Compartir

(iStock)

Cuántos de nosotros repetimos en las misas, el mea culpa! Ese “Por mi culpa, por mi culpa, por mi grandísima culpa”, lo hemos repetido automáticamente, porque era parte de un ritual impuesto, al que socialmente nos empujaba la sociedad a asistir. ¿A qué edad se cuestionaron recién, cuál era esa grandísima culpa que repetíamos tener? ¿Qué habíamos hecho? ¿Qué podríamos haber hecho desde tan chicos sin recordarlo siquiera?

Las explicaciones dogmáticas, absurdas, se reiteraban:
-Hemos matado al Señor, hemos nacido, y eso ya lleva el pecado asumido, original e inevitable y la gente que machaca en el hipotálamo, en el disco rígido de la computadora ese dato: “Soy Culpable, hice de todo aunque no lo recuerde, nací y me sumergí en la culpa, que me acompañará el resto de mi vida”… logra obviamente que todo el sistema cerebral, dispare esa información a las células de por vida, y uno arrastra la culpa, el castigo, la frustración, el dolor, la desazón, de saber que hagas lo que hagas, esa culpa primigenia, nos acompaña.

Culpa vendida, por los intereses de turno, por el adormecimiento del poder pseudo religioso que intenta seguir sometiendo las cabezas de la gente, para venderles promesas de cielos, y amenazas de infiernos, con querubines con halos dorados y diablos cornudos, jugándose a las cartas a las pobres almas, que de todos modos ya tienen el estigma de la culpa y el pecado.

Escuchaba una radio supuestamente mariana, diciendo en sus estribillos, “Tu, María, la única sin pecado concebida…” ¿Qué significa eso? Todos nosotros, todos ustedes, todos concebidos en pecado…Cómo no vamos a ser infelices, si se te enseña claramente que sólo por haber nacido, por haber tenido hijos, por haber hecho esas porquerías una tras otra, ya sos un pecador, y como es obvio que la especie humana , como toda forma de vida, tiende a la reproducción, sigue proliferando el pecado que transmitimos a nuestros hijos, sin importar el amor con que hayan sido concebidos.

¿No es una estupidez que se nos diga esto? una sandez rayana en lo criminal, querer enfermar a la gente metiéndole estas atrocidades, que las mentes endebles, no decantan y asumen de por vida.

Y la gente se come gato por liebre, año tras año, vida tras vida. Arrastran culpas, cruces, amenazas, miedos a futuros irreales, a perder el cuerpo; sin haber sabido lo que era la vida. Como decía la Madre Teresa, que sí, la tenía clara: “La gente se muere sin haber vivido”.

Realmente confundimos estar vivos con ganarnos la vida o con cumplir funciones biológicas al cohete, sin ser nunca conscientes de nuestra verdad, de la energía vital divina que somos y que además manifestamos en cuerpo y alma al encarnar en el planeta.

Para unos dogmáticos y fundamentalistas somos pecadores por haber nacido. Para otros, es verdad, que los menos, somos seres de luz que al nacer tenemos una nueva chance extraordinaria de expresar el amor y la belleza que somos, y movernos con este vehículo precioso del cuerpo para que el alma exprese toda su plenitud.

Elijan Ustedes, cargar la cruz, o respirar y amar, vivir una vida patética, temiendo, o una vida maravillosa, amando. Elijan en serio. Es hora de hacerse responsables consciente de sus elecciones: ¿Temer o amar? ¿Morir en vida o vivir más allá de cuanto cuerpo nos vamos poniendo?

La mayoría de los personajes caminan muertos en vida y unos pocos develan el misterio y saben que no pueden morir nunca. ¿Qué eligen ustedes? ¿El adormecimiento brutal? ¿La amnesia transitoria, como explicaba la Madre Teresa? o despertar de una vez por todas, y hacer de cada experiencia aquí y ahora, una fiesta de comprensión, de compasión, de alegría, de entusiasmo, de creatividad, de amorrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.

Al no vivirlo, al no saberlo y compartirlo, el planeta está como está y nosotros somos los protagonistas y responsables de ese estado. ¿O le queremos echar la culpa a Dios, por no asumir que nosotros somos dioses y creadores en nuestras vidas?; adormecidos, imperfectos, si, pero en potencia perfectos.

¿Dios tiene la culpa de la guerra, de la muerte, de los fundamentalistas asesinos de todos los bandos? ¿De los curas que violan chicos o matan en la represión? ¿Dios tiene la culpa del cambio climático, de la destrucción sistemática de la naturaleza, de las papeleras tanto en Uruguay, como en Argentina, como en la China?

¿Dios tiene la culpa del odio en las familias, de las separaciones llenas de rencor y resentimiento? ¿Dios tiene la culpa de la competencia afiebrada por tener más dinero, por tener mejor cuerpo, por tener fama y poder? ¿Dios tiene la culpa por Bush, Bin Laden, Pinochet y Videla?

¿Seguimos echándole a Dios la culpa por los Hitlers de siempre? O alguna vez podemos darnos cuenta de que esos seres conviven en nuestro corazón, y disputan una batalla eterna entre lo que no somos y lo que siempre hemos sido, pero confundidos como estamos con el mundo que no nos enseña la verdad, sino la culpa, no podemos resolver en forma plena y luminosa y tenemos las vidas que tenemos.

No se nos explica la vida, se nos enseña la muerte. No se nos habla del amor incondicional, sino del amor de las telenovelas, y la gente lo cree hipnotizada. No se nos muestra gente que se reúna a ayudar y amar; se nos muestra gente que se reúne en el Gran Hermano, a vivir vidas de nadas existenciales, y basuras y estupideces.

Entonces: ¿Quién tiene la culpa de que la mente de la gente se enferme cada día? ¿Dios o vos? ¿Quién?

A jugarse y tener una vida en serio y dejarse de hinchar con culpar al mundo, sin aceptar que vos sos el creador de tu mundo. ¿Qué polaridad prevalece en tu mundo? ¿La negativa? La del tedio, el sufrimiento, la carencia afectiva, el anhelo por poseer, la culpa y el pecado original; la necesidad de que los otros aparezcan en tu vida.

¿O quizás, quizás, de causalidad, aparece cada vez más en forma clara, la otra polaridad? La de la calma y la paz mental, la de la aceptación, la de la responsabilidad por hacerte dueño de tu vida, la del amor por vos mismo y por otras formas de la creación que son un espejo de lo que estás haciendo y sintiendo por la vida.

Comentarios

comentarios