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De pequeña, Florencia Werchowsky (Neuquén, 1978) dejó Allen y se instaló, junto a su madre, en un departamento del centro de Buenos Aires para formarse como bailarina clásica en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Lo hizo hasta los 17 años, cuando resolvió abandonar la danza. Se dedicó al periodismo y la escritura. Tiene publicados dos libros, “El telo de papá” (2013, Mondadori) y “La bailarinas no hablan” (2017, Reservoir Books). Este último, una novela pseudo biográfica que cuenta la historia de una bailarina del Colón, devolvió a Werchowsky a la institución que vio crecer, ahora como autora y directora de una adaptación escénica que lleva el mismo nombre, “Las bailarinas no hablan”, desarrollada en el Centro de Experimentación del Teatro Colón. A pocos días del estreno, la entrevistamos telefónicamente.

P- ¿Cuándo aparece la idea de llevar a escena la novela?

R- Cuando salió la novela, en febrero del año pasado, la presenté en el Centro de Experimentación de Teatro Colón, que funciona en el subsuelo. Tiene mucho prestigio desde otro recorrido y para otro tipo de público. A partir de ahí, surgió la idea de hacer algo. Yo hacía tiempo que quería hacer algo escénico pero no sabía bien qué. Primero surgió la idea de los lenguajes y cómo convertirlo en el lenguaje de una obra. Luego, surgió la posibilidad de que esta idea estuviese asociada a la novela. Así arrancamos.

P- ¿ De qué se trata la versión escénica de “Las bailarinas no hablan”?

R- No es una adaptación narrativa de la novela, no están los personajes de la novela. Es una adaptación basada en el lenguaje del ballet. Esto se complementa con una serie de sonidos, formas de cantar, de corregir que su utilizan durante el proceso de formación del bailarín durante la creación de una obra, antes de llegar a escena y que cuando se abre el telón desaparecen.

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P- ¿Cuenta el proceso de aprendizaje, el detrás de escena cotidiano que el público no ve?

R- Sí, pero no es que yo muestro cómo es una clase de danza. Se trata del uso de los lenguajes que luego son llevados a escena. No situaciones del mundo de la danza. Como los únicos hablantes son los bailarines, ellos son también los cantantes. Ellos bailan y cantan. Los bailarines principalmente cantan en esta obra.

P- Podemos decir que hay un abordaje conceptual de la novela.

R- Sí, es una buena forma de verlo. Eso puede ser.

P- ¿De qué manera lográs que los bailarines “hablen”?

R- Los bailarines lo que no tienen es posibilidad de expresarse porque el ballet clásico, el ballet de repertorio, no se lo permite, pero los bailarines la capacidad la tienen, el deseo lo tienen. Y lo que ocurrió en esta obra es que ese deseo pudo ser realizado. Lo primero que tuvimos que hacer es desaprender, que ellos pudieran deshacerse de las estructuras del ballet. Y a partir de ahí desarrollamos un camino de exploración para todos, a través del entrenamiento actoral y vocal para generar una composición musical, que es la columna de la obra.

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P- La novela tiene una mirada crítica del mundo de la danza. ¿Cómo lo tomó el ambiente del Colón?

R- No es un secreto ese proceso de formación tan riguroso. El teatro mismo asume que el proceso formación de la danza es una disciplina muy rigurosa. Lo que ocurrió acá es que yo lo escribí. Las que conocemos son las historias de los bailarines que logran destacarse, sobresalir. La historia d de la bailarina de la novela es la de una bailarina talentosa que forma parte de la compañía del Colón, pero no lo suficiente como para ser “esa” bailarina que todos conocemos. Tomé a la última bailarina y la puse al frente y es ella la que narra. Y a la institución le interesa eso porque humaniza la disciplina. Pensar que todas las bailarinas clásicas son Paloma Herrera es una falacia porque ella es una sola. En el caso de las chicas del ballet estable del teatro Colón son empleadas públicas que se enfrentan a muchas adversidades propias de trabajadoras. Y mientras no se les dé ese status no se las va a reconocer como tales. Por esto es que creo que el Colón fue inclusivo con la novela primera y con la posibilidad de hacer la obra, después. Hay un proceso de humanización, legitimación y también de celebración de todas esas bailarinas, que por no ser la primera bailarina, la que recibe los flashes, puedan ser valoradas.

P- ¿Por qué te alejaste de la danza en su momento?

R- Yo era muy inquieta y tenía ganas de hacer otras cosas y el ballet clásico es medio un celibato, no hay mucho margen para otras cosas. Yo dejé a los 17 años y terminando el sexto año del Colón. Imaginate el drama familiar (risas).

P- Es tu primera experiencia como autora y directora, ¿te interesa este camino?

R- Me encantaría, pero se me tendrían que ocurrir ideas. En este caso la idea ya estaba, ahora tendría que aparecer algo nuevo. Me encantaría porque lo estoy disfrutando mucho.

P- ¿Redescubriste la danza en tu nuevo rol de directora?

R- Estar al frente me puso en un lugar que nunca había ocupado ye so me obligó a redimensionar la complejidad de la cosa. Cuando yo bailaba me parecía que todo estaba dado. Si algo fallaba en este mecanismo, que es tan frágil y complejo, era asunto de otra persona. Pero es tan preciso el trabajo que hay que hacer de parte de cada miembro del equipo que construye el hecho escénico, que yo no tenía ni la más remota idea. A veces, me sorprendo de darme cuenta que una escena no funciona por un simple movimiento de una mano. Es una tontería en apariencia, pero resulta ser el fracaso o el éxito de una escena.

P- ¿Encontraste muchas manos que no funcionaran (risas)

¿Sentiste en algún momento que podía no funcionar?

R- No y te digo por qué: tuve mucha mucha buena suerte. Tengo los mejores bailarines que pudo tener y que van de los once a años a los 62. Trabajar con esa gente ya te pone en una situación de privilegio. Son artistas muy formados y muy complejos. También la gente que trabajó en el entrenamiento vocal y actoral. Fue como empezar a jugar con una ventaja enorme por contar con estas condiciones de creación. Además, cuento con toda le estructura técnica del Colón. En ningún momento sentí que no iba a funcionar porque la base era muy sólida.

El primer capítulo de “Las bailarinas no hablan”

P- ¿Cómo te viste en el rol de directora?

R- Al principio, con mucha timidez. Me daba miedo de decirles lo que pensaba. Después me di cuenta de que ellos estaban necesitando que yo asuma ese rol. Y fui adquiriendo confianza.

P- Cuando dejaste la danza te dedicaste al periodismo y a la escritura. ¿Escribir era parte del plan?

R- La escritura ya estaba. Un poco me la pasaba escribiendo, de chica en casa. Luego en la escuela. Vendía textos en la escuela a cambio de centavos o golosinas. Funcionaba bien (risas).

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