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El PCC nació y creció en las cárceles brasileñas

Un artículo publicado por Clarín esta semana aseguró que la Policía provincial de Corrientes detectó en su territorio elementos del PCC, el Primeiro Comando da Capital de Brasil y elevó el informe correspondiente a las autoridades; el informe hasta habría llevado a reforzar la seguridad alrededor del presidente Mauricio Macri. Para el Gobierno, que la organización armada de traficantes más violenta y temible de todo Brasil, y la supuesta responsable del espectacular golpe a la sede de Prosegur en Ciudad del Este, opere en el país, lógicamente, no es algo para nada bueno. La versión correntina no fue la única que circuló: medios locales también hablaron de la posible presencia de la organización brasileña en provincias como Misiones y Tucumán.

Desde la cartera de Seguridad, la ministra Patricia Bullrich intentó bajar el drama esta mañana. “No tenemos, ni nosotros ni la AFI, un informe que dé certeza a estas versiones”, aseguró Bullrich al canal de noticias A24. Sin embargo, hay otras investigaciones y vigilancias en curso: para muchos funcionarios, la pista del PCC en la Argentina es una realidad.

Fuentes oficiales confirmaron a Infobae que organismos como el Servicio Penitenciario Federal están en alerta desde hace varios meses y observan de cerca a los movimientos de detenidos para intentar detener la posible proliferación del Primeiro Comando en las cárceles argentinas, siendo los penales su histórico foco de reclutamiento.

Hay antecedentes. Se sabe de la presencia de miembros del PCC en la Argentina desde hace por lo menos ocho años, aunque varias voces de los organismos de seguridad desmientan la existencia de una célula operativa. Por lo pronto, el penal de mujeres de Ezeiza ya tiene entre sus celdas a una figura del PCC: Priscila Galhego Luiz.

Circular roja de Interpol de Priscila Galhego Luiz.

Priscila, de 36 años, nacida en Sao Paulo, fue detenida a fines de marzo último por la división Fugitivos de la Policía Federal: una circular roja de Interpol pesaba sobre su cabeza, con una orden de arresto emitida días antes por el juez Newton Mendes de Aragao de la Corte Estatal Nº4 de Brasilia. La encontraron en el Apart Hotel Congreso sobre la calle Bartolomé Mitre al 1.800, pleno Barrio Norte, en un vestido a cuadros.

No se resistió demasiado, no fue difícil esposarla. Priscila era buscada por robo agravado, un delito que en el Código Penal brasileño puede costarle ocho años de cárcel; una cámara de seguridad la captó saqueando el departamento de una pareja en la capital brasileña en enero último.

Lo cierto es que Priscila es una ladrona consumada, una maestra: varios medios brasileños la señalaron como una chefe da quadrilha, una jefa de banda con 15 años de carrera, responsable de golpes contra objetivos de lujo en Sao Paulo, Brasilia y Recife. Parte de su banda había caído también a comienzos de marzo en Sao Paulo: fuentes policiales brasileñas calcularon un botín total logrado en los últimos cinco años de más de un millón y medio de dólares.

Galhego Luiz fue capturada bajo la firma del juez federal Rodolfo Canicoba Corral; la Justicia brasileña marcó su extradición inmediata, algo que no ocurrió hasta hoy. Su circular roja de Interpol no lo indica, pero para fuentes dentro de la PFA, el Ministerio de Seguridad y para otras voces que conocen bien el mundo tumbero, la lealtad de Priscila es al Primero Comando da Capital: será intensamente vigilada hasta que deje el país.

Galhego Luiz, tras ser arrestada por la PFA.

Sin embargo, Priscila no fue la primera supuesta miembro del PCC que llegó a una cárcel federal: la superfuga de Ezeiza en agosto de 2013 -en donde se escaparon 13 presos a través de un túnel y que llevó a la renuncia del ex jefe del SPF Víctor Hortel- tuvo a dos miembros del Comando como protagonistas e ideólogos, dos de los presos internacionales más valientes y despiadados de la historia argentina reciente.

Thiago Ximenez y Renato Dutra Pereyra llegaron a Ezeiza con una condena pesada: 20 años de cárcel confirmados por la Cámara Segunda en lo Criminal de Resistencia, Chaco, por robo a mano armada, portación de arma de guerra y privación ilegítima de la libertad. Ambos estuvieron presos en la Unidad Nº7 del SPF en Chaco, la Prisión Regional del Norte, una de las principales dependencias de máxima seguridad en el interior. En 2010, la Unidad Nº7 se despertó con un estruendo: un explosivo estalló en uno de sus muros aunque no lo perforó, un intento fallido. Un intento de liberar a Ximenez y Dutra Pereyra fue la principal hipótesis en los cálculos privados del SPF.

No era su primer intento de escaparse en Chaco, bajo ningún punto de vista. Ambos se habían instalado en la provincia tres años antes tras dejar Brasil. Ya en 2007 se habían fugado de la alcaidía de Resistencia; intentaron repetir su hazaña al año siguiente en la misma dependencia junto a otros ocho presos, armados con cuatro pistolas, cuarenta balas y una granada.

Renato Dutra Pereyra y Thiago Ximenez.

Hubo al menos otra escala carcelaria antes de Ezeiza, al menos para Ximenez: fue trasladado a la Unidad Nº9 de Neuquén. Allí, Ximenez recibió el 18 de octubre de 2012, a diez meses de fugarse de Ezeiza, un honor inédito en la historia de las cárceles: fue confirmado dentro de las filas del PCC con el ritual de batismo, la iniciación dentro de la banda que ofició otro preso oriundo de Sao Paulo que luego fue expulsado del país y que se cree también habría sido miembro de la organización.

Ximenez y Dutra Pereyra, con el tiempo, volvieron a caer. El primero sigue vivo, el segundo está muerto. Ximenez fue capturado en 2014, precisamente en Ciudad del Este, cuando se aprestaba a robar, otra coincidencia, un blindado de Prosegur que cargaba mil millones de guaraníes: un juez paraguayo le sumó otros 15 años de condena en marzo pasado. Dutra Pereyra había perdido la vida meses antes en Foz de Iguazú con un tiro policial. Para ambos, tal como para el PCC en general, Paraguay fue la ruta de escapatoria.

Hacer nuevos amigos

El Comando nació a comienzos de los ’90 en la cárcel paulista de Taubaté, un penal para presos de máxima seguridad. La masacre de Carandirú en agosto de 1993, con 111 internos muertos, fue instrumental en su creación. Con los años, la organización pasó, gracias a la lealtad de sus miembros, de ser una facción violenta e instigadora de motines dentro de cárceles a mover droga, armas y cometer robos a gran escala, con enemigos tan temibles como ellos como el Comando Vermelho.

El reclutamiento, casi siempre, es cárcel adentro: los presos violentos y sin vínculos familiares son los blancos usuales. La mística de pertenencia juega un papel clave. Sin embargo, de vuelta a la Argentina y a la alerta por el PCC, los presos brasileños no son el principal problema para el Servicio Penitenciario Federal en su vigilancia de penitenciarios que puedan ser radicalizados.

Los presos brasileños en todo el SPF son una minoría: 46 en todo el sistema, de acuerdo a estadísticas del año pasado. La fuga de Ximenez y Dutra Pereyra así como el golpe a Prosegur en Ciudad del Este no son un fenómeno aislado: el PCC movió parte de sus operaciones a Paraguay en los años recientes.

Hoy, los investigadores creen que el PCC ya no solo le predica a sus compatriotas: los paraguayos serían el nuevo blanco. Los paraguayos, precisamente, lideran el ranking internacional de presos del SPF: había 644 alojados en las cárceles del sistema hasta diciembre de 2016.

A comienzos de este mes, dos fiscales de Ciudad del Este pidieron la expulsión a Brasil de Marcela Antúnes Fortuna, capturada en un departamento de Ciudad del Este y considerada la administradora de negocios del PCC en territorio paraguayo. `

La acción del Comando es fuerte en Pedro Juan Caballero, el foco de producción de marihuana que abastece tanto a Argentina como a Chile y Brasil. Siete miembros del Comando fueron arrestados en la región en la primera semana de mayo, incluidos dos paraguayos que se habían sumado al grupo.

Los problemas también pasan por el aire. Hoy por la mañana, efectivos de la Secretaría Nacional Antidrogas incautaron una avioneta atribuida al Comando con 513 kilos de cocaína boliviana en una pista clandestina también en Pedro Juan Caballero. Voceros policiales aseguraron que el grupo podía montar hasta 20 vuelos narco mensuales hacia Brasil y posiblemente Europa.

Se cree que hay 200 miembros del PCC apostados en Ponta Porá, del otro lado de la frontera con Brasil, con envíos de droga y armas de fuego. El PCC, por otra parte, contó con un aliado estratégico clave: el célebre Jarvis Chimenes Pavao, un genuino capo de la droga también oriundo de Ponta Porá. Chiemes Pavao Llegó a tener fastuosas mansiones y una mini-flota propia de aviones para mover droga, con proveedores de marihuana apostados en Pedro Juan Caballero.

Jarvis Chimenes Pavao al momento de su arresto

De cara a todo esto, varias autoridades observan el corredor narco de distribución de marihuana que atraviesa todo el Litoral con sumo recelo. El SPF no es el único organismo en estado de vigilancia: fuerzas de seguridad como la Policía de Seguridad Aeroportuaria también están en alerta. Ya existiría, por otra parte, un informe oficial sobre el PCC que habría sido elevado al Ministerio de Justicia, algo que fuentes cercanas al ministro Germán Garavano niegan.

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