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Su perfil tiene algo de navaja suiza: experiencia internacional, gusto por el juego, perseverancia y una piel espesa para resistir la presión. La ONU tiene una veintena de emisarios en todo el mundo para quienes pacificar países en conflicto muchas veces es misión imposible.

“Son funcionarios motivados por sus convicciones y una parte de ego. Ser llamado ya es un gran privilegio”, cuenta un funcionario de ONU que pide anonimato.

Es el caso del británico Martin Griffiths, que acaba de ser elegido emisario para Yemen. Quienes asumen la responsabilidad de poner fin a un conflicto parecen tener la vocación necesaria para enfrentarse a horrores como en Siria, Libia o el Congo.

Otras misiones son menos peligrosas como, por ejemplo, reunificar Chipre o encontrar un nombre para Macedonia que agrade a Grecia.

La ONU tiene una veintena de emisarios, algunos con misiones puntuales como el secretario general e Asuntos Políticos, el estadounidense Jeffrey Feltman, que viajó a finales de 2017 a Pyongyang. El viaje “más importante de mi carrera”, confesó.

El trabajo de los emisarios, “es un trabajo sucio, un poco una vida de perros”, señalan algunos diplomáticos, que explican que algunos de ellos tienen en sus manos la responsabilidad de miles de Cascos Azules.

“Sermoneados por unos y otros, concentran todas las frustraciones”. “Les hace falta mucha humildad, paciencia, y saber aprovechar las oportunidades para crear condiciones de diálogo”. “Ser un gran jugador de ajedrez y poder pedir a otros que muevan piezas”, dijo uno de ellos.

Los mediadores de los mayores conflictos, como Siria, Libia o Yemen, están al nivel del subsecretario general de la ONU y cobran unos 12.000 dólares al mes. Al aceptar su misión pierden gran parte de su vida personal, se comprometen a multiplicar sus viajes y regularmente tienen que rendir cuentas de sus avances y bloqueos a Nueva York .

El apoyo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Rusia y China) es indispensable para una candidatura, al igual que la aceptación de los beligerantes y de los actores regionales.

Los emisarios son “fusibles y los más astutos se van antes de que les echen”, apuntó otro diplomático. La vida de la ONU está marcad por estos lanzamientos de toalla cuando no se ha podido imponer una paz imposible.

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