Compartir

Unos con más o menos experiencia en montañismo y otros con caminatas en las bardas del Alto Valle como único entrenamiento parten rumbo a la laguna Negra, en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Sumen trece -dejando de lado toda superstición- entre amigos y familiares.

Es diciembre y el día muestra todo su esplendor, con un sol que los acompañará toda la travesía. Las mochilas tienen todo lo necesario pero sin excederse, porque con el correr de las horas la caminata se vuelve pesada.

La laguna Negra (1.650 msnm) se encuentra al final de un sendero de 14 km que comienza en Colonia Suiza – a 25 km de Bariloche-. Serán entre cinco y seis horas de trekking de nivel medio, pero con la certeza de que el paisaje y la experiencia bien valdrán la pena.

Después de registrarse en el Parque Nacional Nahuel Huapi, requisito indispensable para todo aquel que salga a la montaña, comienzan a caminar por una huella ancha, en una subida leve que pronto se convertirá en un sendero más pequeño. Y entonces sí el paisaje se vuelve montañoso, con un bosque en su mayoría de coihues.

A unos 3 km, aproximadamente, un claro deja a la vista el arroyo Goye y la senda continúa por derecha, siempre bordeando el curso de agua, entre coihues, primero, y lengas, radales, cipreses y ñires después.

El sonido del agua y el canto de los pájaros acompañan a los caminantes. No se ven animales, salvo alguna lagartija cuando el sol empieza a arreciar.

Sobre las piedras o algunos troncos se dejan ver flechas o marcas de color rojo intenso que indican que marchan por la senda correcta. No es necesario ir con guía, sólo es cuestión de no alejarse del sendero señalizado.

Algunos claros los invitan a detenerse a descansar, hidratarse y plasmar con la cámara de fotos una naturaleza de belleza indescriptible. Y luego retoman la marcha, sabiendo que la meta no está tan lejos.

El paisaje empieza a cambiar con la altura. A los 1.100 msnm sólo queda lenga que se va achaparrando cada vez más y empieza a verse el cielo. La mirada se amplía y se aprecia la enorme cascada que, con las aguas de la laguna Negra, da origen al arroyo Goye.

Las flechas rojas indican que hay que cruzar el curso de agua y saben que a partir de este momento la dificultad se hace mayor.

Vegetación baja y rocas escarpadas definen lo que viene. El subida se vuelve más abrupta y hay nieve en buena parte del trayecto.

El ascenso es más lento y algunas señales están tapadas por el manto blanco. Entonces uno de los más experimentados va dando tips de dónde pisar.

El camino, al que llaman “el caracol”, sube en forma de zigzag para facilitar la caminata. De todos modos, es el trayecto de mayor desafío físico y mental, no sólo por lo empinado y escarpado del terreno sino porque hay algunos precipicios y la nieve dificulta el agarre a tierra.

Y acá es donde el grupo se vuelve fundamental. Explican que “es muy importante para la contención. El grupo te da ánimo cuando el camino se vuelve difícil… se genera otro clima”.

De pronto llegan al punto más alto y el paisaje maravilla y deja boquiabiertos a los expedicionarios. Allí está el paraíso: la laguna Negra se abre al pie de los cerros Negro y Bailey Willis. Aún congelada en lagunos sectores, está rodeada por paredes de roca verticales que le dan una belleza particular.

También se ven los picos nevados de los cerros Gordo, Marino y Manolo. Y ahí nomás, cruzando la ría que da origen a la cascada y al arroyo Goye, se levanta el refugio Italia.

Un ratito de descanso en el refugio permitirá salir después a recorrer el lugar, caminar por la laguna helada y grabar con la cámara y en la retina cada rinconcito de este lugar de ensueño.

El refugio Italia está en la orilla este de la laguna Negra. Con capacidad para 60 personas, ofrece el uso de la cocina y el comedor, camastros con colchones y frazadas para dormir y también tiene servicio de restaurante y kiosco. Los valores son, por persona, $ 850 pensión completa, $ 570 media pensión y $ 300 el pernocte.

El comedor es el espacio de encuentro. Hay hoy alrededor de cuarenta personas, en su mayoría jóvenes. También algunos extranjeros. Es el momento de compartir experiencias y enriquecerse con el intercambio en este lugar donde lo cotidiano quedó atrás y sólo resta disfrutar de este tiempo sin tiempo, hasta que llegue el momento de emprender el regreso.

Leer mas

Comentarios

comentarios