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“A sangre fría”. Esas fueron las primeras tres palabras que pronunció la fiscal Carolina Carballido Calatayud, de la Unidad Especializada en Violencia de Género de Pilar, en el inicio del juicio por jurados contra Fernando Farré, la tarde del lunes en los Tribunales de San Isidro. Y fueron también las tres últimas de Laura Zyseskind, la otra fiscal que integra el equipo que acusa al empresario por el femicidio de su esposa, Claudia Schaefer, ocurrido en agosto de 2015 en un country de Pilar.

“La mató a sangre fría”, repitieron ambas mujeres con los ojos puestos en los 12 ciudadanos comunes que integran el jurado y que serán quienes definan el destino del asesino: si se lo declara culpable por unanimidad del doble homicidio agravado, Farré podría recibir la prisión perpetua. Las fiscales insistieron en sus alegatos que el femicida planeó el crimen de la madre de sus tres hijos. Lo hicieron para dejar claro el eje central de su hipótesis y la de la querella (que representa los padres, las hermanas y los hijos de la víctima) durante los días que dure el juicio por jurados.

Las fiscales Laura Zyseskind (centro) y Carolina Carballido Calatayud (der) y el abogado de la querella Jorge Sandro (2° izq) durante la primer audiencia del juicio que se le sigue al empresario Fernando Farre por el crimen de su esposa.Foto NA: JUAN VARGASzzzz

Es que del lado de Farré, su abogado Adrián Tecna intentará convencer mediante las pruebas y los testigos que acerque a San Isidro que el empresario la mató en un ataque de locura o motivado por la emoción violenta, lo que significaría, de ser considerado por el jurado, una vida eterna en un hospicio psiquiátrico en lugar de la cárcel.

El juicio contra el femicida comenzó de mañana cuando las partes seleccionaron a los 12 jurados titulares (seis mujeres y seis hombres) más otros seis suplentes. El trámite ocupó toda la mañana y, luego de un receso, pasadas las 15, comenzaron los alegatos iniciales.

Farré presenció la audiencia. Entró a la pequeña sala colmada por el público vestido de manera muy elegante: traje gris y camisa celeste. Su pelo lucía más canoso que en la foto aterradora donde se lo ve manchado con la sangre de su esposa. Sin embargo, Tecna pidió que no lo fotografiaran. Su actitud, durante la hora y media que duró el primer capítulo del juicio, fue la de un hombre impasible. No tocó el vaso de agua ni reaccionó cada vez que las fiscales o el abogado de la familia de la víctima relataron la forma en que mató a su esposa.

Solo habló al principio, cuando el juez Esteban Andrejin, del Tribunal Oral en lo Criminal 2 de San Isidro, le hizo preguntas de rigor: nombre, fecha de nacimiento, ocupación y si tenía antecedentes penales. En esta última cuestión, Farré hizo un breve silencio, acomodó su voz y respondió un lacónico “no”.

“A sangre fría. Así decidió el señor Farré asesinar a su esposa. Tomó dos cuchillos y los escondió y la esperó en la casa que usaban para los fines de semana. Cuando ella llegó encontró el momento justo, la siguió y en el vestidor cerró con llave y le empezó a dar golpes de puño y le dio 66 puñaladas. En el rostro y en el torso. Y a pesar de que ella intentó defenderse la degolló. Sí, señores. La mató. El sabía que esta era la última vez que se encontrarían como pareja. Era su oportunidad”, detalló la fiscal Carballido Calatayud en su alegato, atenta a las formas de la narrativa oral, como lo había ensayado días antes con diversos entrenadores (incluso llegados de Estados Unidos) especialistas en la dialéctica de los juicios por jurados.

Es que las partes deben, con pruebas y testigos, convencer a los 12 jurados. Para que Farré reciba perpetua, de hecho, la docena de ciudadanos debe estar de acuerdo en su culpabilidad. El empresario está acusado del delito “homicidio doblemente agravado por el vínculo y por haber mediado violencia de género”.

“Claudia trabajaba y era buena amiga y cuidaba a sus hijos. Buscó en su familia un lugar de amor y sin embargo en el seno íntimo encontró su muerte a los 44 años”, continuó la fiscal de Género. A menos de dos metros suyo, Farré la escuchaba sin mover un sólo músculo de su rostro. Por momentos oía con los ojos cerrados, como si se durmiera, meditara o fuera presa de alguna píldora tranquilizante.

Según el planteo de Carballido Calatayud y de Zyseskind, antes de matarla “Farré se probó todas las máscaras de la violencia”. Schaefer quiso salir de esa espiral demencial pero no llegó. Lo denunció y activó el divorcio pero “Farré la mató y no respetó su decisión”.

El juicio tendrá más de 50 testigos e incluso se reproducirán audios que, según las fiscales, dan cuenta de que ya 20 días antes del asesinato, Schaefer denunció la violencia que ejercía Farré sobre ella. “Van a oir relatar a Sandra el tremendo drama de su hermana hasta que perdió la vida”, advirtió Jorge Sandro, abogado querellante, quien explicó al jurado que si el asesino va a la cárcel y no a un psiquiátrico pierde la patria potestad sobre sus tres hijos. “No quisiera imaginarme el destino de sus hijos si quedan bajo el control de un padre así”, remarcó ante los 12 jurados el abogado de la familia Schaefer, para quien “Farré asesinó de forma fría, deliberada y cruel” a su esposa.

La estrategia de la defensa quedó clara en el alegato inicial de Tecna. El abogado de Farré buscará convencer al jurado de que el asesino “enloqueció transitoriamente” con el fin de lograr la inimputabilidad o, en el peor de los casos, la emoción violenta, que contempla una pena de entre 10 y 25 años de prisión.

Tecna pidió al jurado que viera el caso como “una película cuyo final ya conocemos” y remarcó que la misión de los ciudadanos es “desentrañar la trama”. Por eso buscará convencerlos de que el asesino “no es un violento ni cosificaba a su mujer y menos era un femicida”. 

Con cierta ironía, el abogado reconoció que “‘a sangre fría’ suena impactante” pero apuntó contra las fiscales y las acusó de “olvidar detalles” al asegurar que “Farré estaba lejos de ser lúcido y brillante” el día del femicidio.

Cerca del final, Tecna apeló a los recursos cinematográficos que él mismo aludió para el jurado al principio de su discurso. E impregnó de cierto misterio su estrategia cuando les dijo a los jurados: “Va a surgir una historia oculta frente a sus ojos, traumática y shockeante, que Farré conoció antes del homicidio”.

Para las fiscales fue un show. Les cuesta creer que el jurado pueda conmoverse por alguna excusa que justifique un femicidio. Algunas versiones indicaban antes del jucio que Tecna apelaría a un medicamento que Farré tomaba antes del crimen. Pero su estrategia es una incógnita.

Empezará a develarse el martes, cuando se retomen las audiencias. Y se dilucirá en pocos días, cuando finalmente quien sea el presidente del jurado se pare frente al juez y, ante la mirada seguramente impávida de Farré pronuncie (o no) la palabra “culpable”.

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