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Las chicas del cable es la primera serie original de Netflix con producción española y relata historia de cuatro chicas que llegan a una ciudad que respira aires de modernidad y progreso para luchar en contra de un sistema aún difícil de quebrar. Alba, Ángeles, Carlota y Marga se trasladan a Madrid, capital española, para trabajar en la centralita de la nueva compañía de teléfonos que promete nuevas y mejores oportunidades para todos, incluso para la mujeres.

Las chicas del cable

Pero qué tienen en común estas cuatro mujeres en años tan complicados como los de la década de años 20, pues a los hombres. Y es que para poder ejemplificar la lucha de las mujeres contra el sistema es imposible no hablar de quienes lo manejan. Por eso, a lo largo de ocho capítulos, Alba, Ángeles, Carlota y Marga se enfrentan a los maltratos y exigencias de sus maridos, novios, jefes y padres y se enredad en un mar de emociones.

“La vida no era fácil para nadie y menos para las mujeres”. Así comienza Lidia Aguilar, interpretada por Blanca Suárez, a contar la historia que narra los vericuetos entre clases sociales en un tiempo marcado por la liberación femenina.

Decorados, música y vestuario casan perfectamente con cada escena, creando un ambiente que deja a todos queriendo más de cada capítulo. La encargada de recrear en detalle y mimo cada atuendo fue Helena Sanchís quien recorrió cada tienda italiana, en colaboración con la mítica Sastrería Cornejo, para emular a la perfección el ánimo de la mujer independiente de la década de 1920.

Las chicas del cable

Esta década esta marcada por la entrada formal de la moda en la rutina diaria, una tendencia llena de colores y que todavía no se había teñido de negro y gris por la guerra que vendría. La silueta de la mujer se pierden entre líneas rectas y la clasificación, según el modo de vestir, se limita dos categorías: o eras flapper o eras garçonne. Las chicas del cables se encuentra en la primera.

Las flappers, cuya bandera es la liberación de la silueta femenina, hicieron que la cintura desapareciera casi que por completo y que el largo del vestido se extendiera hasta los tobillos. Para lidiar con el trabajo y las obligaciones del día, los atuendos garantizaban comodidad pero por la noche, se llenaban de brillo, encajes y pedrería.

El uniforme de Las Chicas del Cable permanecerá en nuestro recuerdo, con cinturón negro y lazo en el cuello, el corte se de los vestidos se extiende hasta la cadera: la cintura se pierde en el camino y el largo es el justo para que la sensualidad se asome en forma de medias de seda y zapatos de tacón en punta.

Las chicas del cable

El rayón fue, sin duda y con algunas excepciones, el material más utilizado de la época: era económico y fácil de lavar. Hasta en los aspectos burdos, como el lavado de una prenda, se respiraban aires de liberación.

Para la noches, vestidos sin mangas y, para combatir el frío de la ciudad, tapados que cubriesen los escotes aún tímidos pero que marcaron el inicio de una era. Eran largos, por debajo de la rodilla, y se adornaba con pieles en la parte inferior. La parte de arriba nos recuerda las solapas de los trajes de los hombres, otro signo importante.

Las chicas del cable

Sin duda, y a pesar de las críticas, Las chicas del cable nos trasladó a una época en donde la lucha por la igualdad, la justicia y la liberación de la mujer estuvo acompañada por hermosos atuendos que hacía justicia a las voces que se unían.

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