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“En este contexto de nuevas metas y una proyección de precios regulados más moderada, el Banco Central (BCRA) considera que el sesgo contractivo actual de la política monetaria es aún algo elevado. Con toda la información disponible, el BCRA decidió reducir su tasa de política monetaria, el centro del corredor de pases a 7 días, en 75 puntos básicos a 27,25%”. Así reza parte del texto que la máxima entidad monetaria utilizó el último martes para dar a conocer el segundo recorte de la tasa de interés desde que en la última semana de diciembre se anunció la relajación de las metas de inflación para este año.

El telón de fondo de la decisión adoptada por el Presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, es un cambio rotundo en la política monetaria para la segunda parte del mandato de Mauricio Macri. Desde el inicio de la gestión, el Presidente de la Nación hizo hincapié en que la lucha contra la inflación era la prioridad del programa económico. Las altas tasas de interés registradas durante los primeros 24 meses de gobierno, guardaron estrecha relación con esa premisa. Tanto en la concepción de Macri como de Sturzenegger, la inflación es producto de la excesiva emisión monetaria, y la forma de contener el circulante es ofrecer una tasa que incentive a los agentes a tener menos pesos en su poder.

Sin embargo, no todos en el equipo económico acuerdan 100% con la estrategia. Las diferencias de criterio hacia dentro del gabinete económico datan desde las primeras horas. El debate en torno a las altas tasas de interés establecidas por el BCRA en su lucha contra la inflación, fue uno de los motivos que se llevó puesto al ex Ministro de Hacienda Afonso Prat Gay a fines de 2016. En ese momento, en la consideración de Macri primó la visión dura de Sturzenegger.

Un año más tarde, el revés político lo recibió el mandamás del BCRA. Esta vez, pesó más la visión laxa que surge desde el Ministerio de Hacienda comandado por Nicolás Dujovne. Aquella que prioriza el crecimiento del sector productivo y que clama a gritos por tasas más bajas que faciliten el acceso al financiamiento. También aquella que cree que es necesario un tipo de cambio más dinámico tras haber terminado el 2017 con el déficit comercial más alto de los últimos 35 años. La decisión de la Casa Rosada fue esta vez bajar las tasas.

Es en ese marco que puertas adentro del equipo económico se habla por lo bajo del “plan 20/23” para el año 2018. Se trata de lo que se espera sea una lenta convergencia de un tipo de cambio a $20 y de una tasa de interés en torno al 23%.

La primera parte del objetivo no está muy lejana. Esta semana, previo al anuncio del BCRA, el mercado cambiario anticipó la decisión de recortar la tasa, y el dólar subió hasta los $19,60 el mismo martes, alcanzando el máximo histórico de $19,93 el día miércoles. Hay consenso entre los especialistas en cuanto a que $20 sería el precio promedio de la divisa en los primeros meses del año, y a que el BCRA tiene tanto las herramientas como las reservas necesarias para contener un salto brusco en la cotización.

La segunda parte del objetivo parece más esquiva. La incomodidad de Sturzenegger, tanto al anunciar la nueva meta de inflación como el recorte de tasas, fue evidente. Se trata de una derrota política. La expresión concreta de la reticencia a reducir la tasa por parte del conductor de la política monetaria, es el grado del recorte. Fueron 75 puntos básicos la primer semana de enero y 75 puntos básicos más la semana pasada. La tasa se ubica hoy en 27,25%, y en Hacienda están convencidos de que hay margen para abaratar aun más el costo de tener pesos en el bolsillo.

La víctima inmediata es la declamada “independencia” del BCRA. La secuencia que tuvo lugar durante el último mes deja claro que quien toma las decisiones en materia económica es el Presidente, y que la entidad monetaria se subordina a lo que determina la Casa Rosada.

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