclyde y el experto en encuestas más respetado del Reino Unido.

Según los estándares históricos, Johnson no es un primer ministro que goce de mucha popularidad, agregó Curtice pero, en una sociedad polarizada por el brexit, es un “político de Marmite”, una referencia a la espesa pasta a base de levadura que los británicos aman o detestan.

YouGov, una empresa encuestadora con sede en Londres, señaló que los conservadores casi han duplicado la preferencia de sus votantes a un 32 por ciento, en comparación con tres meses atrás, una ventaja de casi nueve puntos porcentuales sobre los laboristas.

En una encuesta de YouGov, preguntaron quién sería el mejor primer ministro: Johnson obtuvo un 38 por ciento entre los encuestados, mientras que Corbyn se anotó un 22 por ciento (una cifra menor a la de la predecesora de Johnson, Theresa May, quien se llevó el 29 por ciento en junio).

“Los acontecimientos recientes simplemente refuerzan la reputación de Boris Johnson entre la gente que quiere salir de la Unión Europea… y es un fenómeno similar con los que buscan la permanencia”, mencionó Curtice.

Eso quedó ilustrado el lunes en Luxemburgo cuando, al ser recibido por un pequeño grupo de manifestantes, Johnson se retiró de una conferencia de prensa con el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel, quien continuó sin él y culpó a los británicos del “desastre” del brexit.

Justo antes de la reunión, Johnson comparó los esfuerzos del Reino Unido para escapar de la Unión Europea con las aventuras del increíble Hulk, el superhéroe de Marvel. Por lo tanto, cuando se retiró de la conferencia de prensa, sus críticos lo bautizaron el “increíble hosco”. Sin embargo, los simpatizantes del brexit vieron a un líder continental que abusaba de su hombre (“Luxemburgo se ríe en la cara de Johnson” fue el titular del periódico probrexit Daily Telegraph).

De acuerdo con sus simpatizantes, ese tipo de sucesos consolidan aún más a Johnson en la mente del público como “don Brexit”, lo cual le sirve para marginalizar a Farage y canibalizar el apoyo de su insurgente Partido del Brexit.

Awan-Scully mencionó que, al unir a la derecha probrexit, Johnson podría garantizar una fracción suficiente del electorado fragmentado para obtener una victoria en las elecciones. En el sistema electoral británico, el ganador se lleva todo, así que las divisiones entre sus oponentes podrían abrir un camino para Johnson.

Sin embargo, Curtice advirtió que el voto duro de Johnson tal vez no sea suficiente.

“Lo adoran los que quieren la salida y no hay duda de que tiene una desaprobación casi generalizada entre los que buscan la permanencia. Así que solo le puede parecer atractivo más o menos a la mitad de la población”, opinó Curtice. “A la mitad del país le desagrada y no parece sentirse confiado en sus apariciones en público, así que nos preguntamos cuál será el resultado de todo esto”.

La ventaja de los conservadores sobre los laboristas probablemente revele más acerca de la debilidad de la oposición que de la fortaleza del gobierno, e ilustra la lucha por votos en ambos lados de la división a causa del brexit.

Mientras Johnson combate a Farage, Corbyn está en una batalla en contra de los resucitados liberales-demócratas —centristas y pro-Europa—, bajo el liderazgo de Jo Swinson.

“La competencia no es entre Johnson y Corbyn, sino entre Johnson y Farage por un lado, y Corbyn y Swinson por el otro”, afirmó Curtice. “La razón por la que Johnson lleva la delantera no es que haya exprimido el voto laborista, sino porque ha exprimido al Partido del Brexit”.

Por lo tanto, las posibilidades de ganar para Johnson podrían depender en buena medida de si puede seguir haciendo eso mientras el brexit llega a otro momento decisivo.

Tras haber prometido en repetidas ocasiones que dejará el bloque el 31 de octubre, Johnson está acorralado. El Parlamento ha aprobado una ley que le exige solicitar otra prórroga si no puede llegar a un nuevo acuerdo del brexit… y un acuerdo con Bruselas sigue siendo una posibilidad remota.

Si Johnson no logra conseguir el brexit, o cede demasiado ante los ojos de los británicos probrexit, Farage volverá al ataque, gritando: “¡Traición!”, comentó Curtice. Este resultado sería ominoso para los tories y su líder.

“La pregunta de los 64 millones es si puede lograrlo y qué puede lograr”, señaló Curtice. “Si no puede llegar a un acuerdo y no tiene el aval del Parlamento para un brexit duro, la pregunta será: ‘¿Acaso esto es solo una broma?'”.

*Copyright: 2019 The New York Times Company

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