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Ayer tocó enfrentarme con una nueva experiencia, como lo fue en todas las etapas de esta Regata fascinante. Un río desconocido, embravecido como nunca en los días anteriores. Las olas eran de medio metro y el viento indomable con ráfagas muy fuertes. Tuve en mente las enseñanzas que he recibido de Cacho y Cecilia Collueque, y los consejos y conversaciones con palistas experimentados para resolver situaciones que fueron extremadamente difíciles de sortear.

Vi varios votes darse vuelta. Apelé a toda mi fortaleza mental. Decidí buscar las zonas del río que me permitían avanzar con menos riesgo aunque implicara sacrificar tiempo y energía. En los tramos más complicados remé fuera de la corriente principal donde vas mucho más lento. Fue muy bueno haber mantenido la calma, en ningún momento perdí el control.

La llegada a cada meta es intensa, siempre emocionante: ¡ahora se viene Viedma!

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