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Después del transcurso de la primera mitad del año con mucho trabajo, escuela, casa y corridas (la pileta, las clases de inglés, fútbol y etcéteras eternos) ¡llegaron las vacaciones! ¡Las ansiadas y queridas vacaciones!

¿Y ahora?

La desesperación de las madres por convertirnos en ‘Piñón Fijo’ durante estas dos semanas, nos vuelve locas: la palabra mágica no parece ser otra que “entretener”. ¡¿Dónde los llevo?!, ¿qué hago, cuál es el mejor programa?

Pero ¡Alto!. Primero, lo primero: antes de semejante estrategia de planificación y sesudos debates y gestiones, tareas de investigación sobre ‘promos’ y 2×1, por qué no preguntar: “Fulanito (que puede tener entre 4 o 5 años hasta los 10 u 11): ¿qué querés hacer en vacaciones?”

Hay que estar preparados. Posiblemente la primera palabra que saldrá de su inspirada boca sea “¡Disney!” Y quizás después de una mirada (de esas bien maternas), arriesgará: entonces “¡la nieve!”.

Nada para preocuparse. Otra mirada, solo un poco más aguda que la anterior, le sacará el tierno brillito de los ojos en menos de un segundo.

¿Cine? ¿Títeres? ¿Series en Netflix? ¿Hamburguesas con papitas?. Siempre hay chances accesibles… y para todos los bolsillos.

Acá, la idea es partir de la base: ¿qué quieren hacer ellos, los beneficiarios de este merecido receso?.

Ya repuestos del susto del mágico y muy lejano sueño para muchos de Disney, un sondeo básico nos marcará el camino hacia una nueva respuesta que para nuestra sorpresa, será una contestación de una sola palabra: “nada”.

En efecto, una breve encuesta entre vástagos propios y ajenos, incluso entre los pre-adolescentes (el resto es otro mundo) arroja un resultado concluyente: “queremos descansar”.

La lista de los chicos incluye actividades como dormir hasta tarde, que nadie los moleste con horarios, “ni hacer mandados”, y menos cuidar hermanos menores. Y también que los dejen disfrutar de las tres T, sin reproches ni mezquindades: tablet, teléfono y tele.

En fin, está bueno armar programas, sacarlos cada tanto del “hogar dulce hogar” y hacer, cuando el sol y el airecito lo permiten, actividades al aire libre. Pero también está bueno respetarlos: “hacer nada es nada”, me aclara una de mis hijas. Y eso abarca no poner la mesa, no tender la cama, andar en pijama, tirar las medias sucias al piso y hasta dejar de lado, por algunos momentos, los aparatos de la ortodoncia.

Cada uno disfruta como quiere. Y el que no, como puede. Y si bien cada chico es diferente, y también sus gustos, vale como pauta general, para no estresarnos, ni convertirnos en un aprendiz improvisado de payaso, y muchos menos morirnos de cansancio en el intento, esa frase que seguro alguna vez leímos o escuchamos (y hasta suena bastante cursi) pero resulta práctica: a veces, mucho menos es más.


Fuente: Sociedad – Río Negro

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