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Trump mostró la hilacha, Alberto pisó el palito y el riesgo país superó los 2.500 puntos

El lunes, a través de un comunicado, Donald Trump aplaudió a los militares bolivianos por defender la Constitución. El reconocimiento de la decisiva actuación militar fue una admisión de su responsabilidad en el rompimiento del orden institucional. Es decir, reconoció que fue un golpe de Estado porque esa misma Constitución indicaba que Evo Morales tenía mandato hasta el 22 de enero de 2020.

 

Fue una respuesta clásica de un presidente republicano de Estados Unidos, aunque también hubo algo de “exageración trumpiana”: celebrar lo que pasó es demasiado.

 

Hoy, Alberto Fernández fue entrevistado en Radio 10 y una de las preguntas apuntó a las declaraciones de su futuro par de Estados Unidos. “Estados Unidos volvió a las peores épocas de avalar golpes de Estado en América Latina”, dijo el Presidente electo.  Si Trump mostró la hilacha, Alberto pisó el palito.

 

Su visión genuina es que lo ocurrido el domingo fue un golpe de Estado y la biblioteca, por cierto, está a su favor. Quizás bastaba con remarcar la diferencia con las palabras Trump y listo, pero Alberto fue más allá y rememoró una época donde, es cierto, Estados Unidos no solo avalaba golpes sino que los estimulaba activamente. Hasta ahora, no hay información de que ese sea el caso en la Bolivia del 2019.

 

Cuando el país está a la vera de renegociar su deuda pública (una parte con legislación de Nueva York) con acreedores externos y el Fondo Monetario Internacional (FMI), siempre es mejor tener a Estados Unidos en el equipo. “Bueno, sí, fue un golpe de Estado, de acuerdo, pero no está para inmolarse por Evo. En default, con las monedas para un cortado en jarrito, sin atributos para ser referencia moral”, dijo Jorge Asís vía Twitter.

 

“Trump y Fernández claramente tienen un punto de desacuerdo sobre la situación en Bolivia. Resta ver si eso afectará o no la relación bilateral y de manera indirecta las negociaciones con el FMI. Habrá que ver qué grado de prioridad tiene Argentina en la agenda del Gobierno de Trump después del 10 de diciembre, por un lado y, a la vez, cuán importante es para Trump el hecho de que él y Fernández difieran en su enfoque de la situación boliviana”, señala el analista político Ignacio Labaqui ante El Economista.

 

A primera vista, la reacción del mercado no fue positiva. El riesgo país escaló casi 3% hasta 2.505 puntos básicos. “No entiendo la sobreactuación de Fernández”, dijo un operador ante El Economista. “Hay que ver si lo que dice Fernández en privado cuando habla con Estados Unidos es diferente a lo que manifiesta en público. Es una posibilidad. Pero también hay que ver si a Estados Unidos le molesta o no ese posible divorcio entre lo que se dice en público para la tribuna y lo que se dice en privado”, agregó. Según su visión, esa sobreactuación preocupó porque, argumenta, muestra que Fernández deberá dar señales constantes a su base más radicalizada y asumir costos que podrían complicar su estrategia económica y condicionar su política exterior.

 

Sin embargo, la clave será qué quiere Estados Unidos y cuán cooperativo será con las urgencias financieras de Argentina. Dado el caos reinante en toda América Latina, que Argentina corra el riesgo de sumarse a esa lista no sería conveniente para los intereses de Estados Unidos. “Ojalá que en Estados Unidos se entienda que será costoso para sus intereses nacionales seguir apostando al desorden regional o creyendo que con puntos candentes en toda América Latina China desaprovechará la oportunidad para sacar ventajas importantes”, escribió Juan Gabriel Tokatlian en Clarín.

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