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“Si no llegaba la Policía me hubiera degollado o apuñalado”. Luisa Lagos contó el calvario que vivió en su casa de El Cóndor, el martes a la medianoche, cuando su ex marido, con el que tuvo 5 hijos y convivió 19 años, le propinó una tremenda golpiza que le provocó fractura de maxilar y del brazo derecho, innumerables cortes en el cuerro cabelludo y lesiones en diversas partes del cuerpo tras atacarla con una sartén de hierro, un palo de amasar y una tabla.

Todo ocurrió delante de los tres niños más pequeños de la pareja que gritaban y lloraban pidiéndole a su padre que cesara la agresión.

“Mi nena de ocho años se subió arriba mío cuando yo estaba en el piso, pero la protegí con mi brazo hasta que no lo sentí más, tenía terror de que le diera un palazo en la cabeza”, cuenta la mujer que se recupera en el Hospital Artémides Zatti, mientras espera una prótesis para su cara y los clavos para su codo.

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“Todo habrá durado unos 10 ó 15 minutos. En un momento me metí debajo de la cama y mi nena quedó a un costado. Carlos me agarró de los pies y me tiraba para que saliera, entonces levanta la cama y veo que tiene un cuchillo en la mano, ahí creí que me iba a matar”, afirmó.

La violencia más severa comenzó hace diez años, aunque nunca había llegado a un episodio de tal magnitud. En octubre pasado Luisa comenzó a entender que la relación con Carlos Robledo ya no podía continuar.

Ella se había radicado en el balneario y él en Viedma pero mantenían contacto por los hijos en común. “Él me perseguía, me molestaba con los mensajes, me perturbaba”, aseguró.

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