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El Trans Am Totem, en el corazón de Vancouver, Canadá, mezcla la naturaleza con la cultura del consumo

Fantasía, ingenio, enajenación, disparate. La fina frontera del arte divide las creaciones humanas según el cristal de la interpretación. El hombre es un creador de cosas, históricamente. Acumula un derrotero de creaciones desde las más ordinarias y básicas hasta las más abstractas y dramáticas. Inventó al auto como instrumento de movilidad y después los transformó para convertirlos en piezas artísticas, monumentos, obras de culto.

Los autos que ascendieron a la categoría de inspiración para los artistas evidencian la penetración de su uso, su influencia y su impacto en la sociedad moderna. Son estructuras levantadas para blandir un mensaje, un concepto, una teoría. Modificadas, recortadas, adulteradas pero con una materia prima que se deja distinguir: ruedas, puertas, ventanas, la inconfundible silueta de un auto. Son los monumentos -exóticos o mágicos- repartidos por el mundo que transmiten su arte a través de piezas nobles de la industria automotriz.

Cadillac Ranch

Diez autos Cadillac están anclados a la vera de la ruta 66 en Texas, Estados Unidos

Los diez autos que parecen emerger del desierto buscaron representar la edad dorada de los automóviles americanos. Una decena de Cadillacs le dan nombre al Cadillac Ranch, un monumento financiado por el millonario Stanley Ranch que desde 1974 maquilla el paisaje de la ruta 66, en el estado de Texas, Estados Unidos. Es una obra de arte viva que permite la intervención de cualquier persona que quiera dejar su garabato en la carrocería. Sin embargo, están fiscalizados por curadores que reemplazan piezas -o los mismos autos- que se rompen y repintan la estructura por causas benéficas o para celebrar alguna efeméride familiar.

Long Term Parking

En Francia, una escultura ochentosa mantiene encerrados en el recuerdo a 59 cadáveres de autos clásicos

Un estacionamiento surrealista vive en Domaine du Montcel, Jouy-en-Josas, Francia, cerca de Versalles, donde se conservan acumulados y encerrados en hormigón 59 cadáveres de autos históricos. Es una gran columna que estimula la nostalgia de los más románticos y puristas: allí permanecen modelos de culto ochentoso como Renault 5, Simca 1100, Fiat 124, Peugeot 204 o Volkswagen K70. El bloque -una construcción del artista francés Armand Fernandez en 1982- combina los modelos con 18 toneladas de hormigón para elevarse a casi 20 metros.

Trans Am Totem

Por las noches, baterías solares encienden las luces de los vehículos del Trans Am Totem

Vancouver, Canadá, montó una estructura exótica: cinco autos apilados sobre el tronco de un árbol. Se inauguró en abril de 2015 la obra que el arquitecto Marcus Bowcott donó a la ciudad para provocar un sentimiento indefinido, contrastable. “Es una pieza de provocación, supongo. Me gustaría que piensen en términos de la historia de este lugar, en cuanto a la manifestación actual de este lugar”, dijo su creador. Su obra fusiona la cultura del consumidor con la naturaleza, los cedros con los autos. La estructura mide diez metros y pesa 11.340 kilos, y presenta un BMW serie 700, un Honda Civic, un Volkswagen Golf Mk1 Cabrio y un 1981 Pontiac Trans Am que culmina y da nombre al monumento.

Carhenge

Carhenge, en Nebraska, Estados Unidos, es una de las atracciones más extrañas del mundo

Un tributo a la célebre construcción neolítica de Stonehenge, en Inglaterra, se emplaza en el estado de Nebraska, Estados Unidos. Son 38 autos pintados de gris que emulan el monumento que nadie sabe cómo ni por qué se edificó. Carhenge es un homenaje fiel a su fantasía: cada vehículo reproduce la misma forma que cada pieza del diseño original, el círculo también recrea los exactos 29 metros de diámetro. El arquitecto Jim Reinders la realizó en 1987 en honor a la memoria de su padre, propietario del campo donde se monta esta escultura. En la actualidad es una de las grandes atracciones de la ciudad y una de las obras más magnéticas y curiosas del mundo.

Betsabée Romero

Bicicletas y autos sin neumáticos, la obsesión de la movilidad en una obra de Bestabée Romero en México

Betsabée Romero, una de las artistas mexicanas más destacadas del siglo, dice que “todos somos seres en movimiento”. Encontró al auto como el símbolo para explorar la posibilidad semiótica del movimiento. “Refugio, segunda casa, espacio de iniciación sexual, de fragilidad, el lugar del accidente y del secuestro, el lugar de la intimidad”: el auto es todo eso para la artista visual. Sus obras son precisamente la intervención artesanal del objeto industrial: habla de las contradicciones de una sociedad de consumo. Y se concentra en los neumáticos y los autos abandonados para intervenirlos y abordar el olvido, el atropello. Sus exposiciones son itinerantes, no están fijas, como los autos, su fuente de inspiración.

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