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Una desinflación bienvenida (pero que deberá cuidarse)

El dato de inflación de enero sorprendió…y para bien. Fue de 2,3%: 1,4 puntos menos que en diciembre. Otros, algunos malintencionados, se sorprendieron por el número “bajo” y recordaron innecesariamente épocas oscuras. Sin ningún fundamento, por cierto. El REM volvió a fallar, pero para el otro lado: sobreponderó la inflación porque había previsto en 3,5%.

 

El dato, admitió el Indec, tuvo cierta contribución metodológica. Por un lado, en la división vivienda, agua, electricidad y otros combustibles, las variaciones de enero con respecto al mes anterior registran una baja en el rubro de expensas debido a que los precios de diciembre, a diferencia de enero, incluyen la bonificación anual del 20% en el salario de los encargados de edificios estipulada por la Resolución N° 1.934/2015 de la Secretaría de Trabajo. En la región del Gran Buenos Aires, debido a la importancia relativa de las expensas en esta división, la disminución en su precio tiene una incidencia mayor que en el resto de las regiones ya que el peso relativo de este ítem en el total de la división es menor y se compensa, además, con subas de alquileres y tarifas de agua, electricidad y gas. Esta situación se ha registrado en el cálculo todos los diciembre, desde el inicio de la serie IPC nacional. El rubro apenas subió 0,6%.

 

Asimismo, en la división equipamiento y mantenimiento del hogar, las variaciones de enero con respecto al mes anterior registran una baja en el rubro de servicio doméstico debido a que los precios de diciembre, a diferencia de enero, incluyen la asignación extraordinaria y no remunerativa establecida por la Resolución 4/2019 del Ministerio de Producción y Trabajo. Ese bono transitorio también fue incluido en el cálculo de octubre de 2019, por el desdoblamiento de pago previsto en dicha resolución. El rubro tuvo deflación en enero: -1,3%.

 

Por eso, Elypsis tituló su informe: “Salarios de porteros y servicio doméstico pisaron la inflación de enero (+2,3%)”. También fue clave, y bienvenida, la baja de 2% en el rubro “salud”. Era una de los que más había subido en 2019 y, de hecho, la suba interanual es de 63,9%. ¿Efecto Ginés? Los productos medicinales, artefactos y equipos para la salud bajaron 5,1% en enero, informó el Indec.

 

 

Hubo, sin embargo, datos no tan alentadores. Lidera esa ponderación la suba de 4,7% en alimentos y bebidas. Con una pobreza que terminó 2019 entre 35% y 40%, es un dato para seguir de cerca.

 

“Hay que ir seis meses atrás, a julio de 2019 para encontrar un aumento mensual tan bajo (2,1%). Y si se mantuviera esa tasa todo el año, se podría cerrar 2020 con una inflación de 31,4%”, dijo Elypsis. “Para febrero seguimos estimando una inflación de 2,5% y para todo 2020 bajamos nuestra proyección a 40,2%”, agregaron.

 

Hubo, además, alta dispersión regional de precios, algo que reflejaron las oficinas de estadísticas provinciales. Por ejemplo, en el NOE fue de 3,1% y en GBA, 1,9%.

 

¿Cómo sigue?

 

“Remarcamos que la desaceleración inflacionaria reciente descansa fuertemente en congelamientos de tarifas, controles de precios y un tipo de cambio que apenas aumentó 0,2% el mes pasado. Todas estas medidas se enfocan excesivamente en los canales de transmisión de la inflación, pero no atacan su foco: la emisión monetaria. Con todo, seguimos esperando una inflación de 45% en 2020, pero consideramos que los riesgos al escenario están más balanceados. Por el lado positivo, los últimos días mostraron un mayor anclaje de las expectativas de inflación y el BCRA aceleró la tasa de depreciación, adoptando una política cambiaria más consistente con los escenarios de emisión monetaria que proyectamos. Entre lo negativo, el BCRA volvió a bajar el piso a la tasa de interés de Leliq en 4 puntos, profundizando el relajamiento monetario que venimos advirtiendo en los últimos meses”, fue la reflexión desde el Area de Research del Grupo SBS.

 

El presidente del BCRA, Miguel A. Pesce, anticipó, días atrás, que la inflación de febrero “seguro” estará debajo de 3%.

 

“Hay que ir seis meses atrás, a julio de 2019 para encontrar un aumento mensual tan bajo (2,1%). Y si se mantuviera esa tasa todo el año, se podría cerrar 2020 con una inflación de 31,4%”, dijo Elypsis.

 

“De cara a 2020, esperamos que la inflación desacelere contra el año anterior. Si bien el dato de enero dio por debajo de lo esperado, resta conocer cómo será el acuerdo social de precios que prometió el Gobierno, así como el descongelamiento de tarifas, transporte y combustibles. Asimismo, algunos gremios ya han definido paritarias con aumentos porcentuales (y hasta por plazos de seis meses), en contra del pedido de suma fija que fue elevado desde la Casa Rosada. La forma de resolver estas cuestiones determinará el impacto final que tengan en los precios”, señaló. “El tipo de cambio, en tanto la brecha se mantenga en niveles similares al actual, representa un ancla nominal para los precios. Esto deberá ser acompañado con una baja prudente de tasas y una emisión que acompañe a la demanda de dinero para no generar más fuentes de aceleración de la inflación. La nueva reducción de la tasa de referencia por parte del BCRA a 44%, luego de conocer la desaceleración inflacionaria, luce más agresiva de lo esperado”, dijeron desde LCG.

 

“Para el actual trimestre, esperamos una trayectoria descendente de la inflación, debido a la tranquilidad del tipo de cambio oficial, el congelamiento de las tarifas de servicios públicos y transporte y la estabilidad de precios clave como los combustibles. Sin embargo, el descenso no será abrupto debido a la inercia inflacionaria que presenta la economía argentina y posibles aumentos estacionales en rubros relacionados con las vacaciones. A lo cual también se le sumaría, la caída estacional que se da durante el mes de febrero en la demanda de dinero, más aún en el actual contexto de incertidumbre evidenciado en el bajo ratio de M2/ PIB (9%)”, dijeron desde LCG.

 

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Advertencia de Vallejos

“¿Aprovechándose de la mejora de ingresos de los más vulnerables?”, tuiteó Fernanda Vallejos, apuntando a comercios y empresas, porque la inflación de alimentos y bebidas duplicó la variación del nivel general: 2,3% y 4,7%, respectivamente. “Si las empresas no acompañan el esfuerzo del Estado para sostener políticas antiiflacionarias, el Estado deberá ayudarlas a poner ‘las barbas en remojo’”, dijo en Twitter.

 

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