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Delincuentes por naturaleza, el brillante argumento de Cristina

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Jiijji amigo lector. Disculpe que empiece riéndome de este modo, es que me resulta imposible evitar enfocarme en el furcio de la Aforada de Recoleta mientras presentaba su libro en Cuba. ¡Qué ocurrencia la de esta mujer, ir así contra los italianos!.
No sé si tuvo la suerte de verlo, pero la exitosa abogada se refirió a los descendientes de italianos como “mafiosos por herencia genética”. Hay que andar un rato para encontrar a alguien que haya estudiado y defienda el componente biológico como causa principal de la delincuencia.
No me quiero equivocar, pero estoy casi seguro que la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto ayudaron a descartar de plano esas posturas de inferioridad racial. Uno por ahí se queja de que con el discurso setentista atrasan 40 años, pero con esto se van para atrás como unos 80. Si siguen así van a exponer esqueletos de aborígenes en los museos, como hacían los primeros antropólogos.
Es muy simpático ver cómo tantos hacen caso omiso de la frase, o la minimizan porque iba dirigida directamente a Gatricio, hijo del tano Franco. Después te quieren suspender un partido de fútbol cuando la hinchada corea “bolivianos” o te mandan el Inadi si te reís de la Pachamama, la whipala y todas esas cosas foráneas.
Esa doble vara es maravillosa, porque hace más o menos dos años Miauri dijo que en Sudamérica somos todos descendientes de europeos y le pegaron más que los colectivos a los palitos amarillos para marcar el tránsito.
Yo por suerte no tengo esa sangre mafiosa, pero me imagino que a los que la tienen la expresión les habrá molestado algo, la hayan votado o no. Con lo calentones que son los tanos, ¿justo ahora no van a reaccionar?. ¿Qué pensará Jorge Bergoglio, el papa descendiente de italianos que vive en Roma?
El tema acá es que siempre le dejan decir lo que quiera (esta vez incluso más que lo habitual, porque está en Cuba, reconocido paraíso de la libertad de expresión y tolerancia hacia las opiniones disidentes). Es la Donaltrán que nos tocó en suerte, que dice barbaridades pero igual recibe votos.
¿Se acuerda cuando se fue de visita a China? Se mandó un par de tuits en los que escribía la supuesta pronunciación de los chinos, con algo de “aloz” y “La Cámpola”. ¿Y la vez que alentaba a leer “El mercader de Venecia” para entender la avaricia de los empresarios? Que justo la obra asimile a los judíos con los comerciantes avaros debe haber sido un accidente que se le pasó por alto, no un prejuicio o un antisemitismo asimilado.
Igual estas cosas no son infrecuentes en nuestros líderes de opinión. Yo sé que usted tiene buena memoria y se va a acordar de algunos episodios que involucraron al petiso chamullero con algunas nacionalidades. La primera fue aquella vez que estaba en la cancha y se refirió a los hinchas de Belgrano como bolivianos. ¡Cómo le dieron de todos lados!
La última fue cuando dijo que los ecuatorianos eran sucios, siendo el embajador… en Ecuador. ¡Qué pedazo de diplomacia de alto vuelo, envidia de todo el mundo!. Ahí también tuvo que salir a pedirle disculpas hasta al último vendedor de bananas que se cruzó. No tengo dudas de que no aprendió, así que seguro en algún momento nos sorprende con otras.
Esa cosa de los estereotipos y prejuicios son un mecanismo básico para simplificar la vida. Como nos lleva mucho tiempo conocer todo lo que nos rodea, es más fácil agarrar lo que está cerca y es más o menos aceptado. Como Pichetto diciendo que los peruanos son todos narcos.
Esas cosas son las que pasan cuando alguien es poco leído y no entiende las complejidades del mundo, porque su visión estrecha le da la soberbia del ignorante. Ya lo dijo Unamuno, “el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”, dos actividades no tan arraigadas en la cinéfila vicepresi.
¿Se imagina que Schiaretti dijera que los gallegos son todos brutos, o que Llaryora dijera que los turcos son todos garcas? Piense en El Profe Alberto diciendo que los tucumanos son ladrones; los cordobeses, chantas; los santiagueños, vagos; los porteños, agrandados. ¿Alguien se las dejaría pasar?.
Le pongo un último ejemplo. Si yo digo que los peronistas son todos chorros, los radicales son todos cobardes, los trotskistas son todos inútiles, los conservadores son todos reprimidos y los liberales son todos opas, no tengo razón. Son estereotipos que transportan prejuicios, y cualquiera que pertenezca a esos grupos haría bien en ofenderse y pedir que no generalice, que no es más que lo que hizo la Aforada en Cuba (que siempre tuvo mucho italiano en su gabinete, O’Higgins).
Me parece que ya es hora de despedirme, amigo lector. Si usted viera cómo se pusieron la semana pasada por el título de las feministas, mejor cortar acá con los ejemplos, porque si llego a decir algo como lo que dijo la vicepresidenta sobre los que son del palo, me buscan en casa para lincharme y que me retracte públicamente. Por las dudas no les voy a dar más ideas.

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