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El padre de Javier Rodríguez corrió la Regata del río Negro en el 1974 (quedó segundo en la general) y ganó dos veces la edición de la Regata que iba de Bariloche a Roca en aquellos años.

Para Javier, que marcha segundo en esta edición corriendo en K2 master, como muchos otros que corren esta Regata no ha significado un esfuerzo tomar el legado paterno de botes, remos y río. Con la de este año, ha corrido 10 regatas aunque la última fue en el 2004.

¿Qué es lo que más ha cambiado en este tiempo desde que papá Esteban corría a esta edición de la travesía? “Las embarcaciones y los remos”, dice Javier antes de lanzarse al agua para una nueva etapa. “Los botes eran armados por ellos. Había de madera y lona, y las palas eran muy largas y pesadas. También de madera. Había que lijarlas y barnizarlas todo el tiempo. Los botes lo mismo, en el fondo, y que eran llamados de “río”. Nada que ver con los kayacs de ahora”.

El paso del tiempo para Javier va asociado a su tiempo en el río. “Cuando yo corrí la última, los botes venían con diamante, eran más anchos atrás. La palas eran de mango de aluminio y fibra común, y se rompían con facilidad. Hoy las palas son de fibra de carbono. En la actualidad dependes más del físico o la preparación. No tenés que preocuparte demasiado por el bote como era antes”.

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