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La canción que el cantautor cubano Pablo Milanés dedicó a su mujer, Yolanda, comenzaba diciendo: “esto no puede ser no más que una canción; quisiera fuera una declaración de amor”.

Y yo quiero contar aquí mi relación con Aura, que es una historia de amor como la de tantas parejas, que se conocieron un día por casualidad, empezaron a salir y tratarse y, poco a poco, con el paso de los meses se fueron enamorando.

Hasta llegar al día de hoy, en que, tras el deslumbramiento y las dudas iniciales y casi un año y medio de relación, creo que la conozco algo mejor y estoy seguro de que ella, que es muy inteligente, lo sabe casi todo acerca de mí.

Septiembre de 2016: Dudas iniciales

Recuerdo que la primera vez que oí hablar de ella fue en septiembre de 2016 en Santander, en el tradicional encuentro del sector de las telecomunicaciones, que entonces no sabíamos que sería el último.

Se contaban maravillas de Aura, pero la verdad es que no me quedó claro a qué se dedicaba exactamente. Me suscitaba muchas dudas, aunque reconozco que ese halo de misterio la hacía, al mismo tiempo, muy interesante.

Oí que se encargaba de organizar todos los datos de los clientes, en Telefónica, para facilitar su gestión interna y ‘devolvérselos a sus dueños’; lo cual me generó dudas sobre la propiedad y los posibles usos de dichos datos.

Febrero de 2017: Amo al Aura

La ‘presentación oficial’ de Aura fue unos meses más tarde, en febrero de 2017, en el Congreso Mundial de Móviles (MWC) de Barcelona. Y se empezó a disipar aquel halo de misterio y pude resolver algunas de las dudas que tenía.

Lo que más me gustó de ella entonces fue el “Espacio Personal” íntimo y privado que creaba y la nueva forma transparente de relacionarse conmigo. Aunque me provocaba dudas -y algunos celos- sobre lo que pudiera decir de mí a otros.

Pero la verdad es que noté que me empezaba a enamorar de ella. Aunque preferí esperar un poco, porque todavía no la veía suficientemente preparada y quería saber de lo que era capaz antes de darle mi consentimiento.

Febrero de 2018: Aura se lanza

El caso es que, un año después, nos volvemos a encontrar en el mismo lugar, en el Congreso Mundial de Móviles de Barcelona, y veo a una Aura muy lanzada, con las ideas más claras y ganas de ‘comerse’ el mundo.

Me dice que en estos meses ha estado viajando mucho (Argentina, Brasil, Chile, Alemania y Reino Unido) y que ya está preparada para prestar algunos servicios directos a los clientes de Telefónica, aunque en un futuro éstos irán aumentando.

Y lo hará no sólo a través de una aplicación (asistente de voz) en los móviles, sino también a través de un nuevo dispositivo para el hogar (Movistar Home) y de otros ‘amigos’ (Facebook Messenger, Google Assistant y Microsoft Cortana).

La comunicación hacia fuera

Por lo que he podido ver este año, Aura ha mejorado mucho en su comunicación. Intenta llegar y explicar lo que hace a todo tipo de personas, desde los ‘nativos digitales’ hasta las desconfiadas abuelitas e, incluso, se codea con Rafa Nadal.

Poco a poco se va deshaciendo la confusión inicial en la que no quedaba claro qué es y qué no es Aura: en rigor, no es la plataforma de datos, ni el interfaz de comunicación, sino la Inteligencia Artificial que gestiona aquélla y utiliza éste.

Aunque, como la gente necesita poner nombre a cosas concretas que puede ver u oír, para ellos Aura será la vocecita que oyen (como Siri, Cortana o Alexa), tanto en el móvil como en el dispositivo del hogar, al que también llamarán Aura.

La comunicación hacia dentro

Pero, para mí, el verdadero valor de Aura no está en la comunicación hacia fuera, con los clientes de Telefónica, aunque ésta sea muy importante y la capacidad de utilizar lenguaje natural vaya a mejorar, sin duda, la experiencia del usuario.

El verdadero valor de Aura está en la comunicación hacia dentro, tanto interna de Telefónica, como entre las distintas operadoras de telecomunicaciones, que es lo que le permitirá prestar mejores servicios a sus clientes (y ahorrar costes).

Telefónica ha conseguido que todas sus plataformas de datos hablen el mismo lenguaje y pretende llegar a acuerdos con otras operadoras para hacer lo mismo, sobre todo, para poder cumplir la nueva obligación de ‘portabilidad’ de los datos.

Mi futuro con Aura

Al margen de las aplicaciones concretas que se vayan creando sobre Aura, tanto internas como orientadas a los usuarios (que serán las que determinen su éxito), el futuro de Aura -y de Telefónica- está en los protocolos de gestión de datos.

Al igual que internet surgió gracias a un protocolo de telecomunicaciones (http), el futuro de internet pasa por llegar a acuerdos internacionales en los protocolos de gestión de datos (y contenidos). Y Telefónica y Aura tienen mucho que decir.

Por eso, creo que, cuando Aura pida mi consentimiento, antes del 25 de mayo, en que se aplicará el nuevo Reglamento europeo de Protección de Datos, le diré que sí, porque veo un ilusionante camino por delante y quiero recorrerlo juntos.

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