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Que la Virgen los acompañe

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

¡Feliz no feriado, amigo lector! Si me dice que a usted no le molestó ir a trabajar porque el feriado cayó domingo, no le creo. Con lo largo que ha sido este año político, bien podrían habernos hecho el favor correrlo 24 horas, cosa de arrancar la semana livianitos. Con las que nos hemos aguantado, no merecemos menos de tipos que son capaces de aprobar el beneplácito por la fiesta del lechón celoso o algo así.
La verdad que muchas veces me he preguntado por qué seguir manteniendo como día no laborable el 8 de diciembre, día de la virgen/de la inmaculada concepción/de armar el arbolito. A esta altura, quizás esa última sea la función más importante, porque las otras denominaciones son demasiado específicas de un culto como para mantener el feriado. Además, ¿cómo puede ser que la concepción sea el 8 y el parto el 25 del mismo mes? Se ve que más que paloma era como el gallo Tito, el del cuento.
Igual, no todo es como para que los ateos militantes -como quien suscribe- se arranquen los pelos pidiendo separación entre la iglesia y el Estado, eliminación de los privilegios de los curas y todas esas consignas de progre sesgado. Aunque deseo profundamente que condenen y metan presos a los curas que hacen almuerzo de kiosko y se comen un pebete, lo mismo vale para un chamán sanavirón que dice curar con yuyos, aceites y masajes para meter mano donde no debe. Nada personal, cantaba Soda Stereo.
Lo verdaderamente importante del día de ayer, más allá de esta pequeña disgresión religiosa, fue que Gatricio y el Profe se encontraron en la Basílica de Luján, celebrando un día tan trascendental para los creyentes católicos. Estuve toda la transmisión esperando que vuele un sillazo como en los programas de lucha libre, pero nada. Se saludaron bien, se acompañaron, casi como si no fuese en Argentina.
Si el precio a pagar para que se vea algo medianamente cordial o institucional en este país es que se sienten a escuchar a un cura, le diría que sería como con la canela, que me la banco mientras sea para perfumar: si cambia el gusto, entonces es demasiado. No hace falta aclarar que acá siempre nos pasamos de la raya, así que no me voy a ilusionar.
Además, no debe haber sido algo taaan especial sabiendo que la Aforada de Recoleta prefirió quedarse en la casa haciéndose la pedicura y viendo El Irlandés (así en castellano porque a las películas las ve dobladas, costumbre que heredó de Néstor), haciendo fiaca antes de volver a impugnarle nombres para completar la nómina del Estado nacional.
Los otros que habrán estado ocupados deben haber sido el tigrense taimado (capaz estaba viendo telas para tapizarse el sillón de la presidencia de diputados), el mini sandro economista (que teniendo más en común con Nico Del Caño que con El Profe bien podría haber estado posando en el capot del clío con un pañuelo naranja para sus groupies de instagram) ni Minimo K (que en una de esas tenía el asado de cierre de año con los amigos virtuales con los que juega al Counter Strike).
El poder verdadero (o al menos una pata bastante importante del mismo) prefirió pegar el faltazo y dejar a los chicos solos mientras una banda de tipos que parecían Los Piratas -por sus túnicas celestes- pedían paz, armonía, escuchar a los pobres y todas esas cosas que les gusta repetir cada vez que les ponen una cámara.
Con ese contexto, no habría mucho para festejar de que un tipo que viene a ser una especie de superjefe de gabinete para una presidenta que está en el Senado se siente con el que se está yendo. Cuando el poder formal y el real no coinciden, entonces las escenas que vemos no significan lo que creemos ver.
Le pongo un ejemplo más o menos fácil: cuando el odontólogo de Giles -Héctor José Cámpora- recibió la visita de Allende y Dorticós (presidentes de Chile y Cuba) en el día que le pusieron la banda presidencial, todos sabían que al Perón que tenía el poder real los comunistas le gustaban lo mismo que darle a la pata de la cama con el dedito chico del pie. Por eso no hubo sorpresas cuando empezó a tartamudear el abecedario: A A A… y así.
Le digo, amigo lector, que aplaudo como un desaforado esos gestos de encuentro. Seguramente usted me va a tildar de loco, pero esos dos que estaban ahí sentados se van a necesitar bastante. Cuando la coalición que es el Frente de Todos empiece a resquebrajarse (porque es el peronismo rejuntado, no unido) los diputados y senadores que entraron para bancar al proyecto de Miauricio van a ayudar a que El Profe se desmarque del dogmatismo del cristinismo hardcore. Y ahí si van a estar en comunión, abrazados de vuelta y dándose la paz. Oremos.

La entrada Que la Virgen los acompañe se publicó primero en Diario Alfil.

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