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En uno de los brazos del lago Nahuel Huapi la aventura está garantizada en un entorno increíble de bosques, cascadas y aguas claras que caen con fuerza.

Paradójicamente su nombre es Tristeza, pero nada más alejado de generar esa sensación. En el corazón del Circuito Chico, el barco Kaikén surca todos los días las profundas aguas de este brazo –de hasta 250 metros de profundidad– desde la bahía López.

Son 15 kilómetros de navegación en poco más de una hora hasta detenerse en el extremo del brazo, donde un pequeño muelle de madera espera el desembarco de los pasajeros, que se realiza con un bote como intermediario desde unos metros antes de la costa. Allí espera una sorpresa de alto impacto (aunque habrá que leer hasta el final para conocerla) pero el tour desde el comienzo tiene imágenes que deslumbran.

La travesía

Nicolás De la Cruz es el guía y responsable de la aventura “Brazo Tristeza”, en este profundo fiordo glaciario en el sector suroeste del lago Nahuel Huapi. Está rodeado de montañas y cascadas y hasta se alcanza a ver por unos minutos el pico de nieves eternas del cerro Tronador (3.450 msnm).

La travesía parte en el kilómetro 32 del Circuito Chico, en bahía López, donde el Kaikén, que tiene capacidad sólo para 15 pasajeros y un guía de lujo como Nicolás De la Cruz, se dirige de inmediato hacia el oeste en dirección a la boca del brazo Blest, rodea la península Llao Llao y luego rumbea a la boca del brazo Tristeza, donde las aguas se calman, protegidas por las montañas.

En el camino hay varias cascadas que por estos días llegan cargadas de agua producto de las abundantes lluvias y el deshielo, según destaca Nicolás, que oficia de anfitrión durante las cinco horas de la excursión, que parte diariamente a las 9:30. Si la demanda lo exige, también en verano hay salidas a las 15.

El ambiente íntimo del barco, donde se ofrece servicio de comida a bordo con cerveza artesanal, permite dialogar mano a mano con el guía, amplio conocedor de la zona y geólogo. Nicolás cuenta en detalle cada tramo del camino, los cambios de vegetación de bosque a tupida selva valdiviana, los picos montañosos, las especies que habitan ese ambiente y las marcas que dejó el paso de los glaciares 5.000 años atrás.

Según relata el guía, este brazo del lago Nahuel Huapi lleva su nombre por la frustración de los colonos chilenos que pretendían desarrollar un paso más accesible para transportar mercancías a través de la cordillera de los Andes.

El brazo puede tener hasta 250 metros de profundidad y 1.200 metros de ancho. A cada orilla en los meses de verano se pueden descubrir playas desconocidas hasta donde sólo pueden llegar los residentes y turistas con embarcaciones.

Hacia el final del brazo, el barco se detiene. Transcurrió una hora de navegación a unos 15 kilómetros por hora. Nicolás y sus colaboradores lanzan al agua un bote de madera y con un sistema de cuerdas se ayudan para llevar en varios viajes a los pasajeros hacia un muelle precario de maderas que permite pisar tierra firma nuevamente en un sector boscoso a donde se llega sólo luego de navegar ese tramo.

Caminata en destino

El pintoresco desembarco es el punto de inicio de una caminata corta y de fácil acceso que pueden hacer desde niños de tres años hasta personas de ochenta, como registra el libro de visitas del Kaikén.

Se bordea el arroyo Frey a través de un pequeño bosque y a medida que se avanza el sonido del agua es cada vez más fuerte, ensordecedor al momento de llegar a la cascada.

La cascada del arroyo Frey es única en Bariloche, tiene un salto de 25 metros que es un torbellino de agua que cae con fuerza sobre la piedra, alisada ya por la erosión.

Unos largos minutos para la contemplación de la naturaleza, la meditación viendo el agua correr y otra vez de regreso al barco para la navegación final hacia la bahía López.

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