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Un alboroto en Internet estalló sobre los zapatos de mujer. Bueno, no son zapatos reales. Son los emoji de zapato. Específicamente el de color rojo. La controversia fue provocada por la campaña del experto en relaciones públicas Florie Hutchinson para persuadir al Subcomité Unicode Emoji (sí, es una realidad) para agregar la zapatilla de ballet plana. ¿Por qué las mujeres deben limitarse a un sexy zapato rojo, el único zapato oficial de "mujer" que actualmente está en el mundo de los emoji? Tal y como argumentó Florie en su propuesta, "un zapato plano ayudaría a allanar el camino a una representación pictórica y no sexualizada de género de la categoría de calzado".

Teniendo en cuenta todo lo que está minando la energía de las mujeres y todo lo que está robando nuestra atención en estos días, con noticias de poderosos depredadores sexuales en serie, trolls de Twitter a tiempo completo, la misoginia desenfrenada que ocupa nuestras vidas cotidianas… tal vez parezca absurdo hablar de stilettos rojos o de cualquier otro aspecto del clóset de la mujer. Pero las modas de las mujeres ejercen un poder legítimo sobre sus propias vidas y, con demasiada frecuencia, pagamos un alto precio por los zapatos y la ropa que se espera que vistamos. Desde una edad muy temprana, encontramos que la moda femenina regularmente limita nuestra capacidad de movimiento, y ese tipo de zapato, que nos deja adoloridas y nos impide alcanzar el autobús, encarna esa misma idea.

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El problema comienza a corta edad. La socióloga de la Universidad de Michigan Karin Martin observó a más de 100 niños y niñas de cinco jardines de infancia. Ella concluyó que la forma en que las niñas vestían inhibía su capacidad de moverse. Resulta que es difícil arrastrarse por el piso con un vestido. Las chicas también tenían que controlar cómo se movían en su ropa. Usar un vestido significaba que no podías hacer lo mismo cuando tus compañeros de juego apoyaban los pies en una mesa. La ropa de las niñas era una fuente continua de distracción. Martin vio a niñas de cinco años jugando a disfrazarse con un par de zapatos de mujer. Las chicas practicaban como si estuvieran en una pasarela y sus pasos eran pequeños, ya que imitaban el estilo de las mujeres adultas que se mueven en tacones.

Los investigadores de Kenyon College analizaron docenas de disfraces de Halloween, tarjetas del Día de San Valentín y figuritas dirigidas a niñas y niños. Casi el 90 por ciento de los personajes femeninos en estas piezas de cultura popular estaban adornados con lo que los investigadores llamaron "ropa decorativa": ropa que impide el movimiento. En contraste, casi el 80 por ciento de los personajes masculinos usaban ropa funcional que fomentaba la libertad de movimiento. Un traje de Spiderman te permite correr y jugar sin preocuparte por exponer tu cuerpo o rasgar el disfraz. Un vestido de princesa requiere que te sientas como una dama, te las arreglas como puedes para evitar tropiezos con la falda y mantienes la cabeza erguida para no perder la tiara.

Las cosas no parecen cambiar mucho cuando las chicas se convierten en mujeres. Usamos faja para ocultar cualquier imperfección porque el control de la forma de nuestro cuerpo es más importante que llevar oxígeno a nuestros pulmones. Usamos faldas que se muevan con el viento cuando caminamos o tops que se levantan cuando nos inclinamos. Usamos vestidos que nos obligan a estar "succionadas" durante horas.

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Y luego están los zapatos. La profesora de derecho de Stanford, Deborah Rhode, escribió sobre el hecho de ver a mujeres profesionales llegar tarde a reuniones porque los tacones que llevaban les exigían esperar en la cola del taxi en vez de caminar. Esto sin mencionar el hecho de que ir con tacones puede tener un efecto negativo permanente en la forma de caminar e incrementa el riesgo de sufrir osteoartritis. Estas colecciones ya son algo natural en una cultura en la que la objetificación sexual de las mujeres es algo desenfrenado. Un estudio descubrió que a medida que más mujeres se consideraban a sí mismas como objetos sexuales, menos probable era que seleccionaran la ropa con la comodidad en mente. Cuando las mujeres sienten que deben usar ropa y zapatos que las dejen con un fuerte dolor al final del día, tenemos un problema, y eso va más allá de nuestras opciones de emoji.

Yo lo he sufrido. En el estante superior de mi armario hay un par de tacones de aguja que acumulan polvo. La última vez que me los puse, mi pareja me dijo: "¿Estás segura de que quieres ponértelos? ¿No te dolerán los pies?". Por un momento sus preguntas me dejaron sin palabras. Por supuesto que lastimarían mis pies. Al final de la noche, indudablemente estaría medio cojeando de dolor. Pero, ¿no es eso lo que hacen las mujeres?

Últimamente he estado pensando mucho sobre los tacones de aguja y más desde que leí sobre un evento que llevaba por título "Camina una milla en tus zapatos". Es una combinación de recaudación de fondos y una campaña de sensibilización para luchar contra el asalto sexual y la violencia de género, en la que los hombres literalmente caminan 1,6 kilómetros en zapatos de mujer, concretamente unos stilettos rojos. Me llamó la atención la imagen de un hombre exhausto al final de la caminata después de realizar esos casi dos kilómetros de castigo. También me sentí cansada. Cansada de muchas cosas, pero también cansada de nuestra ropa y de nuestros zapatos, lo que hace que sea más difícil para las mujeres estar presentes y ser más eficaces en el mundo.

En pocas semanas descubriremos si la propuesta de Hutchinson fue exitosa y será cuando el comité de emojis haga su anuncio oficial. Eso no librará al mundo del sexismo, pero podría proporcionar un poco de inspiración a las mujeres que luchan por encontrar el equilibrio entre estar a la moda y sentirse cómodas. Porque las mujeres que quieren verse bien también quieren poder correr si lo necesitan. ¿Los emoji de zapatos importan más que la larga lista de problemas críticos que enfrentan las mujeres? Por supuesto que no. Tenemos muchas batallas por las que luchar. Sería bueno si nuestros armarios no nos frenaran en el camino.

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