Compartir

La ciudad de San Martín de los Andes es toda belleza, aun si sólo recorremos los miradores para apreciar el paisaje que la rodea. Pero si a eso le sumamos actividades que nos permitan ser parte de la naturaleza, la visita se vuelve inolvidable.

Dos excursiones ofrecen disfrutar la ciudad y sus alrededores de una manera diferente, tanto para residentes como para turistas. El vuelo en parapente permite apreciar el Lolog, el Lácar, el Lanín y el valle de la Vega desde los 500 metros de altura, planeando como un pájaro. En tanto que los paseos guiados en bicicleta nos llevan por la ciudad, el Parque Nacional Lanín, las comunidades originarias, incluso recorridos más largos y a medida.

Divertirse y conocer

¿Qué podemos descubrir en un paseo en bici? Paisajes, historia, cultura, flora y fauna… todo eso y mucho más. “La consigna es recreativa cien por cien, para gente a la que le encanta conocer nuevos lugares, aunque tenga cero experiencia en la bicicleta”, explicala guía de mountain bike Moira Taylor.

Las excursiones guiadas incluyen recorridos por la ciudad, el Parque Nacional Lanín, la zona de comunidades originarias y se organizan de acuerdo a las necesidades del grupo, nivel de resistencia y estado físico. Pueden ser de dos horas, media jornada o día completo, incluyendo refrigerios.

Y no son sólo para turistas. “Para muchos es conocer dónde viven, porque una pasa cientos de veces pero nunca entró en ese bosquecito o no descubrió esa vista desde tal lugar”, agrega la guía.

Además de los recorridos a medida, también se ofrecen salidas semanales grupales para mujeres, en tres niveles según la experiencia ciclística de cada una. Incluso se organizan salidas de varias jornadas de pedaleo para los entusiastas del deporte y la vida sana, como una manera diferente de disfrutar, de relacionarse y de conocer historias, gente y lugares.

A vuelo de pájaro

Si ya recorriste San Martín en dos ruedas, es hora de verlo desde la altura, en parapente.

“La gente generalmente lo asocia al paracaídas, que es algo adrenalínico, y en realidad el parapente no es así. Una vez que la vela está inflada, se hace un planeo, se vuela. No vas cayendo, sos un pájaro”, aclara el piloto Fernando Méndez. Y explica que no es necesaria experiencia previa, sólo poder correr 15 o 20 metros para despegar en caso de que haya poco viento. Tampoco hay límite de edad aunque sí de peso, ya que a mayor peso se necesitan condiciones más precisas de viento para el despegue. De todas maneras hasta 110 kg, mientras pueda correr, no hay impedimento.

El vuelo de bautismo dura de 15 minutos a media hora, de acuerdo a la condición meteorológica, y es tan tranquilo que se pueden sacar fotos o filmar. “La gente lo que más disfruta es la paz del vuelo. No puede creer volar y disfrutar tan libre, como un pájaro”.

Para los locales o aquellos que puedan pasar más tiempo en la ciudad, se imparte un curso de iniciación que dura unos quince días “volables” –lo que depende del clima– y termina con cinco a ocho vuelos de altura del alumno guiado por radio.

“Es muy fácil, muy lindo y casi todo el mundo puede volar”, concluye Fernando.

Leer mas

Comentarios

comentarios