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Las plantaciones de coca se duplicaron en Colombia en los últimos dos años

La firma del histórico acuerdo paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) a finales de 2016, y la consiguiente desmovilización y entrega de armas de los guerrilleros este año, puso a fin a un conflicto de 57 años y más de 220.000 muertos, según cifras del Centro de Memoria Histórica del gobierno colombiano.

Pero el flagelo del narcotráfico y las organizaciones criminales, en cambio, no parece dar señales de estar reduciendo su violento impacto en la vida del país.

El último viernes, las Naciones Unidas informaron que el año pasado se sembró en Colombia más coca que nunca: 146.000 hectáreas, 52% más que el año anterior.

"En los últimos tres años, hemos visto un sustancial aumento en el cultivo de coca en Colombia, y en los últimos dos se ha duplicado el territorio cultivado", dijo Bo Mathiasen, representante colombiano en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), en un informe de esa cartera, marcando un período que coincide con los avances del proceso de paz iniciado formalmente en 2012.

El experto argentino en narcotráfico y graduado del centro George C. Marshall de estudios sobre seguridad, Martín Verrier (Nicolas Stulberg)

Por su parte Martin Verrier, experto en narcotráfico y subsecretario de Lucha contra el Narcotráfico del gobierno de Argentina, señaló que si bien la cocaína proveniente de Colombia ha aumentado de precio en su país debido a los esfuerzos de las fuerzas de seguridad, no se ha reducido su calidad.

"La conclusión a la que llegamos es que hay una sobreproducción en este momento de cocaína en los países productores", dijo en referencia a Bolivia, Perú y Colombia.

"El proceso de paz en Colombia, muy exitoso desde el punto de vista político y de la organización institucional del país, está siendo muy nocivo en cuanto al control del territorio donde se produce cocaína y hoy el país está en niveles récord de producción", aseguró durante un seminario internacional sobre narcotráfico y terrorismo organizado el martes en Buenos Aires por la Universidad del CEMA.

(Nicolás Stulberg)

Mientras que Marcus Reis, experto en terrorismo y Coordinador General de Defensa en la Secretaría Especial de Asuntos Estratégicos de la Presidencia de Brasil, coincidió también en que la paz entre las FARC y el gobierno "es vista por las organizaciones criminales como una oportunidad para meterse en Colombia".

"El Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV) están peleando por tres regiones principalmente, Amazonas, Rondonia y Matto Grosso, los estados de frontera con Colombia, Perú y Bolivia, desde donde llega la cocaína a Brasil", explicó durante el encuentro en la capital argentina, en referencia a las dos principales bandas narcotraficantes del Brasil.

"Estas bandas ya empezaron a mirar el proceso de paz en Colombia como una oportunidad para meterse y controlarlo", agregó.

Guerrilleros del Frente 30 “Rafael Aguilera” de las FARC, durante la entrega de armas (EFE)

Las FARC han estado históricamente ligadas al tráfico de drogas como medio de financiamiento para sus acciones guerrilleras y terroristas en Colombia. Su desmovilización y transformación en una fuerza política convencional, en el marco del acuerdo de paz, supone entonces un vacío de poder en las regiones productoras, más aún si la organización se retira completamente del negocio y ayuda en la lucha contra el narcotráfico, algo que aún está por verse.

"Ellos históricamente han regulado y protegido la industria y tenían un monopolio sobre la base de coca", señaló Jeremy McDermott, director en la consultora estadounidense en segurid Insight Crime, a la BBC en un reciente artículo.

"Entonces la pregunta es, en las zonas de influencia de las FARC, quién va a asumir el papel regulatorio de establecer el precio de la coca y proteger esta industria, quién va asumir el control territorial que las FARC han tenido" agregó.

Marcus Reis, experto brasileño en terrorismo y contrainsurgencia (Nicolas Stulberg)

Hay disputas en la medición del auge en el cultivo de cocaína en Colombia en los últimos años, pero en 2016 Eduardo Díaz, director de la oficina de la Atención Integral de la Lucha contra las Drogas de Colombia, señaló a la agencia EFE que las hectáreas dedicadas al cultivo de coca habían llegado a las 96.000, casi el doble que apenas dos años antes y un pico no visto desde el 2007.

Pero estimaciones del gobierno de Estados Unidos, señalaba el propio Díaz, hablan de un número cercano a las 150.000 hectáreas.

Narcotráfico y terrorismo

"La lucha contra el narcotráfico es un interés vital, de eso depende la misma existencia del Estado", señaló Verrier.

El experto graduado en el George C. Marshall Center for Security Studies, un centro de estudios financiado por el departamento de Defensa de Estados Unidos y ubicado en Alemania, señaló que "las organizaciones criminales se conforman y comportan de manera celular, y ésta es una coincidencia con el terrorismo".

El PCC nació y creció en las cárceles brasileñas

"Estamos hablando de un esquema de organización que no responde a la tradicional mafia verticalista con un capo mafia y tenientes, lo que hace mucho más difícil y compleja la investigación", agregó, e indicó que cada vez más se está observando el surgimiento de clanes familiares que se distribuyen las tareas.

Reis también comparte el carácter "descentralizado" de las bandas narcotraficantes. "Esta relación entre el crimen y el terrorismo, que llamamos convergencia, está pasando en Brasil, hay intereses comunes. Las bandas como el PCC y el CV comienzan a tener fines políticos, una ideología, que les permite reclutar miembros y evitar la competencia", explicó.

"Pero la gran pelea entre estas organizaciones está en la frontera, donde llega la cocaína a Brasil, el segundo consumidor de cocaína del mundo después de Estados Unidos", concluyó.

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