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No es la moda de una playa en particular, ni sólo de los adolescentes: los parlantes inalámbricos coparon todos los balnearios de Mar del Plata y son las vedettes esta temporada. Se consiguen desde los $400, se volvieron "claves" a la salida de los boliches y con ellos los jóvenes dicen que extienden la noche hasta las 10 de la mañana.

En Playa Bristol, caminando entre las sombrillas, así como el que vende choclos con manteca o los tradicionales churros con dulce de leche, desde este verano pasa ofreciendo su mercancía un nuevo protagonista: el vendedor de parlantes. De colores, con luces, con una o dos bocinas, con conexión bluetooth, se lleva las miradas y no pasa desapercibido, envuelto en una nube de sonido que se escucha venir a lo lejos.

"500 pesos", responde Enrique, que no quiere fotos, pero comparte con Infobae que este es el primer año que este tipo de dispositivos se venden en las playas de Mar del Plata. No muy lejos otro vendedor va cargando al menos tres modelos distintos. Se arrodilla al lado de Romina y Noelia, dos amigas que vinieron desde Tigre a pasar unos días, e insiste en mostrarles lo que tiene.

"La verdad es la primera vez que venimos a Mar del Plata, nosotras tenemos un parlante y lo llevamos siempre a las juntadas, de buena onda, pero como no lo trajimos compramos este acá en la playa", explica Romina, que pagó $400 pesos por un modelo del tamaño de una zapatilla talle 42, práctico, aunque admite que dura poco la batería.

De fondo suena fuerte "Vente Pa' Ca", canción del colombiano Maluma en la versión de Ricky Martin. Algunos se dan vuelta pero nadie presta mayor atención, hasta que con una camisa azul abierta un hombre empieza a girar con los brazos abiertos y para cuando llega el momento del estribillo es como si el espíritu del puertorriqueño lo hubiera devorado. Espontáneamente una nena se le suma y la playa termina aplaudiendo al compás del improvisado espectáculo alrededor de un bailarín, pero también de su parlante.

Tomando mate al ritmo del cuarteto disfruta de las bondades de la Bristol, Alejandro, que vino con su hijo de vacaciones desde la localidad bonaerense de San Antonio de Padua. El hincha de San Lorenzo cuenta que el parlante lo tiene "para ir a pescar", pero que este verano no dudó a la hora de sumarlo a la lona, el termo y la reposara.

"Algunos ponen unos parlantes muy altos, quizás con la música que no es la que uno elegiría, entonces con esto se puede armar un ambiente propio", explica el paduense, que se queda con el cuarteto a la hora de musicalizar. "Yo llego y a los vecinos que tengo alrededor les pregunto si no les molesta, me dicen siempre que no, igual yo escucho bajito tomando mate", dice y agrega: "Uno cuando llega a la casa le gusta climatizarla a su gusto, bueno, yo acá hice lo mismo".

Siguiendo camino hacia el sur Playa Varese no es la excepción a la tendencia. "Este no es cualquier parlante, este tiene el escudo de Talleres", resalta enfático Rodrigo, un cordobés de pura cepa, que mientras habla sube una manija que se saca de atrás del bafle y lo convierte en un carry on, similar a una valija de mano con rueditas.

"Al principio puede estar la gente más grande medio reacia, pero después se prenden todos, principalmente los turistas", cuenta él y subraya que hay una regla: "el dueño elige la música". "Este tiene el bluetooth para e teléfono, tiene entrada para tarjeta de memoria, USB, también se lo puede enchufar, tiene luces", enumera sobre las especificaciones del modelo que compró hace cuatro meses en Córdoba a $2.000. "La gente no pregunta pero pispea y siempre se terminan moviendo al compás del cuarteto", asegura.

A unos 200 metros de Rodrigo el que musicaliza es Nahuel, marplatense. Adentro de un bolso lleva un parlante que destella en fucsia al ritmo del reggaeton y por el que pagó $3.000, el que de vacaciones con amigos comienza a jugar un rol fundamental en planos que van más allá de la melomanía. "Las chicas se acercan y te dicen tenés tal tema, tenés tal otro", se ríe el local, que lo utiliza como arma de seducción y una forma de convertir, dice, "la playa en una previa".

Santiago es de Tucumán y está de vacaciones en "La Feliz" con su mujer y sus dos hijos. Para las fiestas compró un parlante con la idea de usarlo en la casa, pero cuando hizo las valijas para pasar unos días en Mar del Plata, cargó también la reciente adquisición. "He venido varias veces a la playa a Mar del Plata y cuando está la música apagada es todo como muy tranquilo, esto es como para cambiar un poco la movida", comenta con Infobae.

"Yo vi a amigos que vinieron antes que yo y me dijeron que se usaba mucho en las playas del sur", cuenta y comparte sobre las preferencias familiares: "Yo particularmente escucho cumbia o cuarteto, mi mujer es más del pop latino y los chicos cualquier cosa pero les encanta bailar". Los vecinos: "Es el primer día así que todavía no hemos tenido problema con nadie".

El camino del parlante desemboca en Playa Grande, donde adquiere su máxima expresión y más que en ninguna otra parte tener uno es sinónimo de éxito. "Lo compré especialmente para venir acá", no titubea en afirmar Ignacio, que vino con amigos desde Lanús con amigos y que años anteriores venía viendo una incipiente tendencia, aunque a menor escala.

"Yo había venido anteriormente y veía parlantes chiquitos y dije, 'este año somos muchos, vamos a hacer quilombo'", devela sobre la logística y detalla el paso a paso: "Al principio lo pongo despacio y después lo voy subiendo de a poco, cuando llega a cierto nivel sonoro la gente empieza a darse vuelta, se sorprenden, y después cuando ya entraron en confianza hasta vienen a pedirte temas". "Parezco un Dj, parece joda pero es así, la gente viene a pedir", remarca, todo por los efectos de la que dice fue su "mejor inversión" para las vacaciones, la que en el mercado tiene un valor de entre los $5.000 y $6.000.

"Este es 'Arturito' y es el parlante más facha de Mar del Plata", asegura Juan Manuel Mato, instagramer de Capital Federal, conocido en la red social como @matojuan, con más de 48 mil seguidores y activista de la revolución de los parlantes en Playa Grande. "Esto es una bestialidad, un día antes al señor le agarró la locura y lo compró", confiesa señalando a su amigo Julián.

"Es que ponen en el grupo de WhatsApp 'che, no tenemos música', así que fui y lo compré", resume el comprador, que invirtió $6.500 en el modelo ploteado con un collage de tipografías estilo graffiti, ruedas y manija expansible. "El primer día éramos cinco, no habíamos venido al boliche y nos quedamos en la puerta con el parlante. Cuando salió la gente tipo 6 d ela mañana lo pusimos en la playa y nos quedamos unas 100 o 110 personas bailando hasta las 10″, relatan la que fue la primera hazaña de "Arturito", nombre inspirado en el mítico personaje de Star Wars.

Alrededor del parlante en Playa Grande es donde pasan las cosas. Los temas que más se piden según los ocasionales DJ´s son: "Bella y Sensual", de la colaboración de Romeo Santos, Daddy Yankee y Nicky Jam, y el pegadizo "Scooby-Doo PaPa" de Dj Kass. Sin embargo, la única gran estrella del 2018 se conecta por Bluetooth y marca el ritmo del verano todo lo que dure la batería.

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