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La política exterior de Argentina y su cuenta pendiente en Africa

Por Juan Ignacio Pascual  Licenciado en Relaciones Internacionales y en Ciencias Políticas; docente de la Universidad Católica Argentina (UCA) y Coordinador de Investigación del CEI-UCA

 

Históricamente, la política exterior de Argentina hacia Africa fue construida medianteuna serie de impulsos de mayor o menor intensidad según los lineamientos y objetivos temporarios definidos en el Palacio San Martín. La realidad nos indica que no ha existido una estrategia clara que permitiese profundizar una relación necesaria que cada vez parece más inocua y reservada a cuestiones diplomáticas protocolares. Lo que mantuvo la relación viva, de alguna forma, fueron iniciativas puntuales pensadas para confluir en los dos grandes temas que estructuran la dinámica Argentina- Africa: la agenda multilateral y el incipiente comercio.

 

A ese panorama de los condicionantes de la política exterior de Argentina se le suman dos aún más complejos: las dificultades del plano institucional nacional y un sistema internacional que afectó la forma que tenemos de ver el mundo.

 

En primer término, Argentina no solamente ha sufrido los vaivenes de las diferentes perspectivas gubernamentales, las cuales han presentado con mayor o menor centralización su diplomacia con los países del sur, sino que además las complicaciones propias de un sistema político propenso a crisis en las últimas décadas ha complejizado la posibilidad de la apertura hacia regiones que de alguna manera parecen inhóspitas. En este sentido, las restricciones presupuestarias propias de una Cancillería que intenta mantener un rol activo en el plano global afectaron los intereses.

 

En segundo lugar, el sistema internacional ha cambiado. Lo que en algún momento se sostuvo como un eje de política exterior con la Cooperación Sur – Sur, con la caída del Muro de Berlín, la apertura a un mundo cada vez más globalizado, la consolidación de Estados-potencia como China e India, y la estructuración de un sistema financiero internacional que pone en la mira al Norte como único estandarte, nubló la vista a una Argentina que le cuesta percibir al continente africano como un cúmulo de oportunidades.

 

El punto central de la cooperación internacional con Africa fue la histórica relación multilateral, la que fue recíproca, bien recibida y ha dejado una pequeña huella que ha servido para encaminar la poca (pero relevante) estructura existente. Argentina ha colaborado en los foros internacionales para fortalecer la presencia africana y la multipolaridad como eje central del nuevo sistema global a partir de la década de 1960, principalmente en las Naciones Unidas. A su vez, un cumulo de países del continente han apoyado a la Argentina en sus continuos reclamos por la soberanía sobre las Islas Malvinas.

 

A pesar de estos avances en términos multilaterales, y con la excepción de los núcleos políticos de peso como Sudáfrica y Egipto, no se alcanzó una construcción sólida que permitiese establecer una estructura comercial y política estable. Esa estrategia de relacionamiento fue llevada delante de manera efectiva por nuestro vecino Brasil, quien a partir de lazos históricos, culturales y raciales con Africa supo construir una política exterior estructurada y clara que resultó en beneficios comerciales en términos de exportación y en beneficios políticos con la construcción de un ligamento institucionalizado, tanto en términos bilaterales como multilaterales, desembocando en BRICS como mejor ejemplo.

 

Frente a la falta de una política exterior estratégica, Africa comenzó a quedar relegada. En la actualidad, para nuestro, país, la región parece distante a pesar de los esfuerzos por no alejarse completamente del continente africano. Con preocupaciones y metas diferentes a las de América Latina, con distintos objetivos en términos económicos, comerciales y de desarrollo político-institucional, el panorama se concibe cada vez más complejo.

 

Sin embargo, a pesar de este trasfondo, Africa necesita ser relevante. Pero, ¿por qué? Tres ejes son cruciales.

 

  • En primer lugar, Africa comienza a percibir un boom en términos poblacionales. Para 2050, se espera que el continente redoble su actual cantidad de habitantes, alcanzando los 2.500 millones, acaparando la mitad del crecimiento de la población mundial. ¿Por qué este fenómeno? La mejora en términos de salubridad y la caída de conflictos militares ha reducido la mortalidad, principalmente la infantil, a lo cual se une el fenómeno del aumento de la natalidad. Y esta cuestión para Argentina realmente importa, ya que Africa se encamina a ser el principal demandante global de alimentos. Como se mencionó desde el Palacio San Martín hace pocos meses, nuestro país puede alimentar a 400 millones de personas gracias a la especialización en términos agropecuarios y la importancia del sector exportador. La cuestión no solamente reside en el déficit alimentario. El continente africano a su vez sufre una caída de las áreas cultivadas, una escasez de agua cada vez más pronunciada, y un panorama negativo en términos de suelo y medio ambiente. La participación de países del sur del Sahara en el Congreso Internacional TrigAr en Córdoba refuerza la idea de que Argentina es un actor clave que puede exportar no solamente sus productos primarios, sino sus experiencias y expertise en términos de producción agro-ganadera.

 

  • En segundo lugar, es importante destacar que el continente africano ha evolucionado en términos económicos y comerciales, dando lugar a una creciente estabilización financiera y convirtiéndose en un núcleo de oportunidades de negocios a futuro. A pesar de la heterogeneidad de la región, sus diferentes estructuras políticoeconómicas de los Estado-Nación y sus propias dificultades con respecto a la infraestructura y la matriz energética e industrial, poseen seis de las economías que más crecerán según el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los mercados internacionales y grupos inversores prestan cada vez más atención al cúmulo de países del sur del Sahara, en búsqueda de poder desarrollar sus actividades y consolidar negocios. Según el reporte Doing Business del Banco Mundial (BM), cinco de las diez economías con mayor evolución en términos de reformas económicas fueron africanas. A su vez, el crecimiento del continente en su conjunto pasó del 2,7% en 2018 a 3,4% en 2019 y 3,7% en 2020. Gran parte de esta mejora se debe al fuerte impulso de pequeñas y medianas economías como Kenia, Ghana y Etiopia que llevan la delantera. Cabe destacar que gran parte de este cambio radical en Africa se debe a la consolidación de buenos panoramas de crecimiento, mejoras en la calidad institucional y en diversos índices de desarrollo. Frente a este panorama, Argentina encuentra una región en continuo avance y reformas, que consolida una clara postura hacia el mercado y la buena recepción de las inversiones extranjeras. Solo es necesaria una política exterior que cristalice la apertura hacia un continente que será crucial en el futuro inmediato.

 

  • En tercer lugar, el multilateralismo. Históricamente, la coordinación de posturas en política exterior en el ámbito de las instituciones y organizaciones internacionales ha sido una de las principales vías de cooperación. La máxima expresión de este eje, se solidifico en la colaboración argentina para el empoderamiento de los Estados africanos en el plano internacional (sobre todo a partir de la década de 1960 y 1970 en adelante) y el recíproco apoyo de esos mismos gobiernos en el reclamo por la soberanía sobre las Islas Malvinas. En la cuestión del multilateralismo, es menester mencionar la Cooperación Sur-Sur como la expresión máxima en términos de unificación de posturas afines. Esta se ha consolidado como una herramienta de política exterior para los países en desarrollo, siendo la idea central obtener una mejora en el margen de maniobra exterior, establecer desafíos en común y a su vez promover un conjunto de ideas afines que permita un acercamiento más decisivo. En la actualidad, la cooperación se refleja principalmente en el establecimiento de herramientas para el desarrollo, sobre todo pensando que, como se mencionó anteriormente, Argentina es un actor que puede proveer de conocimientos en términos agroindustriales, principal necesidad de Africa de cara al futuro.

 

En conclusión, Argentina necesita repensar el nuevo orden internacional. Africa se erige como un continente lleno de oportunidades, tanto en términos comerciales y político-económicos. Fortalecer su presencia en los Estados con mayor crecimiento, promover oportunidades de cooperación y analizar las principales virtudes de una región que será cada vez más importante, es una materia pendiente de Argentina y que debe resolver en el corto plazo.

 

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