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Harguindey: “La unidad demócrata es clave para que el partido sea competitivo en noviembre”

Entrevista a Joaquín Harguindey Politólogo Por Alejandro Radonjic 

 

En diálogo con El Economista, Joaquín Harguindey, uno de los mayores especialistas en política estadounidense de Argentina, ofrece su visión sobre el incipiente panorama electoral de Estados Unidos, que irá a las urnas el próximo 3 de noviembre.

 

El martes a la noche se realizó el último debate demócrata antes de que arranque el calendario de votación interna. La pelea por la nominación está entre Joe Biden, Bernie Sanders y Elizabeth Warren. ¿Cuál de ellos tiene ventaja?

En base a la información provista por las encuestas de los primeros cuatro Estados en votar es demasiado temprano para excluir a Pete Buttigieg del listado de candidatos con chances reales, aunque sin duda se ve como el más débil de los cuatro. Dicho ello, la muerte de la candidatura de Joe Biden se ha anunciado en repetidas ocasiones y el vicepresidente no solamente sigue en pie sino que continúa dando señales de tener la base más sólida de apoyos de todos los candidatos. Su campaña ha centrado su mensaje en ser la propuesta confiable y segura para sacar a Donald Trump de la Casa Blanca y, sea ese el caso o no, buena parte de la base de votantes demócrata lo percibe como tal. Tiene el dinero y la estructura de campaña para sobrevivir regulares o malos resultados en las votaciones de febrero (excluyendo Carolina del Sur, donde un mal resultado sería un pésimo augurio) para tomar la delantera en marzo cuando empiecen a votar Estados con un perfil demográfico más amigable y donde sus rivales de menor peso no tengan los recursos para hacerle frente en muchos lugares en simultáneo. Paralelamente, algo que estuvo claramente demostrado la noche del martes, así como en buena parte de la campaña hasta ahora, es la ausencia de un foco unívoco en su contra por parte de los demás candidatos viables. Todos se beneficiarían con la caída de Biden, pero nadie quiere correr el riesgo de negativizar la campaña tan temprano, que posiblemente beneficiaría a terceros en lugar de a ellos mismos ni ofender demasiado a los votantes de Biden, que serían fundamentales para la elección general. Por eso, nadie lleva adelante un ataque a fondo contra el exvicepresidente.

 

Algunos analistas dicen que Sanders y Warren pescan en el mismo electorado, es decir, el ala más progresista del Partido Demócrata. ¿Coincide y pueden llegar a unirse?

Es verdad que Sanders y Warren representan al ala izquierda del Partido Demócrata y que sus bases de votantes en buena medida se solapan ideológicamente. Asimismo, las plataformas de ambos candidatos son muy similares, han identificado los mismos problemas como fundamentales para Estados Unidos y es probable que un hipotético gobierno de uno sea mayormente indiferenciable del otro. No obstante, no diría que los respectivos electorados de Warren y Sanders son el mismo. Simplificando un asunto con bastantes más grises, Warren parece haber tenido más éxito hasta ahora con el progresismo de mayor nivel educativo, mayores ingresos y esencialmente blanco, así como con las mujeres. Sanders, por otro lado, replicó su buena performance de 2016 con los votantes demócratas de menor nivel educativo y menores ingresos, a su vez logrando una diversificación racial de su base mayor que en el ciclo previo. Sumada a esa fractura socioeconómica entre los bandos, hay otras dos cuestiones de relevancia parcialmente conectadas a la ideología. Primero, Sanders continúa atrayendo a buena parte de los que se sienten incómodos dentro del Partido Demócrata y ven a la institución con escepticismo, desprecio u odio, mientras que Warren ha dado señales manifiestas de buscar jugar en equipo con el Comité Nacional Demócrata, el liderazgo legislativo partidario y exmiembros del Gobierno de Barack Obama. Esa percepción del partido como una estructura hostil a rehacer o como una pieza de la coalición electoral a reformar permea buena parte del mensaje de ambas campañas y es un reflejo de la composición de su base. En segundo lugar, Sanders y Warren han atraído a votantes en lugares opuestos en el espectro informativo y de actividad política. El primero aparenta tener más éxito con votantes menos informados y con menor interés en asuntos políticos, mientras que es el caso opuesto para la segunda. Esa diferencia los hace competir mucho más con otros candidatos (Biden para Sanders y Buttigieg con los candidatos menores para Warren) que entre ellos en muchas ocasiones. Con respecto a la posibilidad de unificar sus campañas detrás de una sola figura, diría que continúa siendo posible aunque no hay incentivos para ninguno de los dos por ahora. El grado de conflicto entre ambas campañas a lo largo del ciclo determinará la facilidad de una eventual unión, algo que se ha vuelto bastante más complicado estos últimos días.

 

Daría la impresión que Donald Trump prefiere a Sanders como rival. En los últimos días mencionó varias veces que está subiendo en las encuestas, por ejemplo. ¿Coincide en que Sanders sería el rival más “fácil” para el Presidente?

No, no coincido. Creo que Sanders no es el candidato demócrata óptimo para este ciclo, pero dista de ser el contrincante más fácil para el Presidente. Alguien como Buttigieg o buena parte de los candidatos viables que no prosperaron durante 2019 tendrían buena parte de los mismos problemas que Sanders, Warren o Biden sin traer muchos beneficios para contraareestar un aparato de propaganda conservador gigantesco, un partido político dispuesto a violar cualquier norma para mantenerse en el poder, un universo de medios tímidos e inadecuados para un período de crisis semejante. Sanders, como se vio en la articulación de las preguntas del debate del martes a la anoche, debería enfrentar además durante toda la campaña a un periodismo particular mente agresivo que da ciertos preconceptos conservadores como hechos y debería ser muy cuidadoso en la forma en la que hace las paces con el resto del Partido Demócrata en caso de ser candidato, algo que Sanders no es particularmente bueno haciendo. Pero dicho ello, Sanders puede ofrecer múltiples ventajas. Incluiría en la elección general a toda una porción del electorado que por motivos más o menos válidos tiende a no participar o no lo haría de no ser él el candidato, ha demostrado poder financiar una campaña presidencial con donantes pequeños y es percibido como una persona auténtica e íntegra por parte del electorado general. El resultado neto es mejor para él que para varias de las otras opciones.

 

Mientras tanto, el Capitolio está tratando el “impeachment”. ¿Hay chances de que prospere y, políticamente, ayude a Trump, es decir, es un tiro por la culata para los demócratas?

A menos que surja información nueva y considerablemente peor para el Presidente, diría que el juicio político no tiene posibilidad de remover a Trump del poder. Tal como está el balance político en el Senado, dudo inclusive de que haya una mayoría simple que vote por removerlo, mucho menos la requerida de dos tercios. Por otro lado, tampoco veo muy buenas las chances de que el impeachment tenga un efecto grande ni duradero en ninguna dirección. El elevado grado de polarización política en Estados Unidos hace que los niveles de apoyo y de rechazo a Trump sean bastante estables mientras que el Presidente genera nuevas y distintas crisis constantemente y agota la capacidad del público de distinguir entre ellas y seguirlas a lo largo del tiempo. De haber un efecto, diría que lo más probable sería uno negativo para los representantes demócratas y senadores republicanos más vulnerables, los cuales están tomando las decisiones con más riesgo electoral de todo el proceso.

 

Aún falta mucho, por cierto, pero daría la impresión que Trump conseguirá “four more years”. Tiene una popularidad del 40%, la economía está sólida y se ha anotado algunos goles en el campo de la política exterior. ¿Coincide o prefiere no arriesgar?

Es verdad que sigue siendo temprano y una aseveración demasiado tajante en cualquier sentido sería temeraria, pero puede decirse lo siguiente. En 2016 Trump apenas consiguió ganar por la distribución clave de unos 80.000 votos en tres Estados, con una prensa obsesionada por la crisis inexistente de los emails de Hillary Clinton y ayudado por la generosa asistencia de una potencia extranjera. Durante su presidencia muchos candidatos demócratas han resultado competitivos o ganadores al absorber un torrente de votantes republicanos suburbanos y Trump no ha hecho esfuerzo alguno por expandir su coalición de votantes (ni parece poder hacerlo a esta altura), coalición que además está del lado incorrecto del cambio demográfico estadounidense. La aprobación de su gestión apenas ronda el 40-45% a pesar de la relativa prosperidad económica y la ausencia de nuevos conflictos armados. Como contracara, Trump controla el Partido Republicano casi en su totalidad y no deberá enfrentar los potenciales daños de una primaria. A la vez, buena parte de los potenciales huecos legales y tecnológicos a explotar que se volvieron infames en 20152016 continúan disponibles para el uso de su campaña o simpatizantes y los gobiernos estatales bajo control conservador continúan restringiendo el derecho al voto por parte de los ciudadanos menos amigables al Partido Republicano. Allí, los jóvenes y las minorías raciales siendo los más afectados. A mi vista, ese panorama da señales de un Presidente un tanto más vulnerable que seguro, sobre todo por su incapacidad para maniobrar políticamente como tienden a hacer los presidentes que buscan la reelección, pero eso es sólo la mitad del asunto. El resultado de la primaria demócrata, no tanto por la eventual fórmula sino más bien por la capacidad para mantener la armonía partidaria interna, es un factor más importante. Y es un factor que todavía es incierto.

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