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Cuando el Clio le ganó al Big Data: quién es Nacho Ramirez, la cabeza detrás de la campaña exitosa de Kicillof

Las recorridas de Axel Kicillof en los pueblos del interior bonaerense a bordo de un Renault Clio, se convirtió en uno de los símbolos de su conquista bonaerense. La estrategia comunicacional de austeridad, lenguaje llano y nostalgia, fue diseñada por el joven consultor Ignacio Ramírez.

 

Ramíres es sociólogo y director del posgrado de Opinión Pública y Comunicación Política de Flacso. Este año se sumó al equipo de Kicillof con quien había trabajado en 2015, cuando se presentó como candidato a diputado nacional.

 

En ese momento integraba el staff de la consultora de Capurro. Desde ese entonces siguieron en contacto hasta convertirse en su asesor en comunicación, trabajando junto con Jésica Rey, la jefa de prensa de Axel.

 

Kicillof contó que desde 2016 hicieron 90.000 kilómetros en la provincia de Buenos Aires en el Renault Clio de Carlos Bianco, histórico compañero de militancia del candidato a gobernador, jefe de campaña y encargado de la táctica territorial.

 

Ignacio Ramírez.

 

En diálogo con El Economista, Ramírez admite que “más que adaptar el candidato a la campaña, nosotros trabajamos con otra premisa: la campaña debía adaptarse al candidato”.

 

Rey, en tanto, se refirió a los principios que rigieron la campaña. “Nosotros no hicimos una campaña exitosa, lo que hicimos fue una campaña que expresara con sencillez y honestidad las ideas y convicciones del candidato y del espacio al que representa. En este sentido, el principio que rigió la campaña fue la correspondencia, la coherencia, entre estética, ética y política”.

 

En el equipo de Kicillof dejaron claro que se trató de una campaña vintage con toques estéticos de los ochenta y sobre todo, de impacto territorial. En este sentido, apuntan contra  los imperativos del big data de consultores como Jaime Duran Barba.

 

Axel Kicillof en sus recorridas bonaerenses.

 

“La campaña de Axel se rebeló contra los imperativos duranbarbistas que consagraban a la eficiencia electoral, (el arte de ganar, como única racionalidad a la hora de diseñar las estrategia de comunicación, descuidando la dimensión ética y política que deben guiar toda comunicación pública. Este tipo de paradigma, articulado conceptualmente por Duran Barba, desembocó lógicamente en una estética política intoxicada de artificialidad y simulacro”, destaca Ramírez sobre el ecuatoriano.

 

En el último tramo de la campaña para las PASO, se notaba la fuerza de una campaña donde el Clio generaba curiosidad en las recorridas y los spots con estética casera se viralizaban con rapidez, en pararelo con síntomas de cierto hartazgo con un lenguaje publicitario y políticamente artificial.

 

 

“Se trató de una campaña que, en un contexto de inquietante ascenso de los discursos políticos que explotan el odio y los miedos sociales, insistió y puso en acto una idea central: no todo vale, o debería valer, para ganar un voto”, enfatiza Ramírez.

 

Uno de los últimos spot resume un poco esa búsqueda. “Venimos recorriendo la provincia, ciudad por ciudad, pueblo por pueblo. De esa manera hicimos campaña y así queremos gobernar”, con la voz en off de Kicillof qye se escucha mientras se suceden imágenes de las visitas a los municipios, con el tema “Llegando, llegaste”, compuesta por el popular cantante Piero de Benedictis.

 

 

 

 

 

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