Compartir

Hoy no me llamó
¿qué pasará? ¿por qué ésta vez no me llamó?
estoy pendiente del teléfono y no
ésto me empieza a preocupar
¡Qué le sucedió!
tal vez no pudo escapar de su prisión
hay un misterio que le apresa el corazón
y no la deja respirar
Suena el teléfono y voy como loco a su encuentro
tengo la boca reseca y estoy sin aliento
¡No! ¡No!, equivocado no es aquí señor
Hay una lágrima sobre el teléfono
sobre mi corazón
hoy no me llamó
y es como una visión
un fantasma en mi habitación
(Letra de "Una lágrima sobre el teléfono", de El Paz Martínez)

Aníbal Fernández evitó leer el primer mensaje de WhatsApp pero con el segundo lo venció la curiosidad.

—Cuando se te pase te recomiendo una ginecóloga—fue la ironía con la que Cristina Kirchner buscó ablandarlo.

El ex polifuncionario sonrío con la ocurrencia pero su enojo era lo suficientemente profundo como para responderle.

Ni siquiera un tercer e inmediato mensaje de la ex presidenta le hizo cambiar la tesitura. A esa altura, esperaba, como mínimo, un llamado, un contacto directo, una voz en el teléfono.

Eso nunca sucedió. Y entonces se decidió a redactar la primera de dos cartas abiertas, reveladora de su inclemencia y decepción. Aníbal blasfemó allí indirectamente contra La Cámpora, contra aquellos ideólogos de su desplazamiento del entorno de Cristina, contra los que lo consideraron una mancha venenosa.

"Puede ser que la lealtad no garpe electoralmente", se quejó en el escrito. Pero no conforme con que lo ignoren a él, el último candidato a gobernador del espacio en la provincia de Buenos Aires, consideró temerario que se ignore "el fuego amigo".

"Hoy hay leales que están presos por leales y traidores que no sólo gozan de las mieles de su entrega, sino que cada tanto son convocados por el 'nuevo espacio' para ver si vuelven al redil, o si negocian, o si dialogan, o si articulan o si… coso", fue probablemente el tramo de la misiva que mejor reflejó su irascibilidad.

Para Aníbal entre los traidores figura Julián Domínguez, su competidor en la interna kirchnerista de 2015. A él acusó de haber dado vuelo a la versión periodística que lo vinculó con el triple crimen de General Rodríguez.

"Es una agresión lisa y llana financiada por una millonada que pusieron mis contrincantes en el Frente para la Victoria", sorprendió en su momento con la sangre hirviendo.

Lejos de aquella máxima de Perón, que los peronistas son como los gatos, porque cuando se pelean se están reproduciendo, aquí la disputa se asemejó más a la de los gladiadores del Imperio romano, que jugaban a todo o nada, que sobrevivían o perecían en la arena.

(NA)

Aníbal explotó definitivamente en octubre del año pasado cuando supo de una cena en la casa de Eduardo Valdés a la que concurrió Cristina ¿Cuál fue el problema? Entre los comensales estaba Domínguez, viejo amigo del ex embajador argentino en la Santa Sede.

Los colaboradores de la ex presidenta trataron de calmarlo con una catarata de WhatsApp. Pero no hubo bálsamo que alcance. Y el histórico "frontman" del kirchnerismo devolvió los mensajes.

—No me cruzo de vereda pero me corro porque ella no quiere que esté con ella —fue apenas un pequeño tramo de la respuesta incendiaria que le hizo llegar a los laderos de Cristina.

Por esos días se discutía la suerte de Julio De Vido en Diputados. Máximo no apareció por la cita donde se definió la postura del Frente para la Victoria ante la sesión que finalmente logró el desafuero del ex ministro de Planificación.

Aníbal dobló la apuesta el 4 de noviembre, en una entrevista a Radio con Vos. "Un periodista me dijo que Máximo fue el que dijo que no había que bajar. Yo no lo creo. Pero si fuera así, no tiene una sola gota de sangre de la del padre", atizó, en una muestra palmaria de cuán agrietada estaba la relación.

Fue entonces que Cristina en persona tomó el celular y le envío tres WhatsApp al hilo para calmarlo, con chistes sobre la regla femenina y la necesidad de una visita relámpago al ginecólogo.

Nada pudo con la hosquedad de quien, desde el Congreso, el Ministerio de Justicia, la Jefatura de Gabinete o la Secretaría General de la Presidencia, no hacía nada sin la venia de la ex mandataria. Al contrario, ofendido porque Cristina no se animó a marcar su número y hablarle directamente, no sólo no le respondió los mensajes sino que se envalentonó para escribir esas dos cartas tan abiertas como rabiosas.

Pasaron cinco meses desde la última comunicación entre ellos, y la tensión es extrema. Al menos así lo hizo saber el propio Aníbal, quien no ahorra conflictos con la justicia: está procesado en el marco de causas vinculadas al Plan Qunita, a Fútbol para Todos y a la gestión integral de residuos urbanos.

Como si fuera poco, esta semana la Oficina Anticorrupción le sumó otro dolor de cabeza, al pedir que sea citado a indagatoria por un subsidio millonario que le habría concedido como jefe de Gabinete a la Confederación de Hockey que presidía.

"Si Cristina no me quiere hablar no importa. Lo que sí necesito es que un día me reivindique, porque cuando estos tipos me hicieron lo que me hicieron, en canal 13, con Lanata, Carrió y la productora de Jorge Lanata, en aquél programa del 2 de agosto del 2015, yo me la aguanté solito. Puse el lomo y me aguanté todos los lonjazos solo. No arrastré a nadie. Porque no tenía con qué. Tenía que explicar mi palabra contra la palabra de los otros. Pasaron dos años y seis meses, y está por iniciarse el juicio oral y público, y yo no existo. Bueno, loco, pongan la cara entonces. Que alguien diga lo que pasó", se engranó.

—¿Pero Cristina Kirchner es de dar una palmadita?—le preguntó Infobae.

Yo no sé si Cristina es de dar una palmadita pero yo lo reclamo. No me interesa si lo hace o no lo hace. Pero yo lo reclamo. Yo hice todo lo que pude y la he defendido…y no quiero exagerar y decir 'dí mi vida por Cristina' pero no le erré por mucho, eh. Un gestito, loco, un gestito, un gestito. Un gestito.

¿Llegará el "gestito"? ¿Habrá una manifestación pública de la ex presidenta? ¿Habrá al menos un llamado?

Como aquella exitosa telenovela de los 90 de Alberto Migré, lo que Aníbal parece demandar es, como mínimo, "una voz en el teléfono".

Leer mas

Comentarios

comentarios