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Lorenzo Muñoz apuñaló a Carina Apablaza, su expareja, y a la hija de esta, Valentina, en un recodo de la avenida Pedernera en Las Ovejas. Fue el jueves 22 a las 13.15. Desde entonces nunca más se lo volvió a ver.

Una testigo clave grabó un video del ataque. Pensaba que Muñoz estaba golpeando con sus puños a las víctimas, y cuando advirtió que tenía un cuchillo en la mano se horrorizó y escapó.

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En ese video se lo puede ver a Muñoz tal como vestía al momento del doble femicidio. Con una remera manga corta de color oscuro, un pantalón también oscuro y calzado común.

Después de cometer los femicidios, se escapó al trote, sin apuro, hacia un bosque.

La ropa que vestía Muñoz es inapropiada para permanecer tanto tiempo prófugo y bajo condiciones de tiempo rigurosas: a la noche hace mucho frío, y varios días llovió en el área donde se piensa que está escondido.

Para los investigadores es casi una certeza que recibió apoyo. Por lo menos, alguien le dio ropa de abrigo, agua y alimentos. Quizá también un caballo.

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Muñoz podría estar oculto en algún puesto de crianceros, o en una caverna, o en un refugio temporario que arman los trashumantes que llevan sus arreos de los campos de invernada a veranada.

Nadie admite haberlo visto. La reticencia de los pobladores a colaborar es la mayor queja que por estas horas comentan los pesquisas. Ni siquiera la recompensa de 1.350.000 pesos resulta un aliciente para quebrar el silencio.

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Mientras tanto, Muñoz sigue eludiendo el cerco policial.

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