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Cuatro problemas de la alta inflación y la centralidad del acuerdo de precios y salarios

Por Federico Pastrana (*) y David Trajtemberg (**)

 

La política económica del macrismo fracasó en varios aspectos. El Gobierno saliente aumentó la vulnerabilidad y la fragilidad de la economía y la dejó en un peligroso sendero de inestabilidad. La estrategia de ajuste fiscal y monetaria llevada a cabo, en lugar de bajar la inflación, profundizó problemas estructurales como la fuga de capitales y el bimonetarismo. La discusión respecto a los problemas actuales de la economía argentina no puede estar desvinculada del sendero de la economía en los últimos años ni de su historia.

 

Desde hace prácticamente un año, la inflación es superior al 50%. Sus efectos no son menores ni deben subestimarse. Están relacionados con las dificultades en la recuperación del nivel de actividad y el poder adquisitivo de la población. Estos problemas están en el centro de la agenda económica, dado que es de común acuerdo que cualquier plan económico viable debe propender al crecimiento de la actividad económica y mejorar, al menos parcialmente, los niveles de bienestar de la población.

 

La inflación en los niveles actuales genera esencialmente cuatro problemas que pasamos a enumerar.

 

En primer lugar, contribuye a la inestabilidad económica. La inflación en estos niveles es engorrosa esencialmente porque se torna inestable. Hay frecuentes e intensos cambios de precios relativos y resulta difícil de prever su nivel en los próximos meses. Esto contribuye a elevar la incertidumbre y a aumentar los costos de transacción y renegociación. Los agentes económicos tienen dificultades para prever el futuro. Los empresarios, al tener que plantear senderos de producción y precios, y las familias, sus ingresos reales y sus gastos.

 

En segundo lugar, los frecuentes cambios de precios relativos impactan en la distribución del ingreso y de la riqueza. La inflación alta impone ganadores y perdedores. Con el sostenimiento en el tiempo estos efectos se acumulan y se sienten cada vez más. Las consecuencias se tornan palpables en las diferencias de desempeño en términos de la actividad, los ingresos y las rentabilidades de los diferentes sectores económicos.

 

En tercer lugar, la inflación alta dificulta la estrategia cambiaria. Bajo el actual escenario del sector externo se impone una dinámica al tipo de cambio en el futuro forzando a realizar sucesivas devaluaciones por lo que su sostenimiento termina erosionando las propias bases de una posible estabilización. Por si sola, la fijación de un ancla cambiario nominal en este contexto implica un estallido más temprano que tarde.

 

En cuarto lugar, con el pasar del tiempo, la inflación alta va imponiendo cambios en los comportamientos de los agentes económicos. Las empresas y personas tienen una tendencia a dolarizar sus carteras y huir de la moneda nacional, una mayor preferencia por la flexibilidad (lo cual acorta los horizontes decisión, destruyendo la inversión a largo plazo) y una tendencia a acortar los contratos, adoptando criterios de indexación completa o incompleta,  lo cual, combinado con los frecuentes cambios de precios relativos, lleva a una retroalimentación de la puja distributiva.

 

Este punto es particularmente importante, dado que habla de un posible cambio de régimen. Varias de las características de la economía actual así lo muestran. Dentro de ellos encontramos el incremento de la fuga de capitales, el derrumbe de la inversión y el aumento de la frecuencia y cantidad de aumentos a lo largo del año en los contratos salariales. Si bien algunos aspectos están asociados a la dinámica macroeconómica general también están relacionados con la inflación alta.

 

El sostenimiento de la situación actual lleva a consolidar y generalizar estos comportamientos, así como a dificultar crecientemente su salida y el cambio en la conducta de los agentes. El mayor peligro es el recrudecimiento de la inflación y recesión, tanto por la inacción (no asignarle la importancia que tiene) como por errores de diagnóstico (frecuentemente asociados a estrategias voluntaristas de mejora en los ingresos de la población).

 

La centralidad en la agenda pública de la necesidad de establecer un pacto social que incluya acuerdos de precios y salarios ayuda a bajar estas preocupaciones y pensar en una agenda que se ocupe rápidamente de actuar sobre los problemas de la inflación alta y los comportamientos asociados a ella.

 

Tal vez el principal desafío de la actual agenda macroeconómica actual no sólo es lograr una buena renegociación de la deuda pública, sino poder compatibilizar las demandas sociales vinculadas a la recuperación de los ingresos con la necesidad de bajar la inflación para que eso se efectivice.

 

 

(*) Licenciado en Economía (UBA) y Profesor Adjunto de la Macroeconomía Argentina y Latinoamericana (UNGS)

 

(**) Licenciado en Economía (UBA) y Profesor Adjunto de Teoría de las Remuneraciones (UNLaM)

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