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Van volviendo los spots de campaña

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

Lentamente van apareciendo los spots de los distintos espacios políticos. Si bien todavía no se pueden difundir por televisión, las redes sociales son el vehículo para que miles de personas puedan recibir el mensaje de campaña y, al mismo tiempo, convertirse en jueces para determinar su calidad técnica.
Pese a que se cambien el nombre, el kirchnerismo y el macrismo (aunque habría que ver si se puede hablar de macrismo en lugar de antikirchnerismo, cosa que no parece del todo correcta) son los dos grandes espacios en pugna. El Frente de Todos y Juntos por el Cambio han sido los primeros en mostrar las primeras armas de campaña.
El kirchnerismo ya había hecho circular algunos videos previamente, siendo particularmente populares el de la declinación a la candidatura presidencial de Cristina y un fragmento del primer discurso de Alberto ya ungido en ese lugar. Después, por supuesto, estuvieron aquellos en el que comunicaron la nueva denominación del espacio o la relación entre Alberto y su perro Dylan. La fascinación del kirchnerismo por lo audiovisual probablemente responda a la cinefilia de la ex mandataria.
Esta semana llegaron los primeros spots con actores, tratando de reflejar el costumbrismo pobrista del conurbano que hizo millonario a Adrián Suar en los tardíos ‘90. Acá el mensaje es bien político y definitivamente más lastimero que Gasoleros o Campeones.
Comunicando como si los argentinos sólo estuviésemos físicamente capacitados para digerir carne vacuna, el primer spot se concentra en que perdimos la alegría del asado y el encuentro con la familia o los amigos. Quizás es cierto que a los afortunados que pueden ingerir proteína animal ya les están por salir plumas de tanto pollo, pero de ahí a concentrarse en un señor que tiene el asador lleno de bártulos hay una distancia enorme. Es más, la depresión del protagonista no parece deberse a la falta de carne, sino al revés.
No está tan mal hacerle sentir nostalgia a los que disfrutaban de comer asado regularmente en los tiempos del kirchnerato, pero refregarle a la gente en la cara que sólo le alcanza para almorzar y cenar mate no sería la mejor manera de formar un vínculo empático. La gente vive de promesas de un futuro mejor, no de la depresión por el presente fallido.
Tal vez los estrategas no estén reparando en que si sos un nuevo pobre no querés que metan el dedo en la llaga, necesitás que te den algo en qué creer. Por eso el segundo spot es aún peor.
En el mismo una mujer decide dejar su casa en capital para mudarse al conurbano. En el trayecto muestra las obras de la gestión macrista, en una campaña involuntaria a su rival. Además se ve que la afectada deja con bronca la civilización porteña para adentrarse en la barbarie bonaerense. Gran forma de conectar con el núcleo duro peronista del conurbano, esa de hacerle sentir primitivo y de segunda.
Por momentos parece que los estrategas y publicistas vivieran demasiado alejados de la realidad del votante promedio, como si usaran la plata que les mandan para los focus group para comer asado con los amigos (ahora que no alcanza para la carne).
Los lugares comunes y la falta de épica marcan la línea argumental de las producciones kirchneristas, muy lejos de los sueños de grandeza de la campaña de 2011 (lo mejor que mostraron, con retratos individuales recortados de lo que presentaban como una construcción colectiva que hacía historia).
Tal vez por esa chatura argumental fue que el Jefe de Gabinete Marcos Peña declaró que en esta campaña lo único que el kirchnerismo tiene para ofrecer es miedo. No hay nada de los sueños de prosperidad futura que alguna vez supieron mostrar, sino sólo la miseria del gobierno actual y cómo la gente se resigna a ello.
Tomando nota de ello, lo poco que se ha visto hasta ahora en los videos de Cambiemos (todos sin firma) apunta a esa idea de que antes era peor. Imágenes con el antes y el después de las obras en todo el país, acompañado por ese canto de militancia kirchnerista enfervorizada que es el “vamos a volver”, rematado con una simple pregunta: “¿Vos querés volver?”.
La estrategia del gobierno tiene un mensaje muy simple (aunque el aparato de comunicación sea bastante sofisticado). La idea fuerza es que antes estábamos peor y que esta elección se trata del menos malo. No promete de manera directa un futuro de prosperidad, aunque lo deja a interpretación del espectador que puede ver el contraste en las imágenes.
Por supuesto que todo esto es comunicación, algo que no puede ganar por sí sola una elección. Hace falta mover el territorio y que los militantes convenzan o predispongan a los votantes indecisos. Es quizás ese punto (el de la interacción cara a cara con la gente del espacio que quiere tener las riendas del gobierno) el que hace que una u otra estrategia de campaña al final del recorrido sea la más efectiva.

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