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En estos tiempos en los que se hace difícil conseguir trabajo, sobretodo en Argentina, resulta normal pensar que para conservar el puesto de trabajo hay que ser competente, eficaz, perfeccionista y responsable. Además, también se deben mantener bajo control las emociones, una forma de autocontrol, para que nada se salga de su lugar.

trabajo

Pero resulta que esas personas, cuyo sentido del autocontrol y perfección es elevado, tendrán que pagar un precio muy elevado a cambió. Así lo demostró un estudio de la Escuela de Negocios Fuqua, de Duke (EE UU).

En el trabajo se expone un caso ejemplo en el que se describe la situación de una persona a la que llamaremos Micaela. Ella “Tiene una disciplina de hierro, sigue una dieta equilibrada, madruga para hacer deporte y no se olvida de sus seres queridos en días señalados. Además, cumple con sus responsabilidades familiares”. Sin embargo, “es probable que se queje de que sus compañeros tienen expectativas exageradas sobre su rendimiento, buscan frecuentemente su ayuda, sus superiores le asignan más carga de trabajo que a sus colegas en la misma posición y su pareja espera que colabore más en casa”. No es difícil que alguien se sienta identificado con Micaela.

“La gente con esta personalidad [perfeccionistas y autocontroladores] dedican más tiempo y esfuerzo a las tareas encomendadas y a seguir buenos estándares de conducta saludable. Sus compañeros suelen pensar que les cuesta menos realizar el trabajo, por lo que ellos acaban teniendo la sensación de que su sacrificio pasa desapercibido. Al final del día, se sienten cansados e insatisfechos por las demandas de los demás”, explica Margarita Mayo, profesora IE Business School: “El tiempo y el esfuerzo puesto en ayudar a los demás resta para alcanzar los propios objetivos”.

El problema de la oficina se traslada a la casa

Mercedes Bermejo Boixareu, psicóloga, explica que la clave está en el equilibrio: “Una buena gestión emocional, o correcto autocontrol, no debería ser perjudicial. Si nos excedemos, podríamos poner en riesgo nuestra salud psicológica, e incluso física. Las personas que son enormemente rígidas tienen necesidad de controlarlo todo, son demasiado perfeccionistas, tienen un nivel de autoexigencia autodestructiva o se obsesionan fácilmente, pueden estar en riesgo de sufrir posibles patologías asociadas a la ansiedad, estrés, o incluso Trastorno Anancástico de la Personalidad: un perfeccionismo, rigidez y preocupación excesiva que interfiere en la actividad práctica diaria (según la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE)”.

“Es importante que la persona que se sienta así evidencie los esfuerzos extra que está realizando, para que les sean reconocidos. De no ser así, la situación le llevara a frustrarse y desmotivarse progresivamente, pudiendo llegar a padecer ansiedad o depresión”, aconseja Bermejo Boixareu, directora de Psicólogos Pozuelo, que sigue así: “Ser una persona de confianza es agotador. Uno debe conocer sus límites, hasta donde puede esforzarse sin olvidar otras áreas de su vida (afectiva, familiar, social…)”. Para la experta, si no se frena a tiempo, “un exceso de exigencia mantenido en el tiempo podría derivar en problemas como el burnout (agotamiento excesivo debido al estrés), mobbing o acoso laboral, o incluso otras patologías asociadas a trastornos de personalidad”.

“El exceso de responsabilidad puede afectar negativamente las relaciones emocionales. El papel que desempeñan estas personas, de apoyo para todos a causa de su falta de queja y absoluta eficacia, puede institucionalizarse, perdiendo valor. Esto perjudica las relaciones a largo plazo”. Bermejo Boixareu coincide: “Si estas personas con alto autocontrol ayudan a sus parejas o amigos, conviene que se sientan reconocidos y agradecidos, como en cualquier otro ámbito”.

¿Cómo saber si sufrimos de estrés laboral?

Elementos característicos:
– CANSANCIO EMOCIONAL: se caracteriza por la perdida progresiva de energía, el desgaste, agotamiento, fatiga.
– DESPERSONALIZACIÓN: se manifiesta por un cambio negativo de actitudes y respuestas hacia los demás. Siendo este el elemento de mayor jerarquía.
– FALTA DE REALIZACIÓN PERSONAL: tendencia a una auto evaluación negativa, que compromete la calidad de la realización de la tarea con incapacidad de soportar la presión, y baja autoestima.

Los síntomas que podemos observar son:

– FISIOLÓGICOS: agotamiento físico, fatiga, resfrios a repetición, alteraciones del apetito, contracturas musculares dolorosas, cefaleas, hipertensión arterial, disfunciones sexuales, insomnio, trastornos gastrointestinales, dislipemias, hiperglucemia, arritmias cardiacas.
– PSICOLÓGICOS: irritabilidad, ansiedad, rasgos depresivos, labilidad emocional, tristeza y desesperanza, actitudes rígidas e inflexibles, sentimientos de frustración laboral y despersonalización.
– CONDUCTUALES: expresiones de hostilidad, conductas impulsivas, incapacidad de concentrarse en el trabajo, contacto mínimo con las personas, aumento de las relaciones conflictivas, llegada tarde y salidas anticipadas, aumento del ausentismo, actitud cínica y aumento del consumo de café, cigarrillos, alcohol, psicofármacos y drogas.
En cuanto a su evolución podemos establecer cuatro estadios:
– FORMA LEVE: los afectados presentan síntomas físicos vagos e inespecíficos (cefaleas, dolores de espalda, lumbalgias), el afectado se vuelve poco operativo.
– FORMA MODERADA: aparece insomnio, déficit atencional y en la concentración , tendencia a la automedicación.
– FORMA GRAVE: mayor ausentismo, aversión por la tarea, cinismo, abuso de alcohol y psicofármacos.
– FORMA EXTREMA: aislamiento, crisis existenciales, depresión crónica, riesgo de suicidio.

Tips para prevenir el estrés laboral

– Respetar el espacio de almuerzo, un pequeño paréntesis en el día donde uno puede distenderse y poner la cabeza en otra cosa.
– Hacer una pausa a media mañana y otra a media tarde.
– Levantarse, estirar los pies, caminar, oxigenarse un poco, cambiar la posición del cuerpo. Todo esto relaja.
– Tratar de mantener una relación de camaradería e incluso fomentar el vínculo fuera del ámbito laboral.
– Concentrarse en las tareas logradas y no en las pendientes. Focalizarse en los objetivos cumplidos.

En conclusión, ¿es aconsejable ser menos responsable en el trabajo? Los expertos lo niegan. Jesús Labrador afirma que la clave está en compaginar el trabajo con otras actividades en las que la relajación o el descontrol sean posibles, incluso en horario laboral: “Son cada vez más las compañías que favorecen espacios de juego o de esparcimiento. Aunque el trabajo es siempre una actividad que entraña responsabilidad”. Bermejo Boixareau recomienda “autorregular las habilidades profesionales y desarrollar otras competencias emocionales, como motivación, autoconciencia, empatía y relaciones sociales”.

La entrada ¡CUIDADO! El PELIGRO de ser MUY BUENO en el trabajo aparece primero en TKM.

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