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El papa Francisco (Reuters)

En su columna del pasado domingo en La Nación, mi amigo Jorge Fernández Díaz enfrenta al Papa con Juan José Sebreli y su último libro sobre las religiones ("Dios en su laberinto"), que en su momento me fue obsequiado por el autor aclarando que me menciona en dos oportunidades.

Recordé haber leído muchos años atrás su libro sobre el fútbol -"contra el fútbol" es más preciso en realidad- y me resultó fascinante. El individualismo (o "contrarianismo") de Sebreli me merece todo el respeto, pero a veces llega a límites excesivos, inconducentes. Leer su último libro me resultó una tarea ardua, no del todo grata.

Blasfemo, Fernández Díaz equipara en su artículo a Sebreli con el Papa. Guste o no, trascendemos al mundo por los futbolistas y el Santo Padre, el resto, por más valor intelectual, es de "entre casa". La vida nos regaló un Papa que deslumbra a la humanidad, que sin duda ya es el más importante de nosotros mucho más allá de nosotros, y de puro originales intentamos reivindicar el ateísmo, solo para llamar la atención.

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Entre muchas imprecisiones, Sebreli repite la historieta del Papa y Guardia de Hierro. Fui el primer militante de ese grupo que estudió en la Universidad del Salvador, no me lo pueden narrar como si fuera importante, no lo fue. Ni Bergoglio era de Guardia, ni las historias de iniciación valen la pena si no tienen cierto nivel -ni qué decir verdad.

¿Por qué rescatan el libro de Sebreli ahora? (ya tiene más de un año de publicación). Tal vez imaginen que instalar a Macri se logra demonizando al peronismo, al populismo y a la religión, limpian todo eso e inician una etapa floreciente donde ellos son el futuro. Pero por ahora, para la Humanidad, el Papa es más importante que Durán Barba, Sebreli, Zanatta y Luis Alberto Romero.

Los simpatizantes del oficialismo deberían tener más en claro que los verdaderos problemas del Gobierno no son ni con el peronismo, ni con el Papa ni con la religión, y no se solucionan con agresiones varias. Los que se fueron eran un desastre -eso es indiscutible- y no hay oposición, pero a veces tampoco uno entiende hacia dónde nos quiere llevar el Gobierno. Se enojan con el peronismo y con el Papa, ¿pero por qué no asumen sus propias limitaciones, sus propios pecados?

Me reivindico peronista y católico, y quiero apoyar al Presidente. Pero pido: paren con los golpes bajos, no le sirven a nadie, y mucho menos al Gobierno.

Como supo decir el Padre Carlos Mujica, "el problema no es si existe o no existe el cielo, el problema es que necesitamos terminar con este infierno".

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