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¿Qué habrá pensado don Rafael Dorgambide cuando bautizó El Destino a esa emblemática esquina de ramos generales que aún permanece inmóvil en el tiempo, en pleno barrio Juventud Unida? ¿Estaría ligado a su propio destino, al de los parroquianos, al de su pueblo?

Son preguntas sin respuesta, aunque permiten intuir que buena parte de su rica historia aún sobrevuela dentro del viejo edificio. A tal punto que los impulsores de la sala teatral que funciona actualmente allí están convencidos de que los duendes, fantasmas y recuerdos que permanecen van a colaborar con leyendas que se pueden teatralizar.

El Destino abrió sus puertas en 1940 para aprovisionar a una pujante colonia Juliá y Echarren. Allí se vendían forrajes, comestibles, ropa, se hacía recarga de combustible y había un recinto para el boliche, donde compartir una copa era un ritual inevitable.

En la barra se acodaban los que estaban de paso, quienes tenían apenas unos minutos para hacer un alto en las actividades diarias. Era momento de intercambiar noticias, información, alguna chanza y seguir viaje. Los que disponían de más tiempo se ubicaban en las mesas, donde se daba lugar a las charlas más prolongadas, reflexiones o simplemente compartir un juego de mesa. Las discusiones, bravuconadas y hasta alguna pelea mitológica no estuvieron ausentes, aunque en líneas generales reinaban la armonía y el buen ambiente.

Don Rafael Dorgambide, además de atender a los visitantes, actuaba de moderador con un carácter afable y generoso, según atestiguan quienes lo conocieron. Y siempre de fondo, se escuchaba una zarzuela, que acompañaba el normal desenvolvimiento de los acontecimientos.

El Destino fue lugar de reuniones de los dirigentes del club Juventud Unida hasta que pudieron tener su sede propia, hubo numerosos bailes con orquestas y hasta se realizó allí un casamiento. Y por si esto fuera poco, en una ocasión se efectuó un velatorio.

Cerró sus puertas definitivamente en 1973. Hasta entonces fue un mojón trascendental camino a las chacras de la colonia y, sin dudas, forma parte de la historia de la ciudad.

El presente lo encuentra nuevamente abierto a la comunidad. Se preservan algunos mobiliarios e incluso en un rincón, algo desvencijado, se encuentra un metegol casero de madera. Afirma un descendiente de don Rafael que los esquineros del techo y cielorraso están redondeados para que no se juntaran telas de araña en esos rincones.

El actor y director teatral Rafa Albizúa preservó la fachada y buena parte de su edificación y la ha puesto a disposición del arte. La improvisación teatral se hace presente en cada ensayo y ya se han presentado obras con actores locales. ¿Formará parte esta actividad de la predestinación que vislumbraba don Rafael allá por 1940?

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