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La crisis exige un auténtico programa de emergencia

El ministro de Hacienda Hernán Lacunza (Matías Arbotto)

El miércoles 28 de agosto el ministro de Hacienda Hernán Lacunza terminó reconociendo públicamente que el gobierno de Mauricio Macri no tiene las reservas suficientes para seguir alimentando la bicicleta financiera, la fuga de capitales y a la vez cumplir con los vencimientos de deuda. Y que esa era la razón de fondo por la que el dólar seguía subiendo y muchos ahorristas, prevenidos por “experiencias” de crisis anteriores, ya empezaban a sacar la plata de los bancos, temiendo a algún eventual “corralito”. Las medidas anunciadas ese día fueron correr compulsivamente los vencimientos de deuda de corto plazo, haciendo que la mayoría de esos vencimientos pasaran a más de 90 días, y por lo tanto de hecho al próximo gobierno. A esto se le agregó el llamado a “reperfilar” el total de la deuda (incluyendo el acuerdo con el FMI).

La palabrita la inventó Guillermo Nielsen. Explicó varias veces que su propuesta era garantizarles a los acreedores que seguirán cobrando su deuda, y que para eso proponía “renegociar” para correr un poco los plazos de vencimientos. Eso llevó a que los fondos de inversión internacionales doblaran la apuesta quejándose por anticipado de que esta “renegociación” podía implicar alguna “quita”. Nielsen, finalmente, terminó aclarando que el Frente de Todos garantizaba pagar todo, sin quita, y que lo único que planteaban era correr vencimientos, o sea “reperfilar” la deuda. Así nació el hoy famoso término.

El que lo retomó fue el ministro Lacunza, quien llamó a comenzar a negociar para “reperfilar” los vencimientos de deuda, tanto con el FMI como con los acreedores privados. Hay una total coincidencia en esto, entonces, entre macristas y peronistas.

Aclaremos de qué se trata. Pagar una deuda que se viene reciclando cual bola de nieve desde hace más de 40 años es un robo. Pagar el 100% del valor de los distintos bonos de deuda es, además, un robo al cuadrado. Porque estos mismos bonos hoy cotizan a menos de la mitad de su valor, lo que quiere decir que ni los mismos bonistas calculan que van a cobrarlos.

Eso expresa el “riesgo país” a más de 2.400 puntos: se descuenta que lo más probable es que no se pague nada. Para los tenedores actuales de los bonos cobrar el 100% del valor nominal es un negocio más que redondo.

Pero eso no es lo más grave: para “reperfilar”, se les ofrecerá a los acreedores mayores intereses que los actuales. Poniéndolo en números: cada año que “se corren los vencimientos” significa reconocerle a los acreedores un 20% más. Suponiendo que se “reperfile” en cuatro años, eso significa duplicar el total de la deuda: “¡Terminaremos debiendo más de 800.000 millones de dólares!”.

Y, para hacerlo peor todavía, la renegociación o “reperfilamiento” de la parte de la deuda que es con el FMI viene con la exigencia adicional de aceptar un mayor ajuste (reforma fiscal) y las reformas previsional y laboral.

Pero, después de ese paquete de medidas del miércoles 28, la situación financiera no se tranquilizó. Siguió la presión sobre el dólar y el drenaje de reservas. Fue por eso que el domingo pasado el ministro nos sorprendió con un nuevo paquete de medidas.

En este caso se planteó la vuelta a una suerte de “cepo cambiario”, el mismo que Macri se había jactado de eliminar apenas llegó al Gobierno. Pero, tal como entonces, podemos anticipar que esto no solucionará nada. Más temprano que tarde seguirá la fuga y se retomará la suba del dólar. Peor aún, con el agregado de la existencia de un “dólar blue” que se transformará en el nuevo mecanismo, además de la apertura de todos los “nuevos y viejos canales” para que los grandes especuladores sigan con sus negociados.

Los beneficiados con estas medidas son los de siempre: los grandes acreedores de la deuda, los especuladores financieros y los bancos. E incluso los monopolios exportadores, que con suma facilidad eludirán las nuevas exigencias de liquidar las divisas en cinco días. Los perjudicados, una vez más, son los trabajadores y jubilados, que ven cómo la suba del dólar se traslada velozmente a precios y pulveriza su poder adquisitivo y como una nueva oleada de suspensiones y despidos sumen a varios miles más en la miseria.

Desde el Frente de Izquierda-Unidad planteamos que es necesario un auténtico programa de emergencia frente a la crisis, que incluye un aumento de salarios urgente para que nadie gane menos que la canasta, la prohibición de los despidos y las suspensiones, la ruptura del acuerdo con el FMI, el no pago de la deuda externa y la nacionalización de la banca y el comercio exterior.

El autor es economista y candidato a diputado nacional por el Frente de Izquierda-Unidad

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