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Las preguntas que hay que hacerse para saber si uno es un conocedor o un aficionado del vino (Getty)

Por Fabricio Portelli

El mejor vino es el que a cada uno más le gusta, como decía Miguel Brascó. Pero habiendo tantos por conocer constantemente, una brújula tiene mucho sentido, sobre todo si de sentirse un experto se trata.

Claro que está el camino más largo: hacer cursos que van desde la introducción al mundo del vino hasta la carrera de sommeliers que dictan las diferentes escuelas. Pero la mayoría de los entusiastas no tiene el tiempo suficiente o simplemente no quiere invertirlo en saber de vinos porque solo le interesa disfrutarlo en la mesa.

Pero el universo de etiquetas es tan amplio en la Argentina, por ser un gran país productor, cualquiera puede "morir en el intento" de elegir. Por eso, últimamente muchos terminan optando por otra bebida más simple y directa, sin tantas vueltas. No por casualidad la cerveza ha duplicado su consumo en las últimas décadas, al tiempo que el del vino ha caído a la mitad.

“La clave de todo “experto en vinos” está en su actitud y no tanto en su memoria”

Pero es justamente la diversidad infinita del vino su principal atractivo, y por eso sigue siendo la bebida ideal para disfrutar más alrededor de la mesa, ya sea en familia, en pareja o con amigos.

El problema de muchos surge a la hora de elegir, y la clave de todo "experto en vinos" está en su actitud y no tanto en su memoria. La información es algo que se puede adquirir; las diferentes variedades, las características de los diferentes terruños, los nombres de los principales enólogos o los vinos de moda se pueden conocer en los medios especializados.

Pero esa no es la clave, sino la confianza de cada consumidor al momento de pedir o degustar un vino; en casa, en el restaurante o en una vinoteca.

Las 5 preguntas para saber si uno es un entendido en vinos:

Nunca hay que tomar la copa del vino por el cáliz, siempre por el tallo (Getty)

¿Tenés confianza en vos mismo?

Porque en primer lugar está la personalidad del degustador; acá la confianza lo es todo por el efecto de influencia que puede ejercer a los demás. Aunque es cierto que para eso hay que saber dónde poner el ojo, e informarse poco pero bien.

Por ejemplo, en una parrilla (si son más de cuatro comensales) el vino fuerte suele ser un buen tinto. Aferrarse al Malbec que nunca falla, y jugarse por el precio de la carta que suele ser un buen indicador. Para disimular, se puede buscar la complicidad del camarero o sommelier preguntando qué le parece tal o cual etiqueta. También a los demás comensales se los puede hacer participar. Pero la decisión final, la elección del vino tiene que ser certera y con voz firme. Para dar el golpe de gracia hay que saber que todo gran asado comienza con algo fresco, preguntar al camarero por un buen blanco o rosado, y largar.

¿Tenés la predisposición para dejarte llevar por el vino y sus sensaciones?

A nadie que no quiera el vino le va a llegar. Pero si uno se para frente a una copa de vino sabiendo que es una bebida milenaria, la más diversa, y que está llena de sensaciones, seguramente se conectará con el vino en cuestión, y así comunicarlo le será más fácil.

¿Sabés degustar un vino?

Es fundamental saber degustar, o, mejor dicho, entender la diferencia tan básica como contundente que existe entre beber y degustar. En uno simplemente se toma, mientras que en el otro se lo hace prestando atención. Hay que recordar que el vino se disfruta con todos los sentidos y es por eso que la vista, el olfato y el gusto participan, y deben funcionar coordinadamente para sacar una conclusión.

Hay que dejar llevarse por el vino y sus sensaciones (Getty)

¿Sabés agarra la copa?

Esto es fundamental, sobre todo porque es algo que se hace a la vista de todo el mundo. Siempre del tallo y nunca del cáliz (la parte de arriba), pero de manera firme. Y si se puede, hacerla girar suavemente para que los aromas se desprendan más fácilmente.

¿Sabés describir un vino, y compartirlo?

Acá reside el gran secreto de todo conocedor, y no se trata de recitar descriptores copa en mano, sino todo lo contrario. El lenguaje del vino es universal y debe ser simple y entendible por todos aquellos que lo quieran escuchar. El color no es lo importante, pero sí los aromas. Ahí es la intensidad y el equilibrio lo que más importa. Lo demás es un juego de memoria y sobre todo de sinceridad. Porque solo se perciben en las copas aquellos aromas que están grabados en el cerebro.

En la boca pasa algo parecido, pero entran a jugar las texturas. La frescura del vino y su profundidad son fáciles de percibir y también de describir. La conclusión debe ser esclarecedora de la opinión personal. Un gran vino es aquel del cual se perciben muchas cosas y en equilibrio, que brinda mucho placer aunque sea difícil describir las sensaciones que genera. Hay que alejarse de los lugares comunes como "rico vino" o "buen vino", salirse de la zona de confort y jugársela con una frase más descriptiva aunque siempre utilizando palabras propias: "Éste es un gran vino porque su paso por boca es suave y su profundidad muy agradable", por ejemplo.

Lograr describir al vino sin caer en los clichés es parte de la cuestión (Getty)

Y en la era de las redes, el cómo compartirlo puede ser todo. Más allá de la red social elegida, todo buen experto siempre brinda información sin ostentación. Se puede mostrar etiqueta (siempre con copa servida al lado para que acredite su consumo) y situación (plato servido, ambiente, etc.). Y sin repetir lo que se ve en la imagen, dejar asentada la opinión personal.

Bonus track: cómo ser un experto con un smartphone

Hoy las apps de vinos son las mejores aliadas de los consumidores, ya que dos o tres clicks en el celular pueden hacer lucir a cualquiera en la mesa antes, durante o después de haber solicitado el vino.

Se sabe que las guías sirven para orientar al consumidor y asistirlo para elegir mejor qué etiqueta comprar. Pero no sólo hay que ser y parecer, también hay que estar en el lugar indicado y en el momento justo; solo así el usuario podrá sacar provecho de la información y sentir la confianza de un conocedor a la hora de pagar. Porque esa es la función de las guías, brindar confianza en el momento de la comprar.

En Argentina, las pioneras fueron Vinómanos y Vino App. La primera es una web con mucha información y vinos recomendados a cargo de los periodistas especializados Joaquín Hidalgo y Alejandro Iglesias, mientras que la segunda fue creada por Joaquín Alberdi (propietario de una vinoteca en Palermo) y en idioma inglés para el mercado de consumidores americanos que aman los vinos argentinos. También se destaca Portelli App (App Store y Google Play), la primer Video Guía Express de Vinos Argentinos.

Fabricio Portelli es sommelier argentino y experto en vinos

Twitter: @FabriPortelli

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