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Tras dos meses de protestas que dejan 60 muertes en Venezuela, la oposición no sólo no ha logrado su objetivo, un cambio de gobierno, sino que encara una urgencia mayor: conjurar la Asamblea Nacional Constituyente, considerada de vida o muerte por el presidente Nicolás Maduro.

Como casi todos los días, desde el 1 de abril, los opositores marcharon ayer vestidos de blanco en el este de Caracas para exigir la salida de Maduro con elecciones generales; mientras, de rojo, los chavistas se manifestaron en apoyo al presidente en el centro de la capital.

También, en lo que se ha vuelto rutinario, la jornada terminó en enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes, en un cruce de gases lacrimógenos, piedras y cócteles molotov, que muchas veces han degenerado en disturbios y saqueos.

¿Cuánto más puede durar este ciclo de protestas que deja además un millar de heridos y cientos de arrestos? Para la oposición es un ahora o nunca. Pero los analistas coinciden en que las manifestaciones, las más fuertes y masivas que ha enfrentado Maduro, son importantes, pero no suficientes.

Advierten que la estrategia opositora debe reorientarse hacia la Asamblea Constituyente con la que Maduro –cuya gestión rechazan más del 70% de los venezolanos según sondeos privados, pero con el vital apoyo de la Fuerza Armada– busca mantener con vida y radicalizar la revolución socialista fundada por el expresidente Hugo Chávez (1999-2013).

Para el politólogo Luis Salamanca, la oposición debe exigir “algo que pueda realmente conseguir”, no unas elecciones generales. “Maduro le tiene miedo al control popular. Quiere salvarse, va a imponer la Constituyente madurista y no sabemos qué país va a salir de ahí”, aseguró Salamanca.

Para el sociólogo Héctor Briceño, el gobierno trabaja cada vez más para imponer la Constituyente y con ello llevar al país hacia régimen abierta mente autocrático.

El país también podría enrumbarse hacia un escenario de mayor lucha en el chavismo que quiebre la estructura del poder, según los expertos.

Luisa Ortega, la poderosa fiscal general, abrió una fisura al rechazar la Constituyente, como también lo han hecho dos magistrados, la exdefensora del Pueblo Gabriela Ramírez y otros exfuncionarios chavistas.

“Si esta gotera aumenta su velocidad, abrirá una zanja que dividiría a los chavistas en dos bloques: uno en defensa de la Constitución y otro en defensa de la estabilidad de Maduro”, opina Briceño.


Fuente: Mundo – Rio Negro

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