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Si bien las tareas en el jagüel para buscar los restos de Daniel Solano marchaban a un ritmo lento, ayer hubo algo de alivio entre los que siguen de cerca el operativo. Es que se aseguró la presencia por varios días más de las antropólogas, cuyo trabajo es clave para manipular con cuidado el material que se extraiga del pozo.

Celeste Perosino, Silvia Laura Carlini Comerci, Amelia Barreiro y Nadia Soledad Rabufetti conforman el grupo de antropólogas de La Plata que están presentes desde el primer día.

Barreiro, antropóloga forense y amplia trayectoria en trabajos similares, comentó que “en este jagüel por lo que sabemos sean tirado muchas cosas, por eso esta bueno ir reconociendo”.

Reiteró que si se encuentra material “se trasladarían a la morgue de capital, donde se trabaja con un equipo que tiene también su antropólogo, su genetista, por si hay necesidad de hacer una análisis de ADN. Y se hace un informe de todo lo encontrado”.

Sobre la conservación de posibles rastros, explicó: “Que haya pasado tanto tiempo afecta porque todo el material se ve afectado por el tiempo y el medio en que se encuentra. Lo que no quiere decir que si hay algo no se pueda recuperar”.

Desaparición forzada

Perosino relató a “Río Negro” parte del trabajo que han desarrollado desde la ONG “Acciones Coordinadas Contra la Trata”.

“La ONG a la que pertenecemos se fundó en el 2012. Nosotras veníamos trabajando en distintos ámbitos con identificación de personas víctimas de la última dictadura cívico-militar. Particularmente en el equipo argentino de antropología forense y otras compañeras en la secretaría de Derechos Humanos de La Plata”, relató.

La antropóloga comentó que “nos parecía que había cierto paralelismo entre la desaparición forzada durante la dictadura y el contexto de trata de personas, tanto laboral como sexual. Así que empezamos a trabajar, y lo que en principio nos habíamos puesto como objetivo de trabajo cuantas eran las mujeres que desaparecidas y posiblemente hayan tenido una muerte violenta en el marco de las redes de trata”, indicó.

“Entre mayo del 2015 y mayo del 2017, hicimos 200 identificaciones. Hay dos informes que están subido en la página de la Procuraduría sobre nuestro trabajo, donde se cuenta el recorrido. Estamos tratando de entender o de trabajar la desaparición en el marco de estas violencias de nuevo tipo, que nosotros a veces no podemos definir porque se trata de una violencia mucho más compleja”.

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