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El gobierno del miedo

Décadas de estancamiento, de marginalidad, de falta de crecimiento. Millones de personas sin trabajar. Millones de personas intentando tener un pan sólo basados en el milagro. Años y años esperando quién sabe qué. Crisis y grietas internas que agudizan la falta de fe en ningún proyecto. El comenzar a pensar que todo tiempo pasado fue mejor y, sin lugar a ninguna duda, una total y absoluta crisis de liderazgo.

Esa es la descripción del pueblo judío en el desierto. Sólo nos separan apenas 3300 años, y un par de detalles.

Esta última semana nos sucedieron una catarata de emociones y sentimientos. Desesperanza, frustración, bronca, enojo, incertidumbre.

Mucho más allá del signo político, de a qué, por qué, o a quién haya votado cada uno. No importa. Se trata de la sensación de tristeza que genera nuestro país, en el que nadie nunca gana una elección, sino que siempre hay alguien que la pierde. Nadie gana realmente. En los últimos 25 años sólo se vota para terminar con el gobierno de turno. Siempre se pierde. Y eso genera desazón y pesar por lo cotidiano, desilusión por lo esperado e inseguridad por lo que vendrá.

Todas esas sensaciones y emociones tienen un denominador común: el miedo. Y entonces el que comienza a gobernar a la hora de elegir, es el miedo. De hecho, en la elección anterior hubo una campaña del miedo contra el candidato que finalmente ganó. Sucedió lo mismo en esta elección. Unos pregonando el miedo al presente, otros al pasado, y sólo generando más incertidumbre y terror al futuro. Se instala el miedo, y en general por miedo, reaccionamos desde y contra el miedo.

El miedo es legítimo, válido, real y hasta necesario. Le tememos a muchas cosas. A nuestros hijos, si acaso los estamos educando bien, si estamos haciendo bien las cosas, si logramos esbozar todos los “no” que debiéramos. Tenemos miedo al paso de los años, que pasan igual. Tenemos miedo al final. Miedo a la salud, porque no está en nuestras manos. Miedo a la muerte, porque no sabemos qué viene después. Tenemos miedo al presente difícil que golpea cada día, y más aún al futuro por la dimensión de las incertezas.

La Argentina también da miedo. El problema es cuando el miedo es quien gobierna.

El Rabino Itzjak Abravanel vivió en el siglo XV en España. La España de la inquisición, las torturas y la hoguera para el hereje. Testigo de la expulsión forzosa de los judíos, vale la pena escuchar lo que opina acerca del miedo.

Abravanel dice que debemos distinguir entre sentir miedo, actuar por miedo y actuar a pesar del miedo.

Sentir el miedo es algo natural tanto en el ser humano como en los animales. Ante cualquier peligro, el espíritu de supervivencia, genera esa sensación de angustia que puede atraversar todos los sentidos.

Así también es natural el actuar por miedo, o sea actuar desde la reacción que genera ese temor. La reacción ante el miedo lleva a que gobierne el miedo, pero no la razón. Existen varias cosas que pueden gobernar nuestras elecciones y decisiones por sobre nosotros mismos. Podemos ser gobernados por el ego, por una pasión, o por el miedo. Cuando eso sucede, no es tu alma la que elige.

Diferente es actuar, pero a pesar del miedo. No es pensar que el miedo no existe, sino tener la inteligencia de saber que aún con ese temor que es real, no debemos reaccionar por o desde el miedo, sino a pesar de él. La herramienta que tenemos para eso es el valor. No solamente el valor como sinónimo de coraje, sino el valor que le damos a aquellas cosas que valen la pena, a las batallas a luchar, a las cosas que tienen más valor que el miedo que tengamos. Nos da miedo a veces la familia, el trabajo, los hijos, la Argentina, o el amor. Pero sabemos también todo lo que valen.

El valor de las convicciones. El valor que le damos a nuestras ideas e ideales. El valor que le damos a nuestros vínculos, al círculo de amigos, a nuestros afectos. El valor que tiene nuestro esfuerzo, el trabajo y el sacrificio por nuestros proyectos. El valor que le damos a nuestros compromisos, a las promesas del tipo de almas y de vidas que queremos llevar. ¿Cuánto vale todo eso? ¿Cuánto vales vos?

Ninguna persona, ningún candidato de ninguna elección, será ningún Mesías que nos salve de los miedos que tengamos. Es el valor de poder poner sobre la mesa los valores que tenemos para enfrentar las luchas que sí valen la pena.

Dice Ambrose Redmoon, seudónimo de James N. Hollingworth: “El valor no es la ausencia del miedo, más bien es la opinión de que otra cosa es mucho más importante que el miedo”. El miedo existe, pero hay cosas más importantes, más sagradas que el miedo. Cosas que hacen que a pesar del miedo, seamos nosotros quienes elijamos y gobernemos sobre nuestras vidas.

Moisés sabe que va a morir. El pueblo que tiene enfrente es una nueva generación que ha heredado un pasado tortuoso y lleno de frustraciones. Él está por partir sin haber llegado a la famosa y tan lejana Tierra Prometida. Está aterrado. Miedo a no terminar su obra, miedo al final, y miedo por el futuro de tantos otros. En ese momento su alma de líder se llena de valor, e infunde valor. Comienza a recordar cómo a pesar de las dificultades, de la pobreza, la marginalidad y la exclusión, la falta de oportunidades, y los interminables desiertos, habían logrado de todas formas llegar hasta aquí. Recordar todo lo difícil del camino y entonces empezar a preguntarse.

Lo imagino diciendo con el corazón: “¿Quién más que vos sabe todo lo que valés? Todo lo que podés. Todo lo que tu historia, tu sangre, tu alma, tus sueños y tu destino valen. Sé qué se siente al estar en el medio del desierto, pero pensá de dónde saliste, pensá qué es lo que vivieron tus abuelos, tus padres, todas las crisis que atravesaste, todos los problemas que sufriste, todas las frustraciones que viviste. Pero ahora estás acá, parado con un código moral y ético, pleno de valores, y esto te tiene que dar el valor para atravesar lo que tengas enfrente. Ahora, recordá siempre: no permitas que el miedo gobierne tu vida ni tus elecciones”.

No se trata de construir un modelo económico o político. Lo que necesitamos es construir un modelo social. Un modelo de sociedad con valores que no se negocien. Con políticas y acuerdos que no entren en ninguna campaña. Con el compromiso de continuar aquello que está bien, y no empezar siempre todo de cero. Un proyecto social que se transforme en un contrato y un pacto sagrado de las cosas que no se negocian. Tener el Valor, para sentarnos sobre una base de Valores. Después el proyecto económico o político será una herramienta. Pero no el objetivo. No nos merecemos seguir viviendo en el desierto.

Amigos queridos, amigos todos.

Si buscamos dentro nuestro, descubriremos mucho más valor del que creemos. Más coraje, pasión, entusiasmo, energía, esperanza y fe.

Especialmente en tiempos de abatimiento, de desesperanza y miedo, no debemos esperar que otros gobiernen por nosotros. Sino ser nosotros los líderes de nuestras propias elecciones. Ser nosotros quienes gobernemos nuestra alma.

Dice el Rebe Najman de Braslov:

“Recuerda:

Las cosas pueden pasar de lo peor a lo mejor…en un abrir y cerrar de ojos.

Perder la esperanza es como perder la libertad, como perderte a ti mismo.

El Arquitecto del mundo nunca hace dos veces la misma cosa.

Cada día es una creación absolutamente nueva.

Toma lo que más puedas de aquello que cada nuevo día tiene para ofrecerte”.

*El autor es Rabino de la Comunidad Amijai y presidente de la Asamblea Rabínica Latinoamericana del Movimiento Masorti.

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