Centro de Informes

Yasky con la pólvora mojada: no quiere gatillo

Por Javier Boher
javiboher@gmail.com

No debe ser fácil ser oficialista en estos tiempos. Aunque muchos de ellos estén acostumbrados a flexibilizar su discurso según el momento (haciendo gala del pragmatismo de los marxistas de Groucho) no deja de incomodar tener que defender lo que antes se criticaba abiertamente.

Aunque los tiempos cambian y el archivo existe para todos, algunos de los que vean esas contradicciones preferirán aceptarlas o tolerarlas, siempre en pos de ese futuro brillante con el que compran tiempo los gobiernos que no aciertan en el presente. Algunos pocos cuestionarán esas incongruencias, aunque en última instancia poco importen sus lamentos.

Las pésimas estructuras de representación de un país que adora el corporativismo fascista de la comunidad organizada hacen que las presiones sobre los que deben tomar decisones o defender intereses se diluyan en las mesas en las que negocian los conductores, alejadas del llano en el que deben sobrevivir los representados.

Tal es el caso de Hugo Yasky, referente de la CTA kirchnerista que el año pasado anunció la reunificación con la CGT. Representante de los trabajadores desde hace años, parece haber adquirido todos los vicios de la oligarquía sindical (agravada su condición por ser la CTA la central del grueso de los trabajadores público).

Es tan marcado su aislamiento de las necesidades de la gente que, pese a que el salario real cayó a más o menos la mitad durante la gestión de Macri, se pronunció en contra de la cláusula gatillo para el año que arranca. Pese a que la inflación del año pasado estuvo por encima de lo que acordaron prácticamente todos los sindicatos, pedir una recomposición acorde a la inflación no le parece pertinente.

En declaraciones a Radio El Destape, Yasky dijo que “la cláusula gatillo genera una dinámica en la que siempre corremos de atrás”. No sé si espera que la inflación se canse y deje de correr, o si piensa que se va a retirar porque se retiren los sindicatos y los salarios que deben negociar.

En la típica sumisión del sindicalismo a los gobiernos que representan a su mismo espectro ideológico, otra vez han decidido que la forma de ordenar los números es con la gente adentro… de un corset salarial. No puede haber nada por fuera de lo que los técnicos consideren adecuado.

El razonamiento detrás de la aceptación acrítica que exhibe Yasky es que se puede bajar la inflación reduciendo el poder adquisitivo de los trabajadores y deprimiendo la demanda, la brillante receta que no le funcionó a Dujovne y que empujó al país a una recesión de dos años. Eso sí, esta vez sin paros, sin piquetes, sin ollas populares, sin piedras, sin planteos ni ultimátums, pero con solidaridad.

Además -y esto es realmente maravilloso- se expresó a favor de que el Estado no pague doble indemnización, algo que sí le corresponde a los privados. Aunque para ser despedido del sector público un trabajador debe incurrir en una falta gravísima -bordeando la insanía, nada vinculado a su inoperancia o ineficiencia- Yasky prefiere defender al empleador antes que al trabajador. No sé qué de ese comportamiento habría de sorprendernos.

Hace rato que los sindicatos han dejado de defender a los trabajadores para transformarse en empresas que los esquilman. Escasos mecanismos de demanda de los trabajadores hacia sus delegados o integrantes de su gremio, aprietes a los que deciden disputar la conducción, negocios a través de mutuales u obras sociales, acomodo de familiares o amigos en el sindicato o el sector público, todas mañas de tipos que se olvidaron lo que es cumplir un horario o hacer números para llegar a fin de mes o mantener a la familia sin sufrir el aumento de precios.

En un país en el que la política y la representación están rotas, las cosas están tan distorsionadas que un sindicalista decide defender el ajuste en lugar de defender a los trabajadores y no le pasa absolutamente nada. No pierde elecciones, no pierde los negocios, no dejan de sentarlo a las mesas de negociación política. Su carrera no tiembla. Sus ingresos tampoco. Los únicos que tiemblan cuando no les alcanza la plata para mantener a su familia son los que le pagan esa tranquilidad a través de la cuota sindical.

La entrada Yasky con la pólvora mojada: no quiere gatillo se publicó primero en Diario Alfil.

Seguinos y Contactanos

Tus comentarios son fudamentales, intentamos permanentemente mejorar tu experiencia en el sitio.