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Ya suman 27 los muertos en Venezuela. Foto:AFP

Los Obispos de Venezuela, por nuestro intermedio, le saludan
fraternalmente, le reiteran la total adhesión a su persona y magisterio
y rezan cada día pidiendo a Jesucristo que sus palabras y gestos
de Pastor Universal revelen a todos los hombres y mujeres la misericordia
del Padre Celestial. Nuestra obediencia a su persona no es
sólo afectiva y guiada por la empatía latinoamericana sino de carácter
teológico y sacramental. No es discutible, y la explicitamos con
la fórmula latina Cum Petro et sub Petro. Cualquier otra interpretación
es falsa y malintencionada. De aquí que hayamos recibido con
profunda estima y sincera complacencia su fraterna y honrosa carta
del pasado 05 de mayo dirigida a todos los Obispos, como su continua
preocupación referida a Venezuela

El Episcopado y toda la Iglesia en Venezuela le agradecen su manifiesta preocupación por
el destino democrático
de nuestra nación y el
prolongado y creciente
sufrimiento a que ella está
sometida. Hoy en Venezuela
ya no hay propiamente
un conflicto
ideológico entre derechas
e izquierdas o entre "patriotas"
y "escuálidos"—todo
esto pasó a un segundo
o tercer plano— sino
una lucha entre un Gobierno
devenido en dictadura,
autorreferencial que
sólo sirve para sus propios
intereses y todo un
pueblo que clama libertad
y busca afanosamente,
a riesgo de las vidas
de los más jóvenes, pan,
medicamentos, seguridad,
trabajo y elecciones
justas, libertades plenas y
poderes públicos autónomos,
que pongan en primer
lugar el bien común
y la paz social.
La Conferencia Episcopal
se ha dirigido repetidas
veces al Gobierno y
hace apenas dos semanas
se ha reunido e intercambiado
con sus representantes
más calificados algunas
propuestas sobre
la ayuda humanitaria. La
esperanza de que Caritas
Venezolana, a más de la
amplia labor que realiza
ordinariamente, pudiera
servir de instrumento para
que al menos las medicinas
lleguen a tiempo
y sin exclusiones a todos
los ciudadanos, no se ha
perdido; pero las condiciones
que establecen los
ministerios y otros organismos
encargados de la
salud y nutrición son tales
y tantas que el camino
se hace cuesta arriba
y está sembrado de obstáculos.

Por otra parte, el Episcopado venezolano ha juzgado innecesaria,
desigual desde el punto de vista social y, en consecuencia, inconveniente
y peligrosa, la iniciativa presidencial de una Asamblea Nacional
Constituyente, convocada sin consultar la libre opinión del pueblo
de manera directa y universal, mediante un previo referéndum
consultivo. Esta Asamblea, prevista para fines del próximo mes de
Julio, será impuesta por la fuerza y sus resultados serán la constitucionalización
de una dictadura militar, socialistamarxista y comunista,
la permanencia ilimitada del actual Gobierno en el poder, la
anulación de los poderes públicos constituidos, particularmente de
la actual Asamblea Nacional, representante de la soberanía popular,
el aumento de la persecución y exilio de los opositores al sistema político dominante y la ampliación de las facilidades para la corrupción
de los gobernantes y sus adláteres. De aprobarse, no se descartan
mayores controles a la libertad de expresión, incluso a la libertad
religiosa, y mayor represión para la ciudadanía. Por estas y otras
razones la Conferencia Episcopal Venezolana rechaza categóricamente
la instalación y desarrollo de dicha Asamblea Constituyente,
de carácter comunal y excluyente.

La imposición de este formato de Asamblea es también la negación
por parte del actual Gobierno de un propósito de diálogo verdadero
y eficaz. Para la Conferencia Episcopal, diálogo en Venezuela
quiere decir hoy consultar la libre opinión del pueblo soberano
de respetar seriamente el resultado de la consulta. Pero el diálogo
en nuestro país debe tener, no como condición sino como punto de
partida o presupuestos de real eficacia, los Acuerdos alcanzados, pero
no cumplidos, en la sesión de Diálogo del treinta y treinta y uno
de Octubre del año pasado, oportunamente demandados por el Secretario
de Estado Vaticano, Su Eminencia Cardenal Pietro Parolin,
en su carta enviada al Gobierno y a la Oposición el 01 de Diciembre
de 2016.
Santo Padre, nuestro pueblo sufre cada día más. Hoy, aunque el
tema noticioso es la Asamblea Nacional Constituyente, la situación
social no ha mejorado. Continúa el desabastecimiento de alimentos
y medicamentos con el agravante de la poca accesibilidad económica
de los venezolanos; va aumentando la desnutrición infantil y
nuestros enfermos se nos mueren. La brutal represión en las protestas
por parte de los órganos de seguridad del Gobierno ha cobrado
más de sesenta vidas jóvenes. Son escenas muy dolorosas que hemos
vivido en los dos últimos meses.
Los Obispos, Sacerdotes, Consagrados y Consagradas, y los laicos,
estamos hoy en Venezuela más unidos que en otros tiempos,
procurando dar un testimonio creíble de fe, esperanza y caridad, de
pobreza, solidaridad y oración. Nunca antes se había hecho tanta
oración en Venezuela como ahora. El santo pueblo fiel quiere al Papa
y reza más por él. Rezamos también por su próximo viaje al hermano
país de Colombia.
Santo Padre, la Iglesia en Venezuela camina con Usted. Nada ni
nadie la apartará de su cayado de Pastor. Los Obispos valoramos
como altamente positivos sus mensajes dirigidos a los pastores de la
Iglesia, a los gobernantes, a la dirigencia política y a todo el pueblo.
Necesitamos su palabra orientadora, aun a riesgo de que en algún
momento pueda ser mal interpretada Ella es siempre para nosotros
fuente de consuelo y esperanza.
Agradeciendo inmensamente, Santo Padre, que nos haya recibido,
Pastores y fieles de Venezuela le pedimos que nos dé su santa bendición.
Muchas gracias.

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La preocupación de los pastores de Venezuela por la crisis

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