Compartir

Parece frágil. Delgada, etérea, con una voz que arrulla. Pero sólo lo parece. Inés Estévez tiene una fuerza arrasadora para concretar sueños. Se anima a todo. Arriba y abajo del escenario.

No temió alejarse de la actuación a fines del 2005, cuando estaba en su mejor momento, para buscar otros rumbos. Se atrevió a la escritura, la dirección y la música. La comodidad no es su consejera: “Aspiro a cosas que tienen que ver con lo que considero valores, pero no a cualquier precio, y estoy dispuesta a alejarme de cualquier cosa que me haga infeliz por más envergadura que eso tenga. En aquel caso fue la profesión. Tengo una escucha permanente de mis necesidades”.

Hoy, a los 52 años, está radiante, recién separada del músico Javier Malosetti (51), se anima a ponerle cuerpo a un show, sola por primera vez, con un repertorio basado en el jazz, pero más festivo que el que mostró durante las presentaciones que hizo con su ex pareja. Además, comienza a grabar el unitario de Pol-Ka donde será la contrafigura de Julio Chávez, interpretando a una alta funcionaria del mundo de la danza: “En esta oportunidad me toca ser la mala”, adelanta.

El escenario y la propuesta musical cambiaron. ¿Ella?: “No soy una persona que evoque épocas pasadas como mejores que esta. Siempre me parece que lo que estoy viviendo es mejor que lo anterior, porque soy más adulta, estoy más evolucionada. Soy una enferma de perseguir la sabiduría, la evolución, la autosuperación”.

Protectora de su intimidad, supo jugar el juego con la prensa y decidir hasta dónde mostrar su vida privada. Eligió las redes sociales para escribir y desarrollar temáticas sobre las que quería dar su opinión sin que nadie pudiera sacarla de contexto. Así, habló de la discapacidad de una de sus hijas, la censura por una foto en topless y el reciente robo que sufrió. Nunca se la vio envuelta en escándalos para vender entradas ni desgarrarse en vivo hablando de sus separaciones por un punto de rating.

Inés en su mejor rol, el de mamá, junto a Cielo y Vida

Por cuidado, por elección y también por cuestiones legales nunca habló de la adopción de sus hijas. Hoy, por primera vez, en esta charla con Infobae, cuenta cómo fue el proceso para que Cielo (7) y Vida (8) llegaran a su familia y cuándo se sintió mamá por primera vez.

—¿Hoy la búsqueda por dónde pasa?

—Estoy en un maremágnum de penales que atajar respecto de cosas nuevas que aparecen. No tengo mucho tiempo de pensar lo que busco, salvo ser feliz, que es la búsqueda primordial.

Cualquier separación, aunque hayas tomado la decisión consciente, es una pena, porque es un proyecto que se trunca.

—¿Tus hijas te cambiaron esa mirada?

—A partir de tener hijas empezó a existir una intención de volver un poco a mi esencia más original, que está más ligada al relax, a vivir el día a día, a hacer lo que se pueda, como se pueda, cuando se pueda. Despojarse de tensiones autoimpuestas e impuestas por el sistema. Estoy retornando un poquito a la esencia, que es un poco más laxa y me gusta más.

—¿Cómo estás con esta reciente soledad?

—La palabra ‘soledad’ es relativa. Tengo dos hijas, un perro, tres músicos que me acompañan, prontamente un elenco luminoso con el proyecto de Pol-Ka… Los cambios son siempre bienvenidos, aunque sean dolorosos. Cualquier separación, aunque hayas tomado la decisión consciente, es una pena, porque es un proyecto que se trunca. La sensación que tengo para con lo transitado es de muchísimo agradecimiento a Javier, me estoy lanzando a cantar sola y eso se lo debo, me dio muchísima confianza. Pero, además, aportó muchísimas cosas a nuestro hogar, no solamente a mí, también a mis hijas.

La más grande es un personaje, muy carismática. Y la más chiquita genera un amor… es un ser muy angelado, de mucha pureza

—¿Cómo están tus hijas?

—Hermosas. Hasta ahora, por una cuestión de preservación, teníamos casi prohibido mostrarlas. Pero hace poco acordamos con el papá (Fabián Vena) empezar a permitírnoslo un poco, sin exponerlas.

—¿Había un tema legal vinculado con la adopción?

—Había un tema legal. Después de tantos años, la más grande está empezando a entender y no quiero que se sienta discriminada si eventualmente salimos todos en una foto, ¿por qué ella no? Empezamos a suavemente, sin sobreexponerlas, a quitar un poco el exceso de cuidado que teníamos.

—En tus redes sociales se te ve tan enamorada de tus hijas…

—Sí, es que ellas generan eso, inspiran eso. Son seres muy especiales, con dificultades… La más chica, justamente, es la que más dificultades tiene y ayer lo hablaba con una de las personas que me ayuda a cuidarla: genera adhesión instantánea. La más grande ni hablar, porque es un personaje, muy carismática. Pero la más chiquita genera un amor… es un ser muy angelado. Es una nena que nunca va a tener su edad cronológica y eso la vuelve de una pureza y de una inocencia muy fuera de lo común, entonces genera un amor…

—Te emociona.

—Sí, mucho.

Topless y revolución en las redes sociales

—En tus redes sociales pusiste el cuerpo y el intelecto a las causas que te importan. Publicaste cosas muy serias.

—Sí, siempre en función de algo. No tuve redes hasta final del 2013 -a partir de volver a hacer televisión- y recién ahora tengo Instagram. Es bastante adictivo el tema. Desde que empecé a interactuar me di cuenta de que eran un arma muy poderosa para hacer algo que siempre quise hacer que es aportar, ser constructiva, intentar crear conciencia, desde la humilde posición que uno tiene. Y además ser literal: lo que yo subo es lo que yo digo, como yo lo digo, no hay manera de malinterpretarlo. Cada vez que he subido alguna carta y viene la prensa a decir “¿querés salir a hablar de…?”, digo “no, leé la carta, no tengo más nada que agregar”. Me encanta la fidelidad y además honro la palabra.

—¿Nunca te interesó la política?

—Mi compromiso es ético. La ética está por encima de todo, incluso de la política. La política no me interesa porque es un juego de poderes y desgraciadamente tenemos muy pocos ejemplos en el mundo de políticos honestos, porque para ocupar puestos de poder necesaria y lamentablemente -en el 99,9% de los casos- tienen que negociar. En esa negociación ya sabemos lo que pasa.

—Esto es parte de un texto que publicaste: “Mi viejo estaría orgulloso de la oveja negra”. ¿Eras la oveja negra?

—Sí. Siempre lo fui y sigo siéndolo en cierto aspecto.

La relación con mis hijas es terrena. Absolutamente táctil, diaria, cotidiana, hermosa y agotadora

—¿Realmente no te adaptás al sistema?

—No, no me adapto. Los engaño a todos y les hago creer que sí, pero porque estoy sobreadaptada. Es como el ejemplo de ir a la fiesta donde hay gente que no conozco y lo primero que hago es irme a la cocina a ayudar y esconderme. Después termino siendo la que lleva la torta, prende la vela, organiza todo.

—¿Te gusta el momento de sentarte a escribir?

—Sí, hace mucho que no lo logro, desde que fui madre. Hoy casualmente no llegué a una reunión con un editor por un libro de poemas. Es lo primero que había escrito, poemas de toda mi vida. En su momento no quise editarlos y preferí salir con la novela de Sudamericana (N de R: La Gracia) para ser tomada más en serio, porque la poesía es la hija abandonada de la literatura.

—¿Les escribiste algo a tus hijas?

—No. Mi relación con mis hijas es terrena. Absolutamente táctil, diaria, cotidiana, hermosa y agotadora.

—¿Te permitís contradicciones?

—¿Por qué no? Si ser madre genera los sentimientos más contradictorios del mundo. Pero hay una cosa que es segura: yo estoy para servirles. Mi vocación de servicio está puesta en ellas.

—En las redes también te manifestás como defensora de la despenalización del aborto.

—Quiero dejarlo claro: yo no conozco a ninguna mujer que haya ido a abortar contenta, que haya salido de eso indemne, que no se esté preguntando al día de hoy qué hubiera pasado si hubiera tenido a ese hijo. No estoy a favor de abortar, porque no es un hecho constructivo, es un garrón. Lo que pasa es que es una realidad y hay circunstancias que a veces llevan a las mujeres a necesitar abortar. En general, es el abandono, cualquier tipo de abandono: el de la familia, de los padres, del hombre con el que tuvo sexo, de la sociedad. La mujer aborta porque no tiene recursos que contengan la posibilidad de llevar a cabo ese embarazo y luego la crianza de ese hijo.

—No entendés el aborto como método anticonceptivo.

—De ninguna manera. Con lo que sí estoy de acuerdo es con legalizarlo, porque todo lo que se legaliza es factible de ser controlado. Si se legaliza, deja de ser tabú, hay que hablarlo con los hijos, la chica menor de edad tiene que ir acompañada de un mayor. Si se legaliza, quizás también pueda empezar a existir aquel sistema de adopción tan común en Estados Unidos. Habría menos abortos porque habría más cuidado por parte de las mujeres respecto de sí mismas y más conciencia de los varones.

—Pocos hablan hoy de cómo cuidarse…

—Hay una cosa ahí donde la mujer está muy sola. Pero además hablan de aborto con una naturalidad y no hablan más del SIDA. Las chicas adolescentes van al ginecólogo y les recetan anticonceptivos en la era del HIV. ¿Cómo es que no hablamos de eso antes de hablar del aborto? Toda la gente que conozco se pone de novia y no se hace ningún chequeo, es normal, jóvenes, grandes, todos.

—Hace poco te quisieron robar, y también escribiste en tu cuenta de Twitter…

—Fue muy triste porque eran dos chiquitos muy chiquitos y no estaban preparados. Fue una cosa de una torpeza total. No llegaron a robarme nada.

—Estamos hablando de chicos de qué edad.

—La situación es tan breve y violenta que no los ves. Fue por la calle y me manotearon, me quisieron sacar la cartera y terminé como una especie de molinete, una especie de mujer maravilla con la cartera, se me cayeron unas cosas, pero no perdí nada. Creo que eran chicos de 12 años.

Me duele que vivamos en un mundo donde existen niños que roban, que tienen esos impulsos y esas necesidades

—Cuando te leí en ese momento hablando de los chicos, no estabas indignada con la inseguridad. A pesar de ser chicos, podrías haber terminado muy mal.

—Sí, yo o ellos.

—Pero te conmovieron.

—Me duele que vivamos en un mundo donde niños tienen esos impulsos y esas necesidades, porque seguramente necesitarían dinero para algo. Me dolió la precariedad de esas infancias destruidas más que mi situación. Mi situación es privilegiada.

—Llegás a tu casa y ves a tus hijas.

—Dormiditas, calentitas, tapaditas, con una mamá que las adora, con un papá que las quiere, gente alrededor que las cuida. Son niñas que podrían haber corrido una suerte similar a la de estos pibes.

—Pero no les pasó… ¿Fue difícil el proceso de adopción de las chicas?

—Es un engorro, son trámites, pero yo creo que es menos difícil que un tratamiento de alta complejidad.

—¿Esperaste mucho?

—Un par de años. Lo hicimos y nos olvidamos. Aparecieron más rápido porque nos anotamos para hermanos de hasta 6 años con enfermedades tratables o reversibles. ¿Entonces querés tener hijos o querés ser padre? Bueno, ¿querés ser padre? Ahí tenés un montón de pibes en ese estado.

Inés se anima a subir al escenario del Teatro Sony por primera vez sola y con un show renovado

—Hay algo ahí muy importante: hace poco publicamos en Infobae una nota de un chico de 17 años que no quería cumplir la mayoría de edad sin tener una familia.

—Porque cuando cumplen la mayoría de edad se desinstitucionaliza el chico y, en general, queda librado a su suerte. Tengo que decir algo importante: tanto en el juzgado que trató el caso, la asistente social y la secretaria, como en el hogar del cual eran las niñas, como en el RUAGA (Registro Único de Adoptantes a Guarda con Fines Adoptivos), encontré gente con una vocación de servicio tremenda luchando contra el sistema. Y a la vez gente que yo les planteaba esto y me decían: “Sí, pasa esto que vos decís: los chicos crecen, la gente no quiere chicos grandes, los chicos quedan institucionalizados, la ley está todavía atada al hecho de revincular al chico con la familia de origen”.

El 19 de mayo se cumplieron 6 años desde que sonó el teléfono y nos dijeron: ‘Acá hay dos hermanitas, ¡son papás!’

—Es durísimo.

—El grave problema es ese, porque el chico abandonado en este país es -en general- hijo de padres que han sido abandonados por sus padres. Hay casos donde el chico termina a cargo de su abuela o de su abuelo, pero son los menos. Vos escarbás un poco en los legajos de los juzgados y esos progenitores a la vez son gente abandonada por la sociedad. Entonces querer revincular, tener un chico el primer año de vida -que es cuando más necesita cariño, el contacto, el beso- por si aparece algún familiar que lo reclame hasta el día 364 es algo que habría que rever.

—¿Cómo fue el llamado del juzgado?

El 19 de mayo se cumplieron 6 años. Sonó el teléfono y nos dijeron: “Acá hay dos hermanitas, ¡son papás!”. No considero una casualidad que el día que nos llamaron era el cumpleaños de mi padre que había muerto hacía muchos años y con quien tuve un vinculo hermoso. Fue mi único ejemplo de amor incondicional, la única persona que me amó incondicionalmente. Y justo el día de su cumpleaños nos llaman para avisarnos que están las nenas.

—¿Te acordás cuándo te sentiste por primera vez mamá de Cielo y de Vida?

—Sí, la primera vez que un tachero me preguntó si tenía hijos. Son preguntas de rigor social, muy plomo. Todavía no podíamos decirlo, estaban en situación de guarda, era un poco un secreto, lo sabía sólo la familia más cercana… Y el taxista me dijo: “¿Tenés hijos?”. Y yo me escuché decir: “Sí, dos”. ¿Eh? “Tengo dos de golpe”, pensé.

Agenda: Inés Estévez se presenta el 1º de junio en el teatro Sony, Cabrera 6027, con repertorio renovado y músicos invitados.

PARA VER LA ENTREVISTA COMPLETA:

LEA MÁS:

La historia del papá-profe, el maestro de computación que podrá adoptar a su hijo

El conmovedor video viral de un joven para agradecer a la madre que lo dio en adopción

 

Comentarios

comentarios