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El gusto por la pesca puede despuntarse partiendo desde Viedma tanto en el río como en el mar, durante todo el año, a través de cortas escapadas hasta algunos bellos puntos ribereños, en los que la naturaleza ofrece la posibilidad de disfrutar del paisaje y, al mismo tiempo, de la actividad que apasiona a muchos habitantes de la zona y turistas que llegan desde otras latitudes.

Una corta recorrida de 25 km de asfalto por la Ruta Nacional Nº 3 y unos 5 km de ripio entre las chacras del Idevi conducen hasta el hermoso balneario de San Javier. El espacio, recientemente habilitado como lugar de esparcimiento para las familias, permite pasar el día al reparo de la arboleda, frente al encanto natural del escenario y con la probabilidad de buen pique de carpas, que siempre brindan un entretenido pasatiempo.

En sentido opuesto, otro pequeño viaje conduce al mar, a unos 80 km del centro de la capital por la Ruta 1, con 60 de asfalto y unos 20 de ripio, generalmente en buenas condiciones. Allí se encuentra la Ensenada o Bahía Rosas, hermoso lugar que los pescadores de la zona han impuesto como el más concurrido en todas las épocas del año.

Desde octubre a enero, con la posibilidad de capturar tiburones y, el resto del año, en busca de las distintas variedades de pejerrey, lenguados y rayas.

Son estos tiempos de manila, como se llama comúnmente a una de las especies de pejerrey más preciadas, para el cual se usa langostino, anchoa o magrú como carnada. Desde la costa, arrojando la línea apenas detrás de la ola, a unos pocos metros de distancia, ya es posible tener éxito.

Algunos tamariscos dispersos a lo largo de la extensa playa, allí donde por unos kilómetros se interrumpen los acantilados, dan reparo para quien quiera hacer un fuego y colocar la parrilla o el disco, a pasos de la orilla.

En tanto, una tercera opción es La Baliza, en la Villa 7 de Marzo. En ese caso, hay que cruzar el puente ferrocarretero hacia el lado de Patagones y allí recorrer el camino costero que se inicia en la Sociedad Rural maragata a lo largo de unos 35 km de tierra.

En los pozones que se forman en el sector norte de la desembocadura del río Negro en el mar quedan vulnerables lenguados y pejerreyes. Los primeros, amantes de la arena y las aguas someras, son presa fácil de los pescadores expertos.

Hasta allí llegan cada fin de semana decenas de familias y grupos de aficionados a la pesca, a despuntar el vicio y probar suerte, aprovechando la amplitud, tanto de la costa del río, que se proyecta aguas arriba en la margen norte, como en la del mar, que se hace interminable y sorprendente, ante la mirada de los visitantes novatos.

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