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Hernando Kleimans es periodista y dirigió la Casa de la Provincia de Buenos Aires en Rusia desde 1995 hasta 1999, cuando cerró. Y estudió en la Universidad Patrice Lumumba. Es considerado uno de los expertos más importantes en la relación de ambos países y analiza en diálogo con Infobae las oportunidades que pueden generarse a partir de la visita oficial de Mauricio Macri a Moscú.

– ¿Podemos decir que usted es un verdadero experto de las relaciones entre Argentina y Rusia?
– Más que un experto soy un sufriente de las relaciones entre Argentina y Rusia, porque los que seguimos este asunto estamos acostumbrados a escuchar que son economías complementarias, que tienen gran cantidad de oportunidades en el futuro, pero nunca las concretamos. Por el contrario, vamos para atrás.

– ¿En qué sentido?
– Si a fines de la década del 80 teníamos una balanza comercial de alrededor de 5000 millones de dólares, este año solo alcanzamos los 800 millones de dólares. En la reunión que mantuvieron los dos presidentes en Moscú, Putin le comentó a Macri que hubo una mejora en 2017 en relación a 2016 del 3%, pero es realmente poco relevante.

– Es cierto lo que usted dice, pero me parece que hubo una noticia positiva con la visita de Macri a Moscú, que es la continuación de los acuerdos de asociación estratégica integral que firmó Cristina Kirchner, a pesar de que tiene un ideología y un espacio totalmente opuestos.
– Sí, me parece bárbaro que no se hable de ideología, ni de política, porque se trata de una cuestión económica, estrictamente. Si nosotros nos diéramos cuenta del potencial que existe entre nuestras relaciones, este acuerdo firmado en el 2010, y nunca puesto en ejecución, debería ser una especie de constitución, de carta magna sobre la que regirnos para desarrollar una gran cantidad de cosas, desde energía y transporte, hasta biotecnología y el cosmos, por nombrar algunos tópicos. La lista es enorme. Habría que comenzar a dar el primer paso que, para mí, sin ninguna duda, es el proyecto en el puerto de Ramallo, que es un tema en el que se interesó específicamente el Presidente en su viaje a Moscú. Es un proyecto estratégico, que ya tiene financiación otorgada por Gazprombank (el segundo o tercer banco de Rusia) porque permitiría recibir el flujo de importaciones desde Rusia y exportarles a ellos nuestra producción y también del sur de Brasil, entre otros. Es un proyecto listo para ser ejecutado, y tengo entendido que ya una indicación de acelerar los trámites de esto, un modelo o patrón que sería para seguir con otros proyectos.

– Efectivamente fue así, Macri se interesó por el puerto de Ramallo, y hay otros proyectos muy prontos a salir, como el caso del cerro Solo, en Chubut, o el de la plata de fertilizantes en el sur de Santa Fe. Me parece que ahora lo que hay es una vocación por concretar estos acuerdos entre dos economías que tienen mucho para aprender una de la otra.
– Sí, por otra parte, yo le diría que esto es un ida y vuelta. Nosotros tenemos para aprovechar de Rusia tecnologías y equipamiento que no tenemos, que vienen con financiación, pero a la vez estamos en condiciones de suministrarles tecnologías que son muy importantes para ellos, biotecnología, cultivos especiales, siembra directa, tecnología para la industria alimenticia. No es que somos solo receptores de tecnología rusa. Tenemos capacidad de exportarles tecnología también. Tendríamos que estar trabajando en esto, y existen los mecanismos para hacerlo, pero no se hace.

– ¿Cuál es ese mecanismo, Hernando?
– Al margen de la tarea diplomática que, obviamente, es imprescindible, pero tiene un tono político formal, nosotros tenemos desde 1974 con Rusia una comisión intergubernamental conocida como la "comisión mixta" que se ocupa de todos los temas económicos, comerciales y científicos. Fue creada durante la visita del ministro de Economía de entonces, José Ber Gelbard. En esta comisión mixta, por el tratado que la crea, existe una secretaría binacional, con la cual mientras se producen las reuniones plenarias, debe funcionar como un organismo ejecutivo, implementando cada uno de los acuerdos. La comisión está funcionando, cada dos años se hace una reunión plenaria, pero son reuniones excesivamente formales. Los rusos tienen la persona responsable de esa parte ejecutiva, pero en Argentina nunca se designó a nadie.

– Esta comisión funciona en Cancillería? ¿Dónde se hacen las reuniones?
– La última vez se hizo en el Palacio San Martín, hace dos años. La próxima se hará en Moscú el 7 y 8 de febrero.

– En marzo habrá elecciones presidenciales y hace un par de días se vio cómo detenían a un líder opositor en la calle, en pleno proceso electoral. Uno ve a una Rusia muy pujante, pero por otro lado da esa tan triste imagen…
– Partamos de la base de que en Rusia la democracia es un término relativo. No de ahora, sino de hace 1000 años. Por otro lado, la aceptación que tiene Putin de la población es superior al 70%. La oposición es un término relativo también en Rusia. Se trata de pequeños grupos, podría decir, ilustrados. No tienen anclaje en la población ni la sensibilidad necesaria para captar qué puede requerir esa ciudadanía de una oposición. La oposición en Rusia es un término relativo, como la vida política en Rusia. Son factores que todavía no están estabilizados como en una democracia occidental, en absoluto.

– ¿Qué es Rusia hoy?
– En principio, reconquistó su lugar de potencia mundial, no es un paisito cualquiera, es una de las tres o cuatro potencias del mundo. En segundo lugar, es una potencia que requiere de nuestra presencia. Estamos en condiciones de ser los socios estratégicos de verdad de Rusia. Y no es solo Rusia, sino euroasia. Entre punta y punta de Rusia hay once husos horarios. Ese gigante tiene una importancia trascendente que no deberíamos desaprovechar. Por último, es un país estable, mucho más con un petróleo a 70 dólares como se está ahora, sin ninguna posibilidad de crisis, al que conviene tener como aliado y como socio.

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