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¿Por qué amamos tanto a “El Zorro”?

Por Susana Ceballos

“El Zorro”

De lunes a viernes de 12 a 13, miles de personas cumplen una rutina con mucho de ritual: sentados frente al televisor se divierten con las aventuras de El Zorro. Si ese televidente es un niño seguramente buscará un repasador para transformarlo en capa, tomará una regla para convertirla en espada y, tranzando en el aire la Z, comenzará a correr por la casa al grito de “¡Zorro, Zorro!”. Si es un adulto mayor, de aquellos que hace rato peinan canas, sentirá que lo llevan a un lugar sin sobresaltos donde los buenos siempre ganan. ¿Por qué esta serie creada en 1950 y producida por Walt Disney continúa atrapando audiencias? ¿Cuál es su secreto para que todos los días alcance un promedio de cinco puntos de rating y se convierta en un imbatible en su horario?

Eduardo Coco Fernández, gerente de Producción de El Trece, da algunas pistas. “Una de las razones del éxito es que se trata de una historia con personajes reconocibles. Otra es la complicidad que se crea con el público, el único que sabe la verdadera identidad del hombre que se esconde detrás de una máscara -sostiene-. Además, atrapa porque son personajes y situaciones puras. Los padres saben que sus hijos pueden mirarlo sin restricciones porque la serie transmite valores como el respeto o la defensa de lo que está bien“.

Pero no solo eso, los padres pueden mirarlos con sus hijos y los abuelos con sus nietos, ya que se trata de una historia que atraviesa el tiempo y las modas. Un adulto le puede decirle a un chico: “Yo jugaba al Zorro“, y no se sentirá ni fuera de tiempo ni un poco tonto, porque el nene le responderá: “Yo también”. Es que en tiempos de apps y juegos virtuales, la infancia de los adultos de hoy es más parecida a la de los adultos de mediados del siglo XX que a la de los que serán adultos en el siglo XXI. Sin embargo, El Zorro logra que generaciones distintas compartan un mismo código, una misma complicidad y un mismo efecto.

Como productor, Coco Fernández admira la capacidad de los guionistas para contar en capítulos que duran apenas media hora una historia donde está muy bien enmarcado lo que está bien y lo que está mal. Y esa es otra de las razones de su vigencia. “En la serie, el bien siempre triunfa sobre el mal. Y sin dudas esto estimula la imaginación de quienes en la realidad esperan que esto ocurra, pero tienen serias dudas de que efectivamente así suceda”, afirma Guillermo Kaufman, doctor en Ciencias de la Comunicación Social y profesor de Narrativas Audiovisuales en la UBA.

Guy Williams, el más célebre de los enmascarados
Guy Williams, el más célebre de los enmascarados

Otro de los grandes méritos de la serie es su simplicidad. “Las situaciones son sencillas, los personajes son transparentes, los valores que se transmiten son evidentes y compartidos (aunque no necesariamente practicados) por los espectadores, el mundo de ficción funciona de manera simple y, en general, la visión del mundo real que propone es también muy llana. En cada capítulo hay un conflicto que se resuelve y los justos siempre ganan, pero los espectadores saben que además vencerán de un modo muy entretenido“, explica Kaufman. En todos los capítulos sucede algo: hay mucha acción, un poco de romance y bastante humor. El guión, entonces, es uno de los grandes méritos de esta serie. Pero, ¿es el único?

Sin duda, otro de los ingredientes del éxito es su protagonista: un héroe que no es un gran súper héroeEl Zorro no viene de un planeta lejano ni posee un cuerpo con poderes especiales. Cuando trepa por las paredes lo hace sin la ayuda de telarañas que salen de sus manos y cuando escapa de sus perseguidores huye por los techos manteniendo el equilibro y no volando. Y monta un caballo negro, pero no maneja una nave cibernética.

Para colmo, su padre es un hombre muy bueno pero absolutamente incapaz de darse cuenta que su hijo es un justiciero. La suma de estas características hace que para los chicos de ayer y para los de hoy, El Zorro sea un personaje muy imitable. Alcanza con un palo de escoba, un antifaz y una capa para convertirse en paladín de la justicia, al menos por un rato. Porque El Zorro es un héroe, pero uno posible, y sobre todo humano. Para ser como él no se precisa vista láser, un cuerpo con capacidad regenerativa o un traje especial; solo se precisa habilidad con la espada, un caballo obediente, un amigo fiel, un poco de imaginación y muchas ganas de defender a los débiles.

‘El Zorro es un héroe real que lucha por oprimidos reales. No se pelea contra extraterrestres sino con el poder colonial’, dice Guillermo Salmerón, guionista de El Marginal

Pero además la serie plantea muy bien el juego entre lo que parece y lo que es. Porque Don Diego de la Vega se muestra como un ricachón superficial y bastante cobarde cuando en realidad es otro, un hombre valiente y dispuesto a liberar a los oprimidos. Este juego de “parezco una cosa cuando en realidad soy otra” es algo que seduce pero también identifica a los espectadores, quizá porque la mayoría de las personas más de una vez nos mostramos de una manera pero nos sentimos de otra. O nos juzgan de una manera cuando somos otros.

En este sentido, Guillermo Salmerón, guionista de El Marginal, reflexiona: “El Zorro atrapa porque es un héroe real que lucha por oprimidos reales. No se pelea contra extraterrestres sino con el poder colonial”. Además, Salmerón destaca que los personajes están muy bien delineados, pero a su vez ofrecen gran cantidad de matices. “El Zorro es el héroe, pero Diego de la Vega tiene todos las características del antihéroe. El Sargento García es el perseguidor pero también un tipo bonachón que prefiere estar en la taberna cantando con sus amigos. Hasta el mismo Monasterio no es un villano convencional”.

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El guionista resalta que en la serie todo transcurre entre los límites de lo posible. Los hechos no suceden en una galaxia extraña sino en un lugar reconocible y con situaciones identificables donde los poderosos se aprovechan de los más débiles. Por eso cree que fue tan exitosa en toda Latinoamérica, y en especial en la Argentina.

Por su parte, Axel Kuschevatzky, periodista especializado en cine, considera que la serie “más que un éxito es una tradición”. Y se explaya: “El Zorro es un héroe que se sacrifica por el bien común. Diego de la Vega sale de la zona de confort que sería ser un hombre rico para identificarse con los oprimidos y defenderlos. Es una variante de Robin Hood. Además, es una figura antisistema, y por eso atrapa a grandes y chicos“. Como productor cinematográfico, Axel subraya el casting de actores: “Todos son impecables, no solo los principales, Guy Willimas (murió en Argentina, en absoluta soledad) y Henry Calvin, sino que también los secundarios son buenísimos”.

Guy Williams como “Don Diego de la Vega”; a su izquierda, Ricardo Montalbán interpretando a “Ramón Castillo”, viejo amigo suyo
Guy Williams como “Don Diego de la Vega”; a su izquierda, Ricardo Montalbán interpretando a “Ramón Castillo”, viejo amigo suyo

En términos de audiencia Kuschevatzky desafía la idea generalizada que lo identifica como un programa que solo ven los chicos. “(El mediodía) es un horario de adultos mayores, y ellos son la principal audiencia”, sostiene, y ensaya una explicación: “Creo que establecen con la serie un vínculo de nostalgia que los lleva a un tiempo donde se sentían mejor. Si una persona vio ese programa toda su vida, volver a verlo lo retrotrae a momentos muy placenteros”.

Lo que argumenta Kuschevatzky lo ratifica las mediciones. Los adultos mayores miran el programa con fidelidad. “Para quienes no tienen cable, no usan Internet ni tienen Netflix, las posibilidades del entretenimiento hogareño están sumamente limitadas. Habría que revisar la grilla de los canales de aire y ver cómo están pensando hoy a los adultos mayores, y qué espacios de participación e interacción les proponen. Tal vez la vean una y otra vez porque las opciones no sean demasiado apropiadas para ellos“, señala Kaufman. Es que, lamentablemente, nuestra sociedad -y la televisión no está ajena a ello- muchas veces hace que los adultos mayores se sienten, como canta Joan Manuel Serrat, convertidos en “fantasmas con memoria”.

El último capítulo de “El Zorro”

Si bien es cierto que no hay productos nuevos y las propuestas de programas para compartir entre grandes y chicos es muy limitada, ¿solo por eso El Zorro mantiene su audiencia fiel entre estos adultos mayores? Otra explicación sería que en sus 82 capítulos la serie conserva una estructura simple que la hace comprensibles y amigable para los que pasaron los 80. No solo implica esa conexión con la infancia sino un mundo simple donde los buenos son buenos e invencibles, y los malos son malos y vencibles. Así, cada capítulo no solo es previsible: también es esperanzador. Lo importante no es que El Zorro siempre logra escapar y nunca lo descubren; lo lindo es que pase lo que pase, el bien siempre triunfa. No hay sobresaltos, los malos son malísimos y todos los conocen, los buenos son buenísimos y todos los quieren.

Por guión, por actores o por un héroe que no es un súper héroe, a 50 años de su estreno El Zorro sigue teniendo miles de seguidores. Quizá la explicación de su éxito sea que, como él, todos somos un poco héroes y un poco torpes. O quizá simplemente sea que a la mayoría nos gustaría tener una máscara y una espada que nos permita derrotar, aunque sea por un rato, a todos esos villanos que son malos con los buenos, pero buenos con los malos.

El Sargento García
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